DIÁLOGO E INVESTIGACIÓN CULTURAL

viernes, 6 de abril de 2012

BUCARAMANGA CIUDAD Y MUERTE: OCHO LONCHERAS QUE EL PROGRESO SE TRAGÓ








Desde Adentro  

Por. Victor Hugo

El 16 de marzo, ocho loncheras se enfriaron en la acera de la calle 35. Los obreros del Edificio San Lucas no almorzaron. El cemento del piso 12 se llevó el apetito y los nombres: Gabriel, Samir, Mauricio, Jhon, Luder, Pedro, Albeiro y el otro Mauricio.  Hoy, un mes después, la constructora sigue vendiendo apartamentos y la acera ya no tiene flores. Solo polvo. El mismo polvo que se tragó a los ocho. No eran farándula. No eran ministros. 

No salían en televisión. Eran los que cargaban el cemento que otros venden por metro cuadrado. No estaban en la lista de los falsos positivos ni en los escándalos de parapolítica. Ocho nombres que no le dicen nada a la mayoría de los bumangueses. Ocho nombres que le dicen todo a la acera. 

El precio del metro cuadrado


Benjamin decía que la historia la escriben los vencedores. En Bucaramanga, los vencedores escriben planos de ordenamiento territorial. Los obreros quedan en la nota del viernes, entre la publicidad del fin de semana. 

La ciudad se jacta de ser "la bonita". En diez años, el precio de la vivienda subió un 500%. Más rápido que el salario mínimo. Más rápido que el ladrillo que cayó del piso 12. En la carrera 25 con calle 35, donde hoy se alza el Edificio San Lucas, antes había casas patrimoniales, de teja y corredor, entre la 21 y la 27. Hoy hay vidrio y cemento. Hoy hay ocho nombres que no entran en el plano. El almuerzo del obrero sigue a cinco mil pesos. El tinto, a mil. Y el Botero de bronce que compró el alcalde Fernando Vargas —tres mil millones de pesos del erario municipal— sigue en la plaza, inmóvil, mirando hacia el lado contrario del edificio que se cae. 

En esta misma ciudad, hace tres años, una cabeza de bronce sin autor daba sombra a quien vende minutos de celular. El cemento no recuerda. El cemento se agrieta y huele a orín. Y aquí sigue, sin firma, sin nombre, sin los ocho. 

La lavandería


Canclini nos enseñó que consumir no es pasivo. Comprar un apartamento en San Lucas es un acto de memoria: la memoria de quienes no quieren saber quién pagó el cemento con la espalda. Pero aquí nadie consume memoria. Se consume ladrillo. Se consume vista. Se consume "el mejor vividero del mundo". 

Zizek decía que hoy todos sabemos que mienten, y aplaudimos igual. En Bucaramanga aplauden los que compran. Los que venden. Los que aprueban planos en la Curaduría Urbana. Todos saben que el edificio creció sobre una ciudad sin infraestructura, sin agua, sin respeto. Todos saben que las torres son la fachada de una burbuja que explota en la espalda de quien no tiene dónde vivir. Todos saben que aquí se lavan activos, que se lavan muertos, que se lavan las manos. Pero el espectáculo de la "ciudad bonita" sigue: las grúas, los avisos de "entrega inmediata", el olor a cemento fresco que tapa el olor a cemento podrido. 

Lo que sobra 


Nelly Richard decía que lo que sobra es lo que no entra en el museo. En Bucaramanga, los ocho sobran. No entran en el Plan de Ordenamiento Territorial. No entran en el discurso del progreso. No entran en la foto del Botero. 

El 16 de marzo, ocho casacas quedaron colgadas en el cuarto de herramientas. Hoy, un mes después, el Edificio San Lucas tiene nuevo andamio. En la acera, alguien dejó una botella de tinto vacía. No es ofrenda. Es lo que sobra cuando la ciudad construye sobre la muerte y vende la vista como si no hubiera acera.

¿Hay una "torre de la muerte" en tu barrio? Esa construcción que crece mientras el vecino se hunde... Muéstranos en los comentarios. La periferia se construye con esas aceras.

Fotografía: ©Artistas Zona, 2012. “Las torres de la muerte”, Homenaje a los obreros muertos el 16 de marzo en la construcción del Edificio San Lucas de Bucaramanga.

2 comentarios:

Mauricio García Ortíz dijo...

¿Sabéis lo que mata tres veces más que una guerra? El trabajo. El trabajo también mata más que el alcohol y las drogas.

Tal vez sea necesario que invirtamos más tiempo en tirar de las orejas a los responsables de la seguridad en nuestros puestos de trabajo. Porque 2 millones de personas mueren cada año en accidentes o por enfermedades relacionados con el trabajo.

A nivel mundial, los trabajos más peligrosos son la agricultura, la minería y la construcción.

Para calcular el riesgo de muerte se emplea lo que se llama la escala de Duckworth, creada por el doctor Frank Duckworth, editor de la revista Royal Statistical Society. La escala mide la posibilidad de morir como resultado de una determinada actividad. La tarea más segura puntúa 0. La que puntúa 8 equivale a una muerte segura.

En base a ella, el juego de la ruleta rusa(suicidio) implica un riesgo de 7,2.

20 años practicando alpinismo conlleva una puntuación de 6,3.

La probabilidad de morir asesinado puntúa 4,6. Un trayecto de 160 kilómetros en coche, en condiciones normales, puntúa 1,9.

Mauricio García Ortíz dijo...

¿Sabéis lo que mata tres veces más que una guerra tipo? El trabajo. El trabajo también mata más que el alcohol y las drogas.
Porque 2 millones de personas mueren cada año en accidentes o por enfermedades relacionados con el trabajo.
Para calcular el riesgo de muerte se emplea lo que se llama la escala de Duckworth, creada por el doctor Frank Duckworth, editor de la revista Royal Statistical Society.

Post Top Ad

Your Ad Spot

Pages

SoraTemplates

Best Free and Premium Blogger Templates Provider.

Buy This Template