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miércoles, 6 de mayo de 2026

EN LA BIENAL DE VENECIA, EL CUERPO COMO BADAJO: ¿RESISTENCIA CRÍTICA O ESPECTÁCULO DE LA COMPLACENCIA?


La inauguración de la Bienal de Venecia 2026 nos sitúa, una vez más, ante el abismo de la provocación institucionalizada. La artista austriaca Florentina Holzinger, conocida por desplazar los límites de la resistencia física y el lenguaje acrobático hacia territorios de una crudeza casi insoportable, presenta una instalación que pretende ser el grito de alarma definitivo ante el apocalipsis climático. Una mujer cuelga boca abajo dentro de una colosal campana de bronce, convirtiendo su propio cuerpo en el badajo que hace sonar la advertencia de la inundación global. 

A primera vista, la imagen es poderosa. Pero tras el estruendo del metal golpeado por la carne, surgen preguntas punzantes: ¿Es este arte una verdadera disonancia en el sistema, o es simplemente la nota más aguda del mismo espectáculo sadomasoquista que rige nuestra cotidianidad? 

La Genealogía del Sufrimiento: ¿Novedad o Reciclaje? 

Holzinger no camina sola en esta senda del cuerpo martirizado. La historia del arte contemporáneo está pavimentada con la carne de artistas que, bajo la bandera de la denuncia, han recurrido a la autolesión y el desnudo extremo, tal como lo hizo Marina Abramović, Ritmo 0 (1974, Nápoles). Durante la obra, la artista se ofreció como un objeto pasivo con 72 instrumentos (incluyendo una pistola cargada) para denunciar la latente violencia humana. 

Pero también, Chris Burden, Shoot (1971, California) fue más allá, se hizo disparar en el brazo para cuestionar la anestesia social ante la violencia de la Guerra de Vietnam. Dos años más tarde, Gina Pane, The Conditioning (1973, París) se acostó sobre una estructura metálica con velas encendidas debajo, explorando el dolor como medio de concienciación social. 

El problema es que, en 2026, la repetición de este esquema —desnudo, dolor, riesgo— parece haber caído en lo que Guy Debord llamó la "Sociedad del Espectáculo". Cuando el arte utiliza las mismas herramientas de choque que el consumo masivo o el sadomasoquismo digital, ¿no estará contribuyendo a normalizar la violencia que pretende denunciar? 

Al repetir el dolor espectacularizado, el arte corre el riesgo de convertir la tragedia (en este caso, la climática) en una mercancía estética más, volviéndose redundante y, paradójicamente, cotidiano, más en el momento en que el mundo no dejó de ver sino el dolor y la muerte en los 942 días de crímenes contra la humanidad en Gaza, de un genocidio étnico sobre el pueblo palestino que se ha extendido por más de 70 años y que ahora se ensañó contra el Líbano y que causó el asesinato de 175 niñas por los misiles de EEUU e Israel sobre una escuela en Minab en Irán

El Colonialismo Intelectual y la Paradoja de la Huella 

Resulta contradictorio que, para denunciar el colapso de los sistemas y la crisis ecológica, se utilicen instalaciones de gran escala que implican una huella de carbono considerable (fundición de bronce, transporte transoceánico, logística de gran Bienal). Aquí, el "elevado intelectualismo conceptual" sirve a menudo como un escudo contra la crítica pragmática. 

La curaduría de Nora-Swantje Almes habla de la "complicidad humana", pero se dirige a una élite capaz de descifrar la jerga académica de los PhD y los críticos excelsos. Es una suerte de colonialismo intelectual: se imponen estéticas del trauma a un público "ignante" (según la visión del sistema), mientras que el ciudadano de a pie lucha con las realidades materiales de la crisis. 

Como señalaba Ortega y Gasset, cuando la mediocridad se instala como norma —o en este caso, cuando el "choque" se vuelve la norma—, la sociedad se vuelve incapaz de reaccionar. Estamos clonando la mirada del espectador, imponiéndole una emoción de "shock" prefabricada que no deja espacio para la reflexión honesta. 

¿Dónde queda la Belleza y la Ética? 

Si entendemos la belleza, siguiendo la Ética a Nicómaco, como una virtud para el desarrollo personal y social, la obra de Holzinger parece alejarse de esta honestidad para abrazar el ruido. La belleza que no es honesta, que necesita del martirio público para ser validada, genera una disonancia ética. 

Slavoj Zizek advierte que la marginación sutil trivializa cualquier intento de transformación. Al convertir el apocalipsis en una performance sadomasoquista en los canales de Venecia, el sistema "desactiva" el peligro del mensaje. El espectador sale de la exposición impactado visualmente, pero políticamente anestesiado. El arte debería ser un puente para diálogos colectivos, no un pedestal para el exhibicionismo de la tortura propia. 

¿Contemporáneo y radical o anestesia social? 

El arte contemporáneo, en su afán por ser "radical", está cayendo en la mayor de las sumisiones: la de ser entretenido para una intelectualidad que ya no se inmuta ante nada. Si la salida a la crisis climática es torturarse desnudo dentro de una campana, el arte ha perdido su capacidad de imaginar futuros posibles y se ha limitado a decorar el colapso. 

Hoy, necesitamos un arte que recupere la ética de la construcción social y no solo la estética de la destrucción. Menos espectáculo del dolor y más honestidad transformadora. De lo contrario, seguiremos haciendo sonar campanas que, por más que golpeemos con nuestro cuerpo, solo emitirán un eco vacío en un salón de espejos. 

El Sadomasoquismo: ¿Patología o Espejo Social? 

Desde el psicoanálisis y la psicología social, el fenómeno de Florentina Holzinger y sus predecesores no se lee solo como una provocación estética, sino como una manifestación de las pulsiones más profundas de la psique humana y las patologías de la cultura contemporánea. 

En la perspectiva freudiana clásica, el masoquismo no es solo la búsqueda de dolor, sino una forma de manejar la culpa o de convertir la pasividad en actividad. Sin embargo, en el contexto del performance, el psicoanálisis moderno (como el de Jacques Lacan) sugiere que estas obras operan en la dimensión del "Goce" (Jouissance): un placer transgresor que bordea el dolor y que intenta tocar "lo Real", aquello que las palabras no pueden explicar. 

En la agresión al cuerpo el artista que se agrede, refleja una sociedad que ha anestesiado sus sentidos. Mientras, que la psicólogo social de Erich Fromm se refiere a la "necrofilia" (atracción por lo inanimado o lo destruido) en las sociedades tecnológicas. Por su parte, el artista, al golpearse, intenta "despertar" al espectador de su letargo mediático a través de una descarga de adrenalina y horror. 

Por otro lado, podríamos hablar del reflejo de la impotencia, cuando se usa el cuerpo como badajo de una campana, que simboliza la última herramienta que le queda al individuo ante el colapso sistémico: su propia carne. Es el grito de quien no tiene voz política pero posee un cuerpo que puede sangrar. 

El Alcance y la Reacción de los Medios: El Arte como "Clickbait" 

Las obras "espectaculares" han tenido un alcance masivo pero, a menudo, superficial. Los grandes medios comerciales de información (The New York Times, The Guardian, El País) reseñan estas obras bajo la dualidad del escándalo como mercancía. Esto medios suelen titular como "horror" y o la "desnudez"; hecho que garantiza clics y ventas. Esto convierte la denuncia del artista en un producto de consumo más. 

Al tiempo que para no parecer amarillistas, los críticos rodean la obra de conceptos complejos (antropoceno, decolonialidad, biopolítica), creando una brecha entre la obra y el ciudadano común y adquiere un aura de la intelectualización. 

Escándalos que Hicieron Historia 

Muchos de estos artistas son recordados más por la intervención policial o la censura que por la profundidad de su mensaje. Un ejemplo de ello podemos encontrarlo con Hermann Nitsch y el Accionismo Vienés: Sus obras con sangre y cadáveres de animales generaron múltiples juicios y estancias en prisión en los años 60. Hoy es un pilar del arte austriaco, pero su memoria está ligada al "sacrilegio". Por su parte, Chris Burden (1971) originó un escándalo de recibir un disparo en una galería fue tan grande que eclipsó sus reflexiones sobre la ética de la violencia, convirtiéndolo en una "leyenda urbana" del arte. 

¿Memoria por Escándalo o por Calidad? 

Es una crítica válida: muchas de estas obras perduran por el trauma que causaron en la memoria colectiva. El escándalo actúa como un "fijador" mnemotécnico. Si eliminamos el desnudo y la agresión de la obra de Holzinger, ¿qué queda del mensaje climático? Si la respuesta es "poco", entonces estamos ante una estética de la conmoción que depende de la espectacularidad para sobrevivir. Como mencioné antes, citando a Žižek, el sistema tiene una capacidad asombrosa para absorber la transgresión: hoy el "escándalo" es el protocolo estándar de las Bienales para asegurar que el arte siga siendo relevante en los titulares, aunque sea irrelevante para el cambio social real. 

Al final, el arte que se agrede a sí mismo puede terminar siendo el reflejo de una civilización que, incapaz de resolver sus crisis, encuentra un consuelo morboso en observar su propia destrucción representada en un escenario de bronce. 

viernes, 20 de febrero de 2026

EN BARRANCABERMEJA: LA ESTÉTICA DEL ALGORITMO


Cuando la Alcaldía se quedó sin alma 

"En el arte, como en la política, la belleza que no es honesta no seduce; simplemente hace ruido. Es estridencia visual repetitiva que intenta ocultar la realidad." 

 Es un espectáculo fascinante, pero a la vez desolador, observar la inanición creativa que revela la actual Administración Distrital de Barrancabermeja de Jonathan Steven Vásquez Gómez y su coalición de gobierno. No conformes con una precaria gestión, acaban de oficializar su decadencia estética. 
 

Generar imágenes con Inteligencia Artificial(IA) con pretensión de ser un gesto plástico o cultural, cercano a su tendencia de oficializar el Street Art no es solo la glorificación a la contemporaneidad, como pretenden vendernos con píxeles prefabricados; es la notificación de una confesión. El uso de algoritmos para representarse a sí mismos deja al descubierto una verdad incómoda: en el Distrito no hay nadie con nada que decir ni voz propia para intentarlo, ni el coraje de enfrentarse a la realidad ni mucho menos construir horizontes de futuros sino clientela política. 

Es decir, la creatividad está cuarentena, porque cuando una institución recurre a un prompt para que una máquina piense por ellos, nos están gritando que su capacidad para responder frente a los retos de la realidad está en quiebra técnica. 

Además, para algunos se constituye en una estafa visual inundar el espacio público con una estética de “plástico”. Es el triunfo del procesador sobre el pulso humano; la victoria de lo fácil sobre los procesos de creación y, por otro lado, es el reflejo de la gestión, donde lo artificial, sin alma, es programado para simular una realidad que no existe pero que esconde sus propias carencias. 

Lo que vemos es el reflejo de la oquedad de un río seco y un claro síntoma de una administración intrascendente. Así es todo en este gobierno: una simulación programada para la teatralidad política; un empaque brillante de lentejuelas y canutillos que oculta el vacío de ideas pero les sirve para decorar la pasarela del poder. Tal vez, echar mano de la IA demuestra que la realidad les quedó grande; además, es cada vez más claro que la creatividad exige un esfuerzo de honestidad, que en el Distrito no están dispuestos a pagar. 

Desde la trinchera del arte, les recordamos una máxima innegociable: la belleza que no es honesta, solo hace ruido son estridencias visuales, plástico digital que no conecta con nadie porque carece de pulso humano. Es el triunfo del "prompt" sobre el pensamiento y sus procesos creativos. 

Por eso, nos permitimos extenderles una invitación subversiva: atrévanse a usar la imaginación. No la de un servidor en California, esa que parece esta sepultada bajo capas de burocracia. Pierdan el miedo a la hoja en blanco. El único riesgo de trabajar con creatividad y honestidad es que, por una vez en este cuatrienio, terminen haciendo algo mejor que dialogue con la ciudad. 

Barrancabermeja no necesita una administración pública falaz ni renders perfectos de mundos inexistentes; necesita que el Distrito le responda a sus electores. Basta de subcontratar el alma.

El gesto no propicia el diálogo, ni aporta valor cultural sino deterioro 

Fotografía: ©ArtistasZona, Barrancabermeja, 2025.

jueves, 12 de febrero de 2026

DE CARACAS A BOGOTÁ ¿Y SÍ NOS BOMBARDEAN DÓNDE NOS REFUGIAMOS?

La decisión de imponer un metro elevado no solo es un retroceso estético, es un golpe ambiental y social que la administración de Enrique Peñaloza, Claudia López y el continuismo de Galán han minimizado. Mientras el mundo entierra sus trenes para liberar espacio público, Bogotá construye una "cicatriz de cemento".


"Bajo la tierra, el hombre recupera su condición de topo, pero también su instinto de comunidad; en el metro, el miedo compartido nos hace hermanos". 
Ernest Hemingway(*) 

"En el metro, cada estación es un adiós y cada túnel una esperanza" 
Mario Benedetti 

En Bogotá, el futuro siempre llegó de manera desigual y tardía. Entre los verdes cerros orientales y el cielo grisáceo, los edificios de vidrio se alzaron rápidamente mientras la ciudad perdía su historia, devorada por los nuevos monstruos de hormigón que arrasaron barrios enteros y a sus familias. 

En el año 2045, sus transeúntes caminaban con dispositivos holográficos que proyectaban noticias y mensajes directamente en sus ojos. Pero lo que más destacaba de la capital del país era su sistema de transporte: el Metro Elevado de Enrique Peñaloza y Claudia López. Una maravilla de la ingeniería, un símbolo de progreso y modernidad. Sin embargo, cuando la guerra llegó, ese mismo progreso se convirtió en su mayor maldición. 

Durante todo el siglo XX, las potencias del norte se dedicaron a saquear los recursos naturales del mundo, como lo hicieron con el petróleo, el carbón y el oro, convirtiéndonos en sus esclavos. Pero esa vez vinieron por el agua, la que había sido racionada los primeros seis meses de 2025 por orden del alcalde Carlos Fernando Galán, excepto en el exclusivo sector de La Calera, donde vivía su madre, Doña Gloria Pachón de Galán, junto a algunas de las familias más importantes del país. Allí, los políticos bogotanos decidieron prácticamente “regalarle” el agua a la multinacional Coca-Cola Company para que la vendiera a sus habitantes en botellas plásticas. 

En esos días, el saqueo ya no se disfrazaba de negocios ni se ejecutaba mediante tratados de libre comercio (TLC), debates de pérfidos ladinos con corbata en el Congreso de la República y en el Concejo Distrital o decretos firmados por el presidente, sus ministros y avalados como legítimos por la Corte Suprema de Justicia. El saqueo ya no requería máscaras. 

El primer bombardeo nos tomó por sorpresa. Ya había ocurrido en todo el continente: 16 países habían sido atacados desde 1952 por el imperio norteamericano (Cuba, Guatemala, Nicaragua, Chile, Granada, Brasil y Caracas, entre otros). No hubo sirenas ni ningún sistema de alerta antes de que los misiles impactaran la ciudad. La gente corrió en todas direcciones, buscando refugio, pero en Bogotá no había túneles subterráneos, y el Metro, que alguna vez fue motivo de orgullo, se convirtió en una trampa mortal. Los vagones, suspendidos en el aire, no ofrecían protección alguna. Las estaciones, abiertas y expuestas, se transformaron en blancos fáciles para los ataques. En ese momento, los colombianos recordaron quiénes habían sido los responsables de que el Metro inaugurado en 2028 fuera elevado, pero ya era demasiado tarde. 


El Metro de Bogotá como el botín 

Bogotá cumple más de ocho décadas sumida en un trancón histórico, no solo de vehículos, sino de voluntad política. Lo que para cualquier capital del mundo es una solución básica de movilidad, para Colombia ha sido el capítulo más largo de una novela de traiciones, negocios privados y egos presidenciales. 

Mientras las obras de la Primera Línea hoy rompen el asfalto de la Avenida Caracas, el trasfondo de cómo llegamos aquí revela una verdad incómoda: a Bogotá no le ha faltado dinero, le ha sobrado mezquindad. 

El origen del sabotaje: De Sanz de Santa María a la herencia de los Valencia 

La tragedia comenzó en 1942. Bajo la alcaldía de Carlos Sanz de Santamaría, la ciudad escuchó por primera vez la palabra "Metro". Pero fue en 1963 cuando el proyecto tomó forma de futuro: Jorge Gaitán Cortés no solo propuso un Metro, sino un Tren de Cercanías con una línea de 12 km que uniría la Calle 68 con la 22 Sur. 

¿Por qué fracasó? La respuesta está en los apellidos de siempre. El entonces presidente conservador, Guillermo León Valencia Muñoz—abuelo de la hoy senadora y precandidata del Centro Democrático Paloma Valencia—, junto a su ministro de Obras Públicas, Tomás Alvarado Pantoja, le dieron la espalda a la capital. El motivo no fue técnico, sino económico: los empresarios del transporte ya olfateaban el jugoso negocio de los buses de combustible fósil. El aire de Bogotá comenzó a hipotecarse en favor de unos pocos bolsillos. 


Peñalosa y Petro: El pulso entre el negocio y la ciudad 

Esa misma línea de favorecimiento privado la retomó Enrique Peñalosa durante su primer mandato. En lugar de rieles, Peñalosa decidió pavimentar el futuro con Transmilenio, organizando un esquema de negocio a la medida de los poderosos empresarios del transporte; esos mismos que, históricamente, han movilizado votantes para la clase política tradicional en cada jornada electoral. 

Años después, la administración de Gustavo Petro intentó romper el ciclo entregando estudios avanzados para un Metro Subterráneo, priorizando la capacidad de carga y el respeto por el entorno urbanístico. Sin embargo, la historia se repitió: el presidente Juan Manuel Santos, tras comprometer recursos nacionales, terminó traicionando a la ciudad por cálculos políticos, dejando el proyecto en el limbo para dar paso, nuevamente, a la visión de buses y viaductos elevados. 

El "Frankenstein" de Claudia López y la realidad de los números 

Finalmente, bajo la administración de la hoy cuestionada precandidata presidencial por la Alianza Verde, Claudia López, se firmó el inicio de la Primera Línea. Lo hizo sin contar con los estudios de ingeniería de detalle completos, condenando a la ciudad a un viaducto de 23,96 kilómetros que se elevará a 13 metros de altura, rompiendo el paisaje urbano y amarrando 10 de sus 16 estaciones al negocio de Transmilenio. 

El costo de este "capricho" elevado es un escándalo financiero: 
• Precio inicial: $22,33 billones de pesos. 
• Precio actualizado: Más de $26 billones (debido a tasas de cambio y financiación). 
• Deuda reciente: En diciembre de 2025, se debieron asegurar US$1.060 millones adicionales solo para garantizar que las obras no se frenen en este 2026. 

La Segunda Línea: ¿Un giro o más de lo mismo? 

Hoy, la Segunda Línea (L2MB) se presenta como el "giro hacia lo subterráneo" que la ciudadanía exigió. Un proyecto de $34,9 billones diseñado para conectar a Suba y Engativá con el centro. 

Sin embargo, el fantasma de la ineficiencia sigue rondando: el pasado 20 de enero, la licitación abierta por la administración de Carlos Fernando Galán fue declarada desierta. Bogotá parece condenada a ver cómo sus gobernantes firman cheques y contratos mientras la movilidad sigue estancada. 

80 años después, el Metro no es un triunfo de la ingeniería, sino el monumento a una clase política que siempre puso el negocio de los buses y el cálculo electoral por encima del bienestar de 10 millones de ciudadanos.


El "Ecocidio" Urbano: El costo oculto del viaducto 

La decisión de imponer un metro elevado no solo es un retroceso estético, es un golpe ambiental y social que la administración de Claudia López y el continuismo de Galán han minimizado. Mientras el mundo entierra sus trenes para liberar espacio público, Bogotá construye una "cicatriz de cemento". 

• Degradación del entorno: El viaducto a 13 metros de altura generará zonas de sombra permanente y contaminación visual, convirtiendo la Avenida Caracas en un corredor oscuro que propicia la inseguridad y el deterioro del valor del suelo. 
• Contaminación auditiva: A diferencia del metro subterráneo que propuso Petro, el elevado someterá a miles de residentes y trabajadores al ruido constante de los trenes, un impacto que los estudios de detalle —brillantes por su ausencia en la firma del contrato— no han mitigado adecuadamente. 
• El amarre al diésel: Al integrar 10 de las 16 estaciones con Transmilenio, se condena a la ciudad a seguir respirando el material particulado de los buses, en lugar de apostar por una transición energética real y una movilidad limpia y masiva. 

La "Caja Menor" de las precandidaturas

Es imposible ignorar que el Metro se ha convertido en la plataforma de lanzamiento de figuras políticas que hoy miran hacia la Casa de Nariño. Claudia López aceleró la firma de un proyecto incompleto para colgarse la medalla de "quien lo hizo realidad", dejando a la ciudad endeudada con créditos que ya superan los 26 billones de pesos y comprometiendo vigencias futuras por décadas. 

Por su parte, el fracaso de la licitación de la Segunda Línea el pasado 20 de enero bajo la gestión de Carlos Fernando Galán, deja en evidencia que la prioridad no es la eficiencia técnica, sino mantener el control de los contratos frente a los organismos multilaterales, aunque eso signifique dejar a Suba y Engativá esperando hasta el 2035. 

Bogotá no está construyendo un sistema de transporte; está financiando las vallas publicitarias de la próxima contienda presidencial con el dinero de los impuestos de los ciudadanos que hoy siguen apretujados en un bus. 


Fotografía: ©ArtistasZona, Bogotá 2025. 

(*) En la Guerra Civil Española (17 de julio de 1936 al 1 de abril de 1939), el Metro de Madrid sirvió de refugio y la estación de Ópera fue utilizada como hospital y la línea de Goya a Diego de León fue una fábrica de municiones. El hecho produjo numerosos relatos y crónicas periodísticas, entre ellas la de Ernest Hemingway, quien escribió sobre la vida en la capital de España mientras sus ciudadanos se refugiaban en los túneles del metro.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

FELIZ NATIVIDAD: EL ARTE DE RENACER: LUZ EN MEDIO DE LAS SOMBRAS

Los artistas sabemos lo que significa navegar por las sombras ajenas, esas que a veces nublan nuestra vida y, en ocasiones, llegamos a simular una sonrisa, mientras por dentro el alma pide ser escuchada. Pero el arte nos regala la perspectiva más importante: nos muestra que somos como la luz.

Este mensaje es un abrazo para nuestros seguidores: no importa cuán profundo haya sido el desafío, siempre puedes nacer de nuevo. Tu lienzo está listo, tu música espera ser compuesta, tus palabras aguardan. Hoy, celebramos la valentía de quienes, una y otra vez, eligen reinventarse. Porque creemos firmemente que siempre habrá tiempo para celebrarlo: cada nueva idea, cada trazo de libertad, cada renacimiento de tu espíritu creativo. 

Fotografía: @ArtistasZona, diciembre 2025.

lunes, 15 de diciembre de 2025

CARTOGRAFÍA DE LA CIUDAD-CUERPO: FOTOLAB DE TEUSAQUILLO REVELA EN "ECOS EN TRÁNSITO" LAS DISONANCIAS DEL HABITAR CONTEMPORÁNEO


 

El Laboratorio Fotográfico de Teusaquillo (Fotolab), se convirtió recientemente en el punto de encuentro para una profunda reflexión visual. La Exposición "Tiempo y Ciudad: Ecos en Tránsito" sirvió como vibrante cierre de actividades del Semillero de Investigación de Fotografía, Tiempo y Ciudad de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) en 2025. 

Esta exposición colectiva es un poderoso manifiesto visual que cartografía la complejidad del habitar contemporáneo. 

El Semillero de Investigación es Coordinado por el maestro Guillermo Santos y contó con el apoyo de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá para el Fotolab de Teusaquillo, que convocó a treinta fotógrafos emergentes cuyas obras convergen en un diálogo urgente sobre la nación, entendida no solo como territorio geofísico de piel expandida, sino como un "complejo organismo" atravesado por la impronta del tiempo y las singulares experiencias de sus ciudadanos. 

La Imagen: Un Catalizador para la Praxis Crítica 

La muestra germina de un "proceso académico de análisis y praxis crítica" gestado en el Fotolab de Teusaquillo, donde la imagen se consagra como un auténtico "catalizador social". Estudiantes, docentes y profesionales han tejido, mediante el lente, un relato común sobre la densa narrativa de la nación. La curaduría enfatizó que la exposición "pone en evidencia un interés profundo por los ecos y resonancias que habitan el país", una tarea que interpela directamente a los espectadores. 

El montaje, diseño y proceso curatorial—fruto de un esfuerzo colaborativo— estuvo meticulosamente orquestado por Mónica Méndez, Ana María Cortés y Norman Danilo Giraldo. Su visión articuló treinta fotografías que, en su conjunto, dibujan las contrastes, disonancias, ambigüedades y potencias creativas de la ciudad, tejiendo una conversación sin fisuras. 

Ejes Temáticos: Una Cartografía Crítica de la Experiencia Urbana

La muestra propuso un cruce fascinante de temas que van desde lo arquitectónico y el espacio urbano, hasta el diálogo con lo rural y la reflexión sobre la identidad del cuerpo. El hilo conductor es la forma en que la presencia humana transforma su entorno, resistiendo los ritmos de la modernidad. Los cinco ejes temáticos de la exposición no solo organizan la sala, sino que proponen una cartografía crítica de la experiencia urbana. 

El primero de ellos fue el “Cuerpo Arquitectónico”, donde la ciudad se lee como un archivo vivo y un "cuerpo en transformación". Las estructuras, muros y grietas se vuelven "vestigios de una presencia que se mantiene en el tiempo", dialogando con la memoria y la metamorfosis. 

El “Contrastes de lo Natural” por su parte exploró el vínculo recíproco entre paisaje y transformación. Las fotografías observan los territorios naturales desde tres perspectivas: la del viajero, el paseante y la de quien regresa tras el desarraigo, donde "el paisaje también nos observa, nos nombra y nos transforma". 

De otro lado, “las corpografías” evidencian el tránsito entre percepción, memoria y experiencia sensible. Aquí, el cuerpo y la ciudad son territorios "habitados y recordados", explorando historias de vulnerabilidad en el espacio público y la intimidad. 

La “Nostalgia de la Sobreproducción” aborda la crítica a las lógicas del consumo y el capitalismo acelerado. Este grupo de imágenes presentó la resistencia de oficios y tradiciones, mostrando la "dureza del esfuerzo manual, la desigualdad y el peso de la rutina". 

Y el último eje temático dedicado a las “Geografías del Colapso”, nos platea una reflexión sobre las "distopías del presente: visibles, residuales e inadvertidas". Se revela cómo la presencia humana es una fuerza transformadora de la energía en dispersión, invitando a observar las derivas del paisaje y los rastros de nuestra propia condición en el desorden. 

Una Invitación a la Pausa y el Co-crear 

Al recorrer la obra de los treinta artistas —entre ellos Alejandro Dimate, Ana María Rincón Medina, Bielkin Teuta, Daniel Aguirre, Diego Fernando, Gabriel FM Díaz, Jhara Monteñez, Juan Diego Zamudio, Juan Sebastian Martínez, July Alvarado, Katherine Sarmiento Rojas, Kelly Bustos, Laura Aldana, León Cubides, Liant Vanegas, Luisa Borja, María Alejandra Rivera, Mónica Méndez Merchán, Natalia Laverde, Natalia Zuluaga, Nicolás Blanco, Nicolás Díaz, Nicole López, Norman Danilo Giraldo, Razé Torres y Camila Ruiz, Sofía Bernal, Tatiana Latorre, Valentina Castro, Verónica Aroca y Artistas Zona Oriente—, se activa una invitación a la pausa. Es un llamado a trascender la prisa cotidiana para detenerse en los gestos, los silencios y las texturas. 

"Tiempo y Ciudad" logra obligar al espectador a "resignificar la experiencia cotidiana de habitar una ciudad en continua transformación". Más allá del registro documental, es una profunda meditación sobre esa urbe que todos, de alguna manera, co-creamos. 

Fotografías: FotoLab Teusaquillo.

1. Pereza (De la Serie Pecados capitales), Verónica Aroca, 2025. 
2. Cuando me acuerde de ti. (De la Serie Paisajes implicados), Artistas Zona Oriente, 2024. 
3. Rodando en Tabogo. Gabriel FM Díaz, 2024.
4. Urbe convergente. Natalia Laverde, 2025. 
5. Si mañana despierto. Nicolás Blanco, 2023. 
6. Sin Título. Norman Danilo Giraldo. 2023.

sábado, 15 de noviembre de 2025

DE LA MALOKA CUÁNTICA AL DISEÑO DE INTENCIÓN: LA GEOMETRÍA ANCESTRAL MUISCA EN EL ÍCONO DE TEUSACÁ

"El Cháak (dios de la lluvia) y el P'úul (vasija) nos dan la vida. El agua no cae, sube de la tierra al cielo y vuelve." Fragmento de rituales Mayas de petición de lluvia (Ch'a' Cháak). Documentado por Diego de Landa (*) 

 "Las lagunas son casas de los dioses, donde el hombre debe entrar y transformarse. 
Son el sexo de la tierra"
Citado en diversas etnografías de los Andes
Siglo XX/XXI 
(Recolección de tradiciones orales).
 
Este icono es un manifiesto visual que traza una línea ininterrumpida entre la cosmogonía Muisca de Bacatá y las vanguardias del arte contemporáneo que se resisten a la amnesia histórica. Este puente conceptual se cimenta explícitamente en la obra del artista y diseñador santandereano Antonio Grass, cuya investigación sobre la geometría ancestral se convierte en el cimiento teórico de la pieza. 

La Raíz: Antonio Grass y la Vasija Ancestral 

El punto de partida conceptual del ícono es una investigación anclada en la obra del diseñador gráfico santandereano Antonio Grass (autor de "La marca mágica: diseño precolombino colombiano"). Grass decodificó los patrones Muiscas, Taironas y Quimbayas, demostrando que eran códigos semánticos sofisticados y estructurados. 

El ícono toma como centro la vasija, un objeto que trasciende su función utilitaria para convertirse en un "continente". Esta forma de naranja terracota (que evoca la arcilla y la creatividad) simboliza: El Territorio y la Nacionalidad en su sentido más originario; la Comunidad y la Tradición Oral (el objeto que se pasa de mano en mano) y un acto de resistencia visual que afirma la dignidad del legado de las naciones originarias frente al neocolonialismo cultural. 

La Geometría: De la Maloka Sagrada al Horizonte de Sucesos 

Los patrones geométricos que envuelven la vasija son el motor cinético y conceptual del diseño, revelando no solo movimiento y geometría, sino proponiéndose como un salto cuántico en el pensamiento. 

Desde el Movimiento y Fluidez, sus líneas simbolizan la vibración perpetua, el cambio incesante y la movilidad social. Esta fluidez se ancla en la cosmogonía Muisca: la cita, "las lagunas son casas de los dioses, donde el hombre debe entrar y transformarse. Son el sexo de la tierra," propone el agua como un espacio sagrado donde los rituales (como "Correr la Tierra") buscaban el equilibrio cósmico y la purificación. 

Por su parte, el Círculo y la Maloka son la geometría que personifica la unidad y representa la perfecta unión entre el ser humano y el cosmos. Así mismo, el salto cuántico es la interpretación más radical que, desde el lenguaje de la física, la concibe como un "horizonte de sucesos de conexión indivisible entre pensamiento y materialización". De esta manera, el ícono transforma la sabiduría ancestral en una estructura para moldear la realidad. 

La Sombra: Un Dispositivo para el Redescubrimiento 

Un elemento crucial es la técnica de la sombra proyectada, que genera la ilusión de capas superpuestas. Esta no es una decisión estética, sino una metáfora de la memoria social donde las capas encarnan el acumulado histórico de cada territorio, entendido no solo como lugar de intercambio económico, sino del material simbólico-afectivo que lo habita y configura la realidad social. 

Esta es una exhortación al acto de develar como un proceso de "levantar" estas capas visuales. De esta forma, se invita a redescubrir lo que se ha perdido o se ha olvidado, conectando con la memoria y la narración de nuevas historias. 

Todo esto nos obliga a enfrentar la sombra. El ícono actúa como un dispositivo para promover nuevas mentalidades y ciudadanías conscientes de su pasado y su multidimensionalidad. 

El Territorio Sagrado: La Laguna de Teusacá 

El nombre mismo de la localidad, Teusacá (originalmente "cercado prestado" en chibcha), se conecta directamente con el territorio ceremonial Muisca. La Ruta de Purificación llevaba a la Laguna de Teusacá (identificada con la Laguna del Verjón, donde nace el río Arzobispo), que se encontraba en el cuarto punto de devoción en la peregrinación del ritual del "Correr la Tierra"

Este ritual de movimiento no solo era una ofrenda de oro y esmeraldas al agua (lo femenino y dador de vida), sino un acto de transformación espiritual, donde los participantes podían ascender a un estado de liderazgo (jeques). 

La memoria de la laguna y el movimiento ritual del agua son la base histórica que dota de profundidad al concepto. El ícono es una declaración de principios anclada en el pasado sagrado y proyectada hacia un futuro de consciencia y creación. 

En última instancia, el ícono de Teusacá es una propuesta de la identidad visual contemporánea. No es solo un objeto de diseño que hace parte de una colección de cinco piezas más que serán materializadas por los ceramistas artesanales de Raquira, sino un espejo que, a través de la herencia de Antonio Grass y la sabiduría Muisca, nos recuerda que el arte más relevante es aquel capaz de nombrar el territorio, sanar la memoria y atreverse a observar el futuro. Es una invitación urgente a dejar de ser meros observadores para convertirnos en los creadores conscientes de un nuevo ciclo vital para Bogotá. 

(*) Ciclo Cósmico y Petición: Los Mayas entendían el agua como parte de un ciclo cósmico dinámico, no lineal. El ritual Ch'a' Cháak se realiza para honrar al dios de la lluvia, reconociendo que la vida depende de la correcta interacción entre el inframundo y el cielo. 

Proyecto: ©ArtistasZona, Laboratorio de Creación, noviembre de 2025.

lunes, 10 de noviembre de 2025

EN CONEXIONES CREATIVAS: ELSA YRANZO ABORDÓ LA SOSTENIBILIDAD Y EL ARTISTA COMO AGENTE TRANSFORMADOR


Bogotá vibró el pasado sábado 8 de noviembre con un encuentro que trascendió la simple efeméride. En la Casa de la Felicidad, la conmemoración de los 12 años de Conexiones Creativas se convirtió en un escenario para los mejores talentos. El evento fue un punto de convergencia donde artistas, diseñadores de moda y joyas, artesanos, chefs, músicos y diversos productores culturales se dieron cita para un ejercicio de escucha y diálogo. Esta interacción posibilitó la vital "polinización cruzada" de las industrias culturales y creativas de la capital del país, generando un intercambio de ideas que promete fertilizar nuevos proyectos colaborativos.

La estrella del encuentro fue, sin duda, la maestra Elsa Yranzo, diseñadora, directora de arte y referente del food design (diseño alimentario), cuya conferencia no solo inspiró, sino que sentó las bases para un profundo debate sobre el rol del arte en la contemporaneidad. 

Un Proyecto Monumental: "In The Bauhaus Kitchen" 

Uno de los proyectos presentados por la maestra Yranzo durante su conferencia fue "In The Bauhaus Kitchen" (En la Cocina de la Bauhaus), el ejemplo paradigmático del arte relacional que profesa. Curado junto a Sebastián Alberdi, este proyecto nació en 2019 para celebrar el centenario de la histórica escuela de diseño. 

Lejos de ser una simple exhibición, se trató de una experiencia artístico-gastronómica performativa que tuvo lugar en el emblemático Pabellón Barcelona de Mies van der Rohe y Lilly Reich. En este espacio, un grupo selecto de comensales experimentó una velada que desdibujó las fronteras entre arte, diseño, gastronomía y happening. 

Lo más notable fue el esfuerzo interdisciplinario que movilizó a más de 60 artistas y creativos de la escena barcelonesa, incluyendo arquitectos, chefs (como Carme Ruscalleda), diseñadores de producto, poetas, artesanos y cineastas. Cada uno de ellos colaboró en la creación de una parte del banquete o de los utensilios, desde tenedores construidos in situ hasta porrones de vino soplados para la ocasión y platos comunales de travertino. 

El documental sobre "In The Bauhaus Kitchen" (dirigido por Joan Simó) es un elemento crucial de la obra total. El hecho de que la pieza haya circulado por diversos festivales de cine internacionalmente demuestra una de las tesis centrales de Yranzo: el arte debe ser un vehículo de divulgación y reflexión masiva. 

La película convierte en un registro perdurable que lleva el debate sobre la funcionalidad, la estética y la alimentación a nuevas audiencias. Esto refuerza la idea de que la creación contemporánea no solo se valida en galerías, sino en la capacidad de generar conversaciones culturales a través de distintos formatos (arte, diseño, gastronomía, cine). 

Aunque no se ha identificado la disponibilidad específica de este documental en plataformas colombianas, su itinerancia en el circuito de festivales lo consolida como un ejemplo de arte relacional con vocación de impacto global.


La Instalación: Ciencia, Arte y el Pecado Dulce

"Sugar Detox Clinic" surge como una colaboración innovadora entre la artista Elsa Yranzo, BCC Innovation (el centro tecnológico del Basque Culinary Center) y Tabakalera (Centro Internacional de Cultura Contemporánea). 

La instalación se concibe como una clínica ficticia que diagnostica y trata la "adicción a la dulzura", una problemática central en la salud contemporánea. Se enmarcó dentro de la exposición "Máquinas de ingenio. Jakintzen bidegurutzean", donde se exploró la convergencia entre arte, ciencia y tecnología para abordar desafíos actuales. 

Esta experiencia está diseñada para demostrar cómo la percepción del gusto está influenciada por los cinco sentidos. Los "tratamientos" ofrecidos son unas gominolas diseñadas en colaboración con el colectivo Food Hack Lab, que son a la vez un prototipo de innovación alimentaria y una pequeña obra de arte. El azúcar es abordado desde su dimensión sensorial, pero también desde su papel cultural. 

Al mismo tiempo, la clínica se centra en el producto "Ominol", una gominola que simboliza la complicada relación de la sociedad con el azúcar, el "peor de los peores" en términos de adicción. 

El Diseño Especulativo como Motor de Conciencia 

"Sugar Detox Clinic" es un ejemplo magistral del diseño especulativo que defiende Yranzo, una disciplina que no busca crear productos para el mercado, sino proponer preguntas y experiencias que amplíen las perspectivas sobre un problema. 

La clínica utiliza la estética de lo clínico para forzar al visitante a confrontar su relación con el azúcar.  La instalación artística actúa como un espejo de la sociedad de consumo, utilizando el humor y la interacción para generar una reflexión seria sobre la salud pública y los hábitos alimentarios.

"Sugar Detox Clinic" consolida la visión de Elsa Yranzo respecto al arte: es una herramienta de vanguardia que debe ser incómoda, incisiva e inevitablemente ética para impulsar un futuro más saludable y consciente.

 
La Trascendencia del Acto de Comer

Su enfoque en el Food Design eleva la alimentación a un espacio de alta reflexión cultural. Para ilustrar los límites éticos de la tecnología, la artista retoma la propuesta desarrollada por el diseñador y futurista argentino Federico Parra, presentada en su proyecto "The Future of Human Rights".

Parra, desde su trabajo en diseño especulativo y critical design, propone siete nuevos derechos, no para ser legislados inmediatamente, sino para generar un debate urgente sobre cómo la tecnología emergente podría alterar radicalmente nuestra biología, nuestra identidad y nuestra interacción con el mundo. Estos son el Derecho a la Inmortalidad Biológica, a la Omnisciencia. (Capacidad de acceder a todo el conocimiento), a la Teletransportación, a la Modificación Genética Proactiva, a la Memoria Compartida, a la Creación de Vida Sintética y al Diseño de la Felicidad

En esta perspectiva, "comer no solo nos confronta a la existencia, sino que nos conduce al centro de la cultura". El diseño debe interrogar nuestros hábitos de consumo, la cadena de producción alimentaria y el despilfarro. Es un acto de ética del civismo, donde la belleza de la comida se une a su funcionalidad y a su impacto social y medioambiental (como también mostró con su colectivo "La Imperfecta Belleza", al usar alimentos estéticamente "feos"). 

El Artista como Provocador de Consciencia 

El arte debe "transformar, inspirar, hacer reflexionar, divulgar y generar nuevos vínculos". Mediante la interacción sensorial, la obra obliga al público a cuestionar sus preconceptos, a pensar en la procedencia de lo que consume y a ser, en la filosofía del proyecto, "el artista" que completa la experiencia, tal como se reveló en "In The Bauhaus Kitchen". 

Elsa Yranzo no solo ha creado una obra de gran relevancia estética; ha diseñado una potente metodología creativa donde el artista asume el rol de agente de transformación. Desde desintoxicar nuestra relación con el azúcar hasta especular sobre el derecho a la omnisciencia, la maestra catalana nos recuerda que el arte no es un adorno, sino una herramienta de vanguardia, profundamente ética y cívica. El banquete de "Conexiones Creativas" terminó, pero la digestión del mensaje apenas comienza: es imperativo que los creadores seamos los primeros en interrogar y cuestionar el futuro, antes de que este nos arrolle. 


Fotografía: ©ArtistasZona, Conferencia de Elsa Yranzo en Conexiones Creativas, Bogotá, noviembre 8 de 2025. Casa de la Felicidad. Web de la Artista(Aquí). 

martes, 4 de noviembre de 2025

LA CASA FLOTANTE Y LA RAÍZ PERDIDA: CRÍTICA A "ARRANCADO DE RAÍZ" DE LEANDRO ERLICH

"—No nos iremos —dijo [Úrsula]—. Aquí nos quedamos,
 porque aquí hemos tenido un hijo. —Todavía no tenemos un muerto —dijo él—. Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra."
Gabriel García Márquez. “Cien años de soledad”.
 
"Los bogotanos tienen la manía de disimular la pobreza con una puerta grande y un juego de sala que nadie usa. La casa es una vitrina para los visitantes y una cárcel cómoda para los habitantes. Los mejores muebles están en el 'salón de recibo', donde uno solo entra si se ha muerto alguien o si va a pedir la mano de la hija."
Daniel Samper Pizano. “Los abuelos y el computador y otras crónicas”.
 
"Un silencio de agua helada, de paredes gruesas que no dejaban pasar el aire, un silencio de cuartos vacíos donde el tiempo se había detenido antes de que todo pudiera contarse. La casa se había quedado flotando en su propia soledad."
Álvaro Cepeda Samudio. “La Casa Grande”.

Atrévete a mirar al firmamento 

Mientras unos opinan que Bogotá es una ciudad de fantasmas con horarios de oficina, otros sostienen que no hay nada más terrorífico que pasar una noche dentro del confesionario de una iglesia. Este mito urbano aún deambula por sus calles y tal vez llegó a nosotros como el susurro de un oráculo roto en medio de la bruma del invierno que nos cegó el alma y detuvo por un instante el péndulo del tiempo; a pesar de todo, siempre doblamos la última esquina antes de llegar a casa. Pero la verdad es otra, mucho más viscosa y real: el horror no está dentro, sino en lo que dejamos escapar de lo sagrado, en la divinidad que se desprende de la custodia de su fe y astilla nuestras entrañas. 

La Noche, el Suspenso y la Fuga 

En el último día de octubre, como todos los viernes, algunos decidieron trasnochar en la banca frente a la Basílica Menor. Mientras se repartían el botín de druidas bogotanos y calentaban con un brandy barato la garganta, escucharon los murmullos, el eco de una acalorada conversación que parecía divagar como el viento en el parque. 

Minutos más tarde, observaron cómo se encendían, una tras otra, las luces de la fantasmagórica casa suspendida delante de la iglesia. Nadie dijo nada; solo se cruzaron miradas antes de juntarse para salir despavoridos, como si un fantasma neogótico se hubiera escapado y estuviera al acecho. ¿Realmente fue un espíritu que huyó de la iglesia? No, peor aún: era arte contemporáneo. 

El Arte, el Estigma y la Eternidad Inconclusa 

Espejismo o no, la obra "Pulled by the Roots" (Arrancado de raíz) del artista argentino Leandro Erlich reaparece. Anteriormente, en 2015, se colgó de una grúa durante cuatro meses en la Marktplatz de Karlsruhe, una población con escasos trescientos mil habitantes en Alemania. Luego, la misma intervención se repitió en Buenos Aires (2016). Sin embargo, esta vez, en medio de los espectáculos de la Bienal Internacional de Arte y Ciudad, BOG25, la instalación está superpuesta a la Basílica Menor de Nuestra Señora de Lourdes. Esta Basílica, cuyo diseño neogótico morisco fue iniciado un 8 de diciembre de 1875 por el arquitecto bogotano Julián Lombana Herrera, nunca fue terminada por él, quien murió en 1916. Solo se concluyó setenta años después. Es por esto que la obra se constituyó en el estigma de la ciudad: todos sabemos el día en que las cosas comienzan, pero nadie sabe cuándo, realmente, terminarán.

El transeúnte bogotano, el verdadero sujeto del desarraigo, se ve asaltado por este artefacto. En lugar de interpelar el conflicto del "espacio público" (la violencia, la gentrificación, el desplazamiento), la obra lo adorna. El drama de la migración y la pérdida de la raíz, que es la realidad cotidiana de Bogotá, se convierte en un atrezzo monumental para un acto de pura reapropiación capitalista e idealista de la ciudad. 

La obra de Erlich se transforma en una instalación muda que no grita ni perturba. En lugar de exigir resistencia, convierte a los habitantes en simples turistas de su propia miseria, que transitan la ciudad sin interpelarla, cumpliendo el sueño dorado de todo funcionario público: crear un mitodato visual sin valor ideológico real. 

Quizás Bogotá, incluso con la promesa del Metro que duró ochenta años y la fugaz alegría de una Bienal de la Felicidad, seguirá siendo un censo de ausencias con carné corporativo. Un laberinto de oficinas donde las sombras marcan tarjeta y la única cita con el destino es, al final, solo un buzón de voz sin respuesta. Allí se revela que ningún desarraigo es autónomo; todo se sostiene precariamente de algo más, aunque ese algo sea una infraestructura temporal y pagada por el establishment, como la obra de Leandro Erlich. Su casa se eleva como una oración surrealista que solo muestra "lo que algún día fue", a pesar del relato oficial. 

Así, la verdad de la ciudad no residía en las sombras que esperaban la hora pico ni en las plegarias heladas de la Basílica. No. La verdad, viscosa y real, se había manifestado en un acto de insolencia estética. La casa suspendida sobre el templo —ese hogar profano y liviano sostenido por una grúa— era el espejo de la crisis: la arquitectura de la fe confrontada por el arte de la huida. La instalación es la negación absoluta. Es la divinidad que logramos desprender de su custodia, el acto final de la astilla que perfora nuestras entrañas para recordarnos que el horror no está en lo que nos persigue, sino en lo que, finalmente, dejamos escapar de lo sagrado: el grito de nuestra propia y terrible humanidad, o tal vez la promesa del refugio. Y la noche, en Bogotá, siempre será más fría para los que no tienen a dónde volver; a ese cosmos y cuna de la ensoñación, la trinchera que construimos diariamente con la vida.


Detén los relojes, quita los espejos.
Cubre todos los muebles con sábanas blancas.
Abandona la idea del hogar
protegiéndola del polvo que baila en el haz de sol desde la infancia.
Congela las luces de la casa
y pon todo el sonido dentro del silencio.
Álvaro Hernando Freile. Exilio(Fragmento) Del libro Mar de Varna, 2021.

Fotografía: ©ArtistasZona, octubre de 2025. "Pulled by the Roots" (Arrancado de raíz -Instalación-), Leandro Erlich. Bienal Internacional de Arte y Ciudad, BOG25.

domingo, 26 de octubre de 2025

ELIXIR DE IDENTIDAD Y LA MERCANTILIZACIÓN DEL GOCE: UNA CRÍTICA A AFROSTIVAL DE CARMENZA BANQUERA EN LA BIENAL DE BOGOTÁ


El Placer Químico y el Humor Procaz 

Hay ciertos recuerdos adolescentes que solo el tiempo logra curar o, al menos, maquillar con una capa de humor cínico, procaz y una jerga de la transgresión que servía como ensayo social para abordar el erotismo y el deseo. En el colegio, nuestro rito de cortejo se manifestaba en la burla. El erotismo no se declaraba con poemas, sino con una fórmula química prestada de algún chiste de grueso calibre; por eso, le decíamos a nuestras compañeras, con un desafiante sonrojo, pero a manera de sugerencia abierta e irónica, que si querían le aplicábamos una "inyección de Vergaminol Compuesto"

La anatomía del humor procaz, en esta frase de doble sentido, opera como un dispositivo: la expresión, prestada de un chiste, funciona como una máscara. Al evocar el lenguaje de la calle y del lumpen, lográbamos una risa liberadora entre pares, pues la vulgaridad rompía la rigidez del entorno escolar y la procacidad, al ser desproporcionada, neutralizaba el miedo a la sexualidad, volviéndola un juego. 

Por otro lado, la ironía de la "solución química" radica en el sufijo "-ol" o "-ina", que remite inmediatamente al lenguaje farmacéutico. El deseo, el placer o la performance sexual se rebajan a la categoría de un compuesto químico inyectable. Este humor es una sátira inconsciente de la modernidad: se necesita un "potenciador" para lograr lo que la naturaleza o la espontaneidad no garantizan. El erotismo se diagnostica y se medica, revelando la primera capa de su mercantilización. 

El Maletín Echolac y la Promesa de la Potencia 

Esa misma fe en el elixir y el placebo se extendía a la vida adulta, aunque con un aire de conspiración mucho más serio. Recuerdo a mi abuelo, José de Jesús Amaya Portillo, un riodorense y chef en los campamentos de la Shell Oil Company en Barrancabermeja. Su templo no era una iglesia, sino la pastelería Nevada, donde, una vez al mes, se encerraba con el visitador médico. 

El ritual era solemne: el maletín Echolac se abría como el Arca de la Alianza, revelando frascos y cajas que, según el vendedor, venían del extranjero y prometían nada menos que una "mejor calidad de vida". Por supuesto, la estrella eran los potenciadores sexuales, los Viagras analógicos de los años 70. 

El humor aquí es irónico y melancólico. El vendedor no comercializaba simplemente el placer; vendía la garantía de la virilidad, la cual, asumida ya como un bien de consumo, debía ser preservada con química sofisticada. La potencia se había vuelto una mercancía con su propio dealer


AfroStival y la Reducción del Deseo a Estigma Étnico 

Hoy, la mercantilización del placer ha mutado: quien no ha jugado en la intimidad a inventarse afrodisiacos como el "arrechol" para despertar el deseo, sobre todo cuando se autoimpone la elevada exigencia de dar placer. Es en este contexto que se inserta la obra de la artista caleña Carmenza Banquera, AfroStival (Ready-make, vidrio, impresión digital y video, 2017), exhibida en la Bienal de Bogotá, la cual, paradójicamente, produce un efecto opuesto al goce. 

El texto curatorial indica que AfroStival es un "elixir" ficticio que promete a quien lo consuma la capacidad de bailar, gozar y disfrutar "como un verdadero negro". El sarcasmo, supuestamente, critica los imaginarios colectivos que niegan la existencia afrodescendiente, encapsulándola en un estereotipo performático de placer y ritmo. Sin embargo, la obra, al intentar satirizar el racismo que reduce la identidad a la fiesta, corre el riesgo de caer en lo que algunos podríamos llamar el suprematismo esencialista, viendo el mundo exclusivamente a través del lente étnico. 

La postura de la artista es comprensible en un país como Colombia, marcado por una historia de exclusión en el desarrollo nacional, que marginó a gran parte de los territorios y las comunidades afrodescendientes y donde aún subsiste un racismo soterrado que se manifiesta en ciertas regiones, estratos sociales y ámbitos políticos. 

Esta realidad se ilustra con ejemplos lamentables de la política antioqueña. El entonces diputado uribista Rodrigo Mesa Cadavid generó indignación nacional cuando, en plena sesión de la Asamblea de Antioquia, afirmó que invertir recursos en el Chocó era "como perfumar un bollo". Esta declaración, emitida alrededor de mayo de 2012, fue ampliamente condenada por su percepción despectiva, racista y clasista hacia la región y sus habitantes. 

Doce años después, una expresión similar reavivó la controversia. El concejal uribista en Medellín, Bernardo Alejandro Guerra Hoyos, utilizó la misma frase en una intervención el pasado 28 de agosto de 2024, al señalar: "Cuando dicen que es que esa persona negra, con el respeto que me merecen todos, es que si usted tiene a un a una persona negra, con ese color, es como perfumar un bollo, eso no tiene arreglo"

El uso idéntico de la expresión despectiva "perfumar un bollo" por ambos políticos antioqueños de ultraderecha resulta particularmente significativo. Si bien en el contexto colombiano esta frase vulgar connota la inutilidad de un esfuerzo, al aplicarse directamente a la raza o a regiones predominantemente afrodescendientes, como el Chocó o las personas negras, adquiere un profundo y lamentable carácter racista y discriminatorio. 

En este contexto histórico y con estos ejemplos de racismo explícito, la posición adoptada por la artista resulta no solo comprensible, sino necesaria. 

Pero en esta perspectiva se vuelve problemática cuando analizamos el erotismo bajo las lentes filosóficas. ¿Acaso el goce y el placer son temas exclusivos de lo étnico? ¿Es necesario ser afrodescendiente para alcanzar esa jouissance que Barthes definía como la pérdida de sí? 

Desde la perspectiva de Georges Bataille, el erotismo no es una simple satisfacción fisiológica, sino una ruptura de la continuidad, una experiencia de la transgresión que nos conecta con la animalidad y la muerte. Para Octavio Paz, el erotismo es una metáfora corporal, una búsqueda de la unidad perdida a través del otro. 

Al reducir el goce a una fórmula ("bailar y gozar como un verdadero negro"), la obra de Banquera, irónicamente, se alinea con la lógica del mercado que dice criticar. El erotismo y el goce se convierten en una especialidad medicinal étnica, un placebo identitario que condena al "otro" (al no-afro) a la antimateria de la carnalidad, al vacío del deseo. 

Si el deseo es una pulsión que palpita y entibia hasta el alma, si es, como postulan Paz y Bataille, un juego para la rendición honrosa de una batalla mística que se pierde con antelación, ¿qué cuestiona realmente Banquera? 


El Frío Merchandising de la Crítica 

La crítica a la mercantilización del placer requiere una estrategia de marketing visual que, como en el Luxury and Degradation de Koons o el humor crudo de Toiletpaper de Cattelan, utilice el kitsch o el shock para desarmar la solemnidad del consumo. 

El merchandising de AfroStival, con su escenificación como botica de recipientes de vidrio (similar al concepto de los Medicine Cabinets de Hirst), resulta frío y predecible. Esta dispersión formal enfría todo deseo y no logra reflejar la cultura pulsante que dice representar. Su pragmatismo utilitarista cosifica la relación étnica en un intercambio o transacción, justo como la sociedad contemporánea mercantiliza toda relación afectiva en un trueque económico de "bienestar por piel". Así es la confabulación de los polvos, misas negras y veladuras de Enmanuel que Doña Leo, la costurera de San Carlos, le compra para espantarle a su hija cualquier hombre que no le garantice el mejor de sus negocios. Con ello, por fin, lo logró y triunfó, aunque se les haya infectado hasta el alma, según murmuran los de Algo-rrobo.

Y el otro tema es el humor. Banquera se propone abordar críticamente los estereotipos a través del humor y la ironía. ¿Y dónde está? Quizás el humor se ha perdido en la necesidad de ser altamente intelectualizado, de ser una simple hipérbole que no sorprende al espectador. El verdadero humor, al hablar de la felicidad o el goce, debería ser una expresión directa del bienestar o de la subversión de lo establecido. Aquí, lamentablemente, el dispositivo crítico es tan aséptico como la pastelería donde mi abuelo buscaba el elixir de su virilidad. La obra termina siendo una etiqueta más, un nuevo producto para el mercado de la identidad. 

Adenda: sobre el erotismo y otras arandelas 

¿Acaso el deseo no va mucho más allá de la materialización del instinto, del acto de penetrar o dejarse penetrar, de la animalidad que llevamos por dentro? ¿No supera la simple satisfacción fisiológica —medida por la imposición cultural de los medios de información— de lo que significa la empalagosa y suculenta danza de los cuerpos que se entregan a una muerte momentánea y sucumben a sus más profundas perversiones, o a las búsquedas contradictorias que cada uno ha interiorizado como prioridades de vida? 

¿Acaso el deseo no es también el comercio y la religiosidad de la economía con que nos entregamos a la otredad por necesidad, obligación o esclavitud, disfrazando eso que llamamos bienestar o equilibrio? Como si, al final, el deseo no se convirtiera en nuestra propia derrota mística y en la expiación de la rabiosa culpa por lo no alcanzado o lo vivido. 

¿No es el goce el estigma de una espiritualidad que nos hace sangrar el alma y se nos vende como fórmula del éxito, y que compramos como misas, ritos, velas, pócimas o manipulación energética (brujería) para retener o espantar a las aves tóxicas del mal agüero? 

Y al final, después de todo, ¿cómo llegamos al melodrama y al escenario del otro, a consumar el acto del sacrificio al que ni siquiera hemos sido invitados, con el que simplemente tropezamos o que elegimos con saña y trampa? 

¿No es el erotismo tan solo un juego para la rendición decorosa y digna de una batalla que se pierde con antelación, o una forma de trascender que no es otra cosa que encontrarse con uno mismo, de plantearse un diálogo no sobre los futuros posibles, sino sobre el presente como acto de creación o como manifestación de toda la divinidad humana? 


Fotografía: ©ArtistasZona, AfroStival, Carmenza Banquera (Ready-make, vidrio, impresión digital y video, 2017). Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá, BOG25, octubre de 2025. (1) Tatiana, mi laboratorista del deseo.