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domingo, 12 de mayo de 2024

EN EL DÍA DE LA MADRE, A LAS VÍCTIMAS DE LOS GENOCIDAS


Un abrazo solidario, nuestra admiración por su valentía e indeclinable paso por la historia: a las valerosas madres palestinas, iraníes y libanesas martirizadas por la codicia expansionista del sionismo del gran Israel patrocinado por la mafia globalista de occidente; a las madres colombianas víctimas del genocidio de los 7.837 jóvenes asesinados por la seguridad democrática de Álvaro Uribe Vélez.

Igualmente, a las de los 80 jóvenes asesinados por Iván Duque en el estallido social, la del estudiante Dilán Santiago Cruz Medina masacrado en Bogotá por alzar su voz durante la alcaldía de Claudia López, la del grafitero Diego Felipe Becerra ultimado por la espalda por la Policía mientras intentaba hacer poesía en las paredes de la capital del país; la de los niños bombardeados por el exministro de Defensa Diego Molano, quien los calificó como "Máquinas de guerra" y las más de 300.000 mil víctimas de los desaparecidos durante los 60 años del conflicto armado interno y del terrorismo de Estado.

También, a las madres mexicanas, a las de los 42 estudiantes normalistas de Ayotzinapa asesinados; a las de la Plaza de Mayo, a las ecuatorianas, peruanas, bolivianas, chilenas, venezolanas, cubanas, nicaragüenses y las del continente que han sido víctimas del apartheid y la exclusión social por esta derecha asesina y mafiosa que intenta legitimarse a como de lugar en el poder para seguir entregando los recursos naturales a las multinacionales extranjeras y continuar el saqueo de los recursos públicos de todos los pueblos suramericanos. 

Y las anónimas, que hoy no guardan silencio frente al secuestro de sus hijos por la codicia de la guerra. 

Y a las que siguen vivas gracias por estar a nuestro lado…

Hoy el capitalismo despliega su maquinaria simbólica para transmutar lo sagrado en mercancía, vaciando de contenido profundo los vínculos humanos para reducirlos a gestos de consumo. La frase “Madre no hay sino una, padre puede ser cualquier hijueputa…” —popularizada por la cultura traqueta paisa de Medellín— no es una simple licencia poética, sino un síntoma de una crisis moral profunda: en ella se articula un desprecio sistémico hacia la figura paterna, mientras se sacraliza a la madre como un ícono intocable, casi mariano, que otorga bendiciones incluso a quienes siembran muerte. Este relativismo moral, donde se mata y luego se pide perdón de rodillas ante la Virgen, revela una fractura antropológica: lo divino se instrumentaliza para justificar lo atroz, y lo banal se disfraza de tradición. 

Las rosas blancas marchitadas que ilustran el artículo no son un adorno, sino una metáfora visual de esa simulación: el capitalismo nos ofrece flores muertas como gesto de amor, mientras instala una anomia social donde la familia tradicional —ya ausente incluso en las series de televisión— se desdibuja. En este escenario, la identidad misma se ha fragmentado en mil máscaras consumibles, y el discurso dominante nos susurra: “Busca en la que tú estás, porque tú no eres lo que pareces ser, no eres otra cosa”. Así, la celebración se convierte en ritual vacío, y el reconocimiento de lo que somos, en una pregunta que ya nadie quiere responder.

Fotografía: ©ArtistasZona, mayo de 2024.