jueves, 27 de noviembre de 2008

41 SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS, PRIMERAS IMPRESIONES EN CALI









A pesar de todo, Cali

En medio de la confusión de una ciudad agitada y en plena transformación llegamos a la capital del Valle del Cauca un grupo de artistas de la zona oriente.

Pero de Cali nos acordamos de la mano de Andrés Caicedo, de Clarisolcita, “La Bella, bellita”, quien en sus andanzas por los rincones de su ciudad nos iba descubriendo y desnudando todos los caminos, secretos y recovecos, de los diferentes mundos y submundos de quienes transitaron su irreverente magia urbana.

Cali es la cómplice perfecta, sinuosa, esbelta y estrecha como sus calles del centro histórico o los cuerpos de sus mujeres; una urbe de piel tallada en medio de sus luchas cotidianas y sus intensos tropeles por la vida; de rincones que vieron cómo era devorada por las grandes moles de hormigón, frente a esas hermosas casas de comienzo de siglo XX, las que hoy se siguen cayendo por la tristeza del olvido y los azares del tiempo. Así creció inusitadamente nuestra cómplice, con la irrupción de los dineros del narcotráfico que terminó envenenando a su sociedad.

Sin embargo, “ella, ellita”, la Cali denodadamente sensual y absolutamente embriagadora, también se resistió en su momento; así como lo hicieron los corteros de caña frente a la esclavitud feudal a la que los condenan hoy los terratenientes conservadores de Asocaña.

Cali, mi atrevida, trasnochadora que por algunos momentos nos dejó dormir, pero eso sí, repleta de insomnios y maravillados con sus historias cotidianas que nos contaba en sus carteles y sus caminantes nocturnos, que se hacen en medio de la tentadora oscuridad. Pero al despertar, su asombroso ruido mañanero se confunde con sus sagaces ladrones que se mimetizan camaleónicamente en medio de la multitud y en las oficinas públicas, llenos de artimañas y señales de humo disonantes, que poco se difierencian de los de cuello blanco, esos que usan la plataforma tecnológica con que los proveen las oficinas del centro, ocupadas por quienes tienen los mejores cargos y tal vez toman las mejores decisiones, pero que no se diferencian en nada de los que nos esperaban ansiosamente en sus aceras.

Business es business, me dijo la señora donde compré un par de mentas, al tiempo que señalaba una de las ventanas de un edificio público; mientras me refugiaba temblando de miedo ante el perseguidor de mi cámara. En ese momento pensé en la nueva muda de mi perseguidor y el engaño al que nos somete el gobierno de Uribe Vélez con su seguridad democrática y frente a la neocolonización de Colombia: ¡Viva España, que soy esclavo de los monopolios de las empresas españolas en nuestro país y la manoseada información de los mass media del Grupo Prisa y Planeta!

Cali, la que escucha los lamentos de Trujillo y sus motosierras. Allí está adolorida la soledad de sus mujeres, como las de todo el país; que siguen sobreviviendo en medio de sus masacres y bajo la sombra de los capos que mantuvieron el negocio y propiciaron su caída por avaricia o sed de poder: la de los Rodríguez Orejuela, los Urdinola, Grajales y la del narcoparamilitarismo. Esa misma ciudad, que está bajo la dictadura del celadurismo, en medio de una sociedad cada vez más paramilitarizada como la nuestra.

La Cali de rojo y verde, aún me pregunto por qué Cali y Medellín se parecen tanto en esos colores, bueno y en otras cosas, pero se odian igual; Cali, ciudad que ve llorar a los hinchas jóvenes y viejos porque su equipo juega, porque pierde, porque empata, por todo, pero lloran. Al mismo tiempo, en la salida de los estadios se matan con las miradas que apuñalan hasta la muerte como sus navajas. Ciudad de la pasión.

Mi bella, “bellita” que se dejó usurpar su “lugar a la duda”, como si no hubiera tantas en los rostros de sus gentes anónimas que afanosamente cruzan sus calles y escuchan los lamentos de lo que fueron sus ríos. La que se da el lujo de amamantar la piel sudorosa por los vientos del Pacífico matiné, cuando yace la tarde para prender sus interminables noches. Esas mismas en que los policías motorizados persiguen incansablemente a los transexuales que deambulan entre las calles de Comfandi y el Banco de la República. Pero, en el único lugar donde no hay dudas es “Lugar a Dudas”, donde una señora histérica, malgeniada y melancólica le hizo la vida imposible a quienes nos atrevimos a visitar, un espacio donde nunca saboreamos la polisemia infinita de las dudas.

Cali de Sofía, la de los “Territorios Ciertos-Territorios Inciertos”, recorridos afectivos y de apropiación que nos muestran y nos acercan a las múltiples miradas con las que sus transeúntes reconstruyen sus espacios y le dan sentido a la ciudad. En esta investigación curatorial realizada por Sofía Suárez, nos asoma a los abismos de lo indecible e indeseable. Mientras que siempre fue cierto, Donde la Negra Margarita, la que nos esperaba con el desayuno de calentao y sus villancicos afro del grupo Etnia y, al mediodía, en el Restaurante La Cabaña nos recibía Alexandra -la desconocida- con el menú del día.

Cali urgente, urgentemente Cali, la que acogió afectuosamente a las regiones, sin la grandilocuencia ni las pretensiones del Centro, sino con la ternura que aún cobijo en mi recuerdo, pero que nos probó que nada es necesariamente urgente sino premeditadamente cómplice. Con la misma complicidad que nos dejó deambular por sus calles y albergar las preguntas que sin dudas tenemos y nos hacemos diariamente como nación desde los cuatro puntos cardinales del país. Sí, esas mismas que tú te haces cuando ves el espectáculo del Estado derrumbarse en medio del altisonante autoritarismo, que en la actualidad señala las entrañas de las pirámides de lo que están hechos quienes se encuentran en el poder.

Cali, qué nos dejó celebrar en el Aristi, con “ellas, ellitas”, en medio del bacanal afectuoso y alucinante de los artistas, en el que, menos mal, no participaron los terratenientes de la hegemonía conservadora, los propietarios de la ciudad, desde tiempos inmemoriales; esos mismos que desplazaron a los verdaderos dueños de la tierra, los que esclavizaron y se disputan parte del Cauca; los mismos que ocupan algunas curules en el Congreso y son los embajadores de Álvaro Uribe Vélez; los mismos que cargan en sus baúles los títulos de sus linajes. Sí... Esos mismos, los culpables de la violencia del país, los que nunca faltan a la misa del domingo para poder espiar sus culpas y conspirar contra sus ciudadanos. Ellos, menos mal no participaron en nuestra fiesta, sino en los titulares del periódico Occidente y denigrarían a los artistas, por liberales o estúpidos idealistas.

Cali… Mi hermosa y sensual mujer. De lo único que me arrepiento en esta noche, es no poder dormir entre tus brazos, “mi bella bellita”.

Fotografías: ©ArtistasZona

1. Rueda de Prensa. Ministra de Cultura y Alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina Gómez. Apertura del 41 Salón de Artistas.

2. Discurso de la Ministra de Cultura, Dra. Paula Marcela Moreno Zapata. Museo La Tertulia, Cali, 2008.

3, 4, 5, 6. Realidad en descomposición. Una mirada objetual. Cali, 2008.

1 comentario:

Ana María - Penélope dijo...

Hola Hugo
Visita en territorios ciertos mi página:
//territoriosciertosanamariagomez.blogspot.com
también tengo un reocrrido por allí
Un abrazo
Ana María - Penélope