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martes, 18 de agosto de 2026

EL BRILLO QUE CIEGA: LA FOTOGRAFÍA QUE LE PONE APELLIDO AL "ORO" DE LA IMPUNIDAD

Dice el refrán popular que “plata llama plata”. Más que una casualidad, la ubicación de esta obra pública se erige como una ironía visual y conceptual que nos grita, desde el corazón de Bogotá, dónde reside exactamente el poder. 

Un El Dorado de concreto y cristal


La pieza formó parte del Circuito de Arte Público Tequendama de la Bienal de Arte y Ciudad (BOG25), realizada entre septiembre y noviembre pasados. "Oro", obra del artista bogotano Alex Sastoque —quien también fungió como co-curador del evento junto con Eduardo Serrano—, se instaló estratégicamente en el corredor peatonal sobre el eje de la Carrera 13 con Calle 26, justo en la plazoleta frontal del Centro Internacional de Bogotá.

Es una pieza de gran formato (aprox. 2.40 m de altura x 1.20 m de base), un ensamble metálico de fundición en bronce con aleación de hierro, bañado en una pátina dorada y brillante. Desde lo puramente estético, esta forja resalta con fuerza sobre el fondo gris de concreto y cristal que caracteriza la arquitectura moderna del sector. Sin embargo, es su carga simbólica la que resulta aplastante. 

La obra es una referencia directa al mito de El Dorado y al valor sagrado que las naciones originarias le conferían al metal. Este concepto choca frontalmente con la noción contemporánea de riqueza y acumulación financiera al quedar anclada en el corazón bancario y corporativo de la capital. Frente a "Oro" se alzan las torres de las entidades financieras más cuestionadas del país, lideradas por el Grupo Aval, al que pertenece Corficolombiana.

El bronce que refleja los escándalos


Esa pátina dorada e intocable que refleja el cielo de la ciudad contrasta dramáticamente con la oscuridad de los escándalos que estas entidades representan hoy. La escultura parece señalar directamente los tribunales de Estados Unidos donde el Grupo Aval fue investigado y condenado bajo la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA) por el caso Odebrecht, pagando más de 80 millones de dólares en multas, mientras que en Colombia, donde se cometió el delito, la impunidad de sus directivos ha sido total.

El bronce de Sastoque también es un espejo que refleja otras tragedias: el presunto homicidio del auditor Jorge Enrique Pizano y su hijo, caso ligado al entramado de corrupción de Odebrecht; además, la muerte de nueve obreros en el colapso del puente de Chirajara, hechos que aún siguen en la impunidad.

Como si fuera poco, la obra guarda silencio frente a la arrogancia del dueño del Grupo AVAL, Luis Carlos Sarmiento Ángulo, quien recientemente utilizó sus propios medios de comunicación para sentenciar que sus empresas jamás pagarán el impuesto al patrimonio. Una postura que cobra una dimensión aún más cínica si recordamos que, durante la pandemia, estos mismos bancos se lucraron con las líneas de crédito del FMI destinadas a salvar microempresas. Mientras los senadores investigaban cómo estos recursos sirvieron para cubrir acreencias bancarias previas, miles de pequeños comerciantes de Acopi quebraban al ser negados los créditos, y el Estado perdía millones en subsidios focalizados hacia grandes corporaciones.

Oro nítido, mirada borrosa


Ante esta realidad, "Oro" deja de ser solo una escultura para convertirse en un gesto de arte político. Al estar ubicada frente a los grandes capitales, la redundancia es perfecta: el oro sagrado e indígena que los colonizadores extinguieron hoy se ha transformado en el oro financiero, corrupto e intocable de los nuevos dueños del país. Una pieza que vale su peso en crítica, pero que pasa desapercibida para los colombianos.

Esta fotografía busca revelar ese oro con nombre y apellido —que se ve nítido en el fondo de la imagen—, mientras obnubila nuestra conciencia en el primer plano. Así funciona la impunidad: un brillo tan cercano que vibra en los ojos y torna borrosa la mirada de una sociedad donde, al final, todo se compra y se vende.


In Memoria de Álvaro Longaray Rodríguez,
Amigo y Compañero barranqueño
con quien caminaba Bogotá

Fotografía: ©Artistas Zona, Bogotá, 2025.

martes, 11 de agosto de 2026

LEPIDÓPTERAS DE LATA: LA GRAN MIGRACIÓN QUE NO PUDO POLINIZAR EL PUERTO

LUTO NACIONAL

Elogio de las mariposas oxidadas del Coliseo Castellanos


PRÓLOGO: La Gran Migración del Norte


Cuentan los mayores que no vinieron volando, sino ensambladas. Llegaron en una migración tardía del norte, empujadas por vientos que ya no reconocían los cielos, como las Monarcas en busca de refugio. Pero estas viajeras no encontraron bosques de oyamel; encontraron el asfalto, el concreto y el olor a fritanga del puerto petrolero. Atraídas por la tierra cálida y la luz vertical que promete desplegar sobre el metal todo el esplendor de sus colores y decidieron establecerse en el Coliseo Luis F. Castellanos.

Eran el adorno perfecto para el paisaje de la posnaturaleza: en una ciudad donde el petróleo ya se tragó el río, la solución del urbanista fue clavar mariposas de hojalata en el concreto. Llegaron como tótems contemporáneos, monumentos a una biodiversidad sustituida, prometiendo embellecer lo que el cemento y la refinería le arrebataron a la ciudad. 

Pero hubo un problema: no alcanzaron a polinizar. Ni las mentas, ni las mentes, ni las sensibilidades de los ciudadanos que se tropezaban con ellas. 


ACTO I: El Canario en la Mina Ecológica 


Hoy, estas mariposas descansan en un estado de ruina que debería avergonzarnos. Observemos su decadencia. Al mirarlas de cerca, el ojo descubre que el brillo inicial se ha convertido en una nueva pigmentación: la del olvido. La pintura original cede paso al desgaste, revelando la fragilidad de nuestro intento por reemplazar lo vivo con lo construido. 

En la era del cambio climático, estas mariposas se han transformado en el Canario en la Mina Ecológica. Nos demuestran lo frágiles que somos como sociedad y la terquedad con la que nos resistimos a entenderlo. Ante la imposibilidad de sostener la vida real, insistimos en crear nuestro propio universo de objetos sustitutos, convirtiendo el entorno en un desierto donde solo proliferan los paisajes construidos. Cuando un artista mira una mariposa, no habla de entomología; habla del tiempo que se nos escapa entre las manos y de la tensión eterna entre la belleza fabricada y su inevitable pudrición. 

Ningún otro ser vivo —real o de metal— ha soportado tanto peso simbólico sobre unas alas tan frágiles.

ACTO II: El Aleteo Frustrado (Teoría del Caos Criolla) 


En 1972, Edward Lorenz formuló la Teoría del Caos preguntándose si el aleteo de una mariposa en Brasil podía desencadenar un tornado en Texas. Las lepidópteras del Coliseo, sin embargo, jamás alcanzaron a generar su propio Efecto Mariposa. Ningún aleteo de estas estructuras rígidas logró sacudir la sensibilidad de los ciudadanos, y mucho menos la de la clase política. 

Atrapadas en la tradición colombiana del alcalde de turno —esa costumbre nefasta de dejar morir las obras del antecesor para que brillen las propias—, las mariposas cayeron en la trampa del abandono programado. Liberaron sus feromonas de óxido y pigmento rancio, pero no alcanzaron a seducir las miradas de quienes se cruzaban diariamente con ellas. 

A un costado de estas mariposas oxidadas, el alcalde de Barrancabermeja Jonathan Stivel Vásquez Gómez acaba de inaugurar el flamante Parque Distrito Urbano. Un skatepark que atrae miradas y votos. Las mariposas, en cambio, se convirtieron en mobiliario fantasma. 

En Barrancabermeja no hubo tornado de conciencia. El Canario en la Mina Ecológica nos había demostrado lo frágiles que somos; las mariposas del coliseo confirman que nos resistimos a escuchar. 



EPÍLOGO: El Arte de Desaparecer 

Cuando el pintor —un Redon o una Kusama— mira a una mariposa, ve explosión: una explosión de color, de patrón, de infinito visual. El escritor, sin embargo, mira a la mariposa y ve desaparición. La literatura siempre se ha apoderado de la mariposa por dos razones: su capacidad de metamorfosis y la brevedad de su vida. 

 Hoy, estas mariposas del Coliseo ya no son un mero objeto decorativo ni una instalación funcional; se han convertido en el cuerpo mismo de la ruina. El arte ha dejado de representarlas para empezar a usar su propia decadencia como material. Son el testimonio silencioso de nuestra deriva: la confirmación de que, al extinguir el mundo natural, solo nos quedará habitar la nostalgia de nuestros propios paisajes artificiales. 

¿Cómo atrapas el aire? Ya no puedes. La prosa contemporánea usa a la mariposa como metáfora política, y qué mejor metáfora que estas alas oxidadas en el puerto: el vuelo truncado, la belleza que se pudre por decreto, y el paisaje artificial que, poco a poco, va reemplazando el alma de la ciudad. 

Esperando que el tiempo —o la desidia— termine de devorarlas. 

Nota: Este ensayo visual continúa la línea de reflexión sobre la memoria urbana y el entorno artificial en Barrancabermeja iniciada en «En Barrancabermeja: paisajes construidos»

Fotografía: ©ArtistasZona, Barrancabermeja, 2026.
¿Hay una "mariposa de lata" en tu barrio?

Esa obra pública que nadie mira, que el alcalde olvidó, que el tiempo oxida...

Muéstranos en los comentarios. La periferia se construye con esas miradas.