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jueves, 25 de junio de 2026

LA PARODIA DEL "PRE-ALISTAMIENTO": CUANDO LA CULTURA EN SANTANDER SE VISTE DE CAMUFLADO Y PRISA ADMINISTRATIVA


Ayer asistimos, entre réplicas de temblores reales y sacudidas de indignación, a un nuevo y delirante capítulo de la gestión pública en el departamento: el encuentro provincial en Barrancabermeja para la formulación del Plan Decenal de Cultura de Santander (2026–2036). Un evento convocado con bombos y platillos por la Gobernación de Santander y su Secretaría de Cultura y Turismo, incluso con la presencia del Mincultura, pero que, visto de cerca, dejó un preocupante sabor a simulación y afán burocrático. 

Como periodista y trabajador del arte, es imposible pasar por alto el primer y más flagrante contrasentido: el uso sistemático de términos como “Pre-Alistamiento” en el ecosistema cultural. ¿Desde cuándo la creación, el patrimonio y la sensibilidad artística se rigen bajo la jerga cuartelaria? Unir lo militar con lo cultural es forzar un antagonismo irreconciliable. Mientras la cultura es una respuesta intrínseca de vida, la diversidad y la memoria, lo militar es un lenguaje estructurado para el conflicto y la muerte.  

Estos dos polos jamás se cruzan de manera orgánica, a menos que sea para recordar los episodios más oscuros de nuestra historia reciente: el silenciamiento y asesinato de artistas populares durante el estallido social, o el infame caso del joven grafitero Diego Felipe Becerra en Bogotá, cuyo homicidio a manos de la fuerza pública intentó ser sepultado bajo el manto de la total impunidad. Imponer una estética castrense o un léxico de filas a un gremio que respira libertad no es solo un error metodológico; es una afrenta simbólica. 

 Pero la paradoja no terminó en el lenguaje. La puesta en escena metodológica del evento evidenció un afán desmedido y puramente instrumental. Primero, no estuvo presente la provincia y el esfuerzo se dilapidó; además, la dinámica parecía diseñada no para escuchar, sino para liquidar el requisito: una carrera contra el reloj para que los asistentes —artistas, gestores y creadores que llegaron a las instalaciones de la Megaludoteca— dejaran rápidamente algunos insumos, llenaran formatos y justificaran el indicador de gestión de la Gobernación. 

 Lo grave es el vacío de fondo. No hubo una presentación seria por parte de los delegados del gobernador sobre cuáles son sus verdaderas apuestas culturales, ni se socializó qué quedó consignado en el Plan de Desarrollo Departamental para este sector. Tampoco se habló de los avances o la evaluación del Plan Decenal que se encuentra vigente, porque nunca partimos de cero. Mucho menos lo hicieron los delegados del ministerio o el Diputado de Santander, Darwin Vargas. Ante este escenario, saltan las preguntas obligadas: 

¿Cuál es, verdaderamente, la apuesta cultural de Santander y de su actual Gobernador Juvenal Díaz Mateus? 

¿Existe una postura estética e incluyente desde el Departamento, o solo una réplica de visiones centralistas y petrificadas, como hoy sucede? 

¿Cuáles son los escenarios reales de desarrollo cultural e infraestructura que se proponen para el territorio?

¿Qué define el Departamento como sus objetivos culturales dentro del actual cuatrienio? 

¿Qué vinieron a validar los funcionarios de la Gobernación de Santander, el Mincultura y el Diputado?

¿Por qué el Secretario de Cultura del Distrito de Barrancabermeja, Alexis Guerrero Sánchez, no asistió? 

¿Qué vinieron a justificar en Barrancabermeja, una ciudad históricamente golpeada pero digna en sus procesos artísticos? 

Sin una propuesta clara en el tablero, la jornada pareció más un ejercicio de validación exprés y autocomplacencia institucional que un diálogo democrático. Para planificar una década de cultura, se necesita sensibilidad, escucha y respeto por el pensamiento crítico; no un "alistamiento" a marchas forzadas para llenar planillas de asistencia.