Jonathan Stivel Vásquez Gómez y Alexis Sánchez Guerrero han logrado lo que ningún físico ha podido: sostener un universo paralelo sin que se desplome. No con aceleradores de partículas, sino con prebendas. No con ecuaciones, sino con excusas. Frente al esfuerzo de artistas y gestores que desde 1980 intentaron dignificar esta ciudad —y que la misma clase política sepultó—, ellos optaron por algo más modesto: construir una realidad donde el colapso nunca llega porque nadie mira dos veces.
Este "significativo avance" quedará en los anales de la ciencia local. La academia porteña ya constituyó un comité de expertos para revisar el hito. El punto de inflexión empírico revela no solo superposición de partículas, sino simultaneidad de estados en el discurso político —aquel fenómeno insinuado por Adam Schaff. Algunos afirman que el logro de Vásquez Gómez figura a la altura de la Interpretación de Copenhague.
Dicha interpretación dice que la realidad colapsa solo cuando la miramos. Aquí ocurre lo contrario: la realidad se multiplica. Cada vez que alguien observa, el alcalde genera otra versión de sí mismo. El universo es un lienzo de infinitas posibilidades y cada mirada produce una nueva mentira superpuesta.
Fruto de un Efecto Mandela colectivo, la corrupción en Barrancabermeja dejó de ser delito para convertirse en constante. Es la bariogénesis al revés: en lugar de materia y antimateria aniquilándose para crear energía, aquí la materia y la antimateria —la izquierda y la derecha del establishment— se abrazan para producir inercia. Así nace el Modelo Estándar Vásquez Gómez-Sánchez Guerrero: un resumen exacto de 24 años de prácticas de poder donde la función de onda no colapsa, simplemente se pudre.
En este punto es preciso advertir que, frente a la corrupción en Barrancabermeja, como diría la doctora en estética Marta Zatónyic citando a Thomas Mann: «Hondo es el pozo del pasado. ¿No sería mejor decir que es insondable?»
Los hechos que mantienen en aprietos a la administración distrital no son nuevos, pero develan el naufragio de una ciudad entregada a una "juventud barranqueña" permeada por las lógicas tradicionales de la corruptela. Si extrapolamos lo establecido por la física de partículas respecto a la aniquilación mutua entre materia y antimateria —proceso que libera la energía más peligrosa del universo—, encontramos un paralelo exacto en el despliegue del discurso político oficial. Basta examinar la noción de actualidad, el grado de veracidad y la producción de realidad que promueve Vásquez Gómez en su desesperada defensa del statu quo.
La Conjetura
Una hipótesis social nos advierte que los pueblos terminan por ser el reflejo de sus gobernantes, y que una gobernanza colectiva solo es posible cuando los líderes se convierten en ejes de cohesión para sus comunidades. Bajo esta premisa, los mandatarios son referentes que legitiman con sus actos un modelo a seguir; su performance pública establece los criterios éticos, estéticos y morales de la ciudadanía.
No resulta extraño, entonces, el escenario por el que atraviesa el puerto petrolero tras más de dos décadas de alcaldes envueltos en escándalos de corrupción que precipitaron la actual crisis social, económica, cultural y de orden público. Esta debería ser la primera variable analítica en cualquier lectura crítica sobre nuestro territorio.
Contemplar a un acorralado Jonathan Stivel Vásquez Gómez respondiendo ante los estrados judiciales por delitos como soborno a testigos no es más que el colofón de este saeculum obscurum —período oscuro— engendrado por la clase política: tanto por la ultraderecha instalada en el poder local, como por aquella que se mimetiza de progresista para asegurar una curul o una tajada burocrática en la capital del país.
Entrevista
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| El gesto lo dice todo, Entrevista al alcalde de Barrancabermeja Jonathan Stivel Vásquez Gómez |
En la entrevista de referencia, el lenguaje no verbal y corporal de Vásquez Gómez resulta revelador. Aquello que habita en el encuadre pero no se pronuncia emerge con claridad para cualquiera que posea una mínima capacidad de análisis sobre microexpresiones, imagen y morfopsicología.En Modos de ver, John Berger nos recuerda:
«El acto de ver viene antes que las palabras. El niño mira y reconoce antes de poder hablar. Pero también hay otro sentido en el cual el acto de ver viene antes que las palabras. Es ver lo que establece nuestro lugar en el mundo que nos rodea; explicamos ese mundo con palabras, pero las palabras nunca pueden deshacer el hecho de que estamos rodeados por él».
El mandatario sostiene el mismo libreto de su campaña: "los malos son los otros". Quienes no se alineen con su estructura clientelar pertenecen automáticamente a "las mafias políticas"; él se representa como la única víctima de un entramado persecutorio —al mejor estilo del expresidente sub judice Álvaro Uribe Vélez—, donde cualquier interpelación es leída como una afrenta personal. Su "verdad" se sostiene en encuestas pagadas por su propia coalición, al punto de argumentar que la legitimidad de los comicios quedó sellada tras los más de 50 allanamientos realizados por la policía.
No dista de la realidad afirmar que Vásquez Gómez habita aún en la lógica de la contienda electoral. Durante la transmisión, su corporalidad delató un nerviosismo estructural: evasión de la mirada frontal hacia la cámara, resequedad constante en la garganta, ocultamiento de las manos y la apelación a un tono de voz "bonachón" —rasgo recurrente en fenotipos discursivos que buscan apaciguar la tensión social—. Sumado a esto, el encuadre en plano contrapicado buscó imponer una jerarquía artificial que solo terminó por acentuar el distanciamiento con el espectador.
La retórica del alcalde es la de un actor político cuya credibilidad se desmorona y que recurre a cortinas de humo para distraer, perpetuar imprecisiones y victimizarse. Vásquez Gómez parece víctima de un pésimo asesoramiento o de la soberbia propia de quien cree saberlo todo, donde la juventud actúa como catalizador de riesgos innecesarios.
El cierra de los espacios
Mientras tanto, la agenda del gobierno distrital opta por clausurar los espacios de concertación social para imponer una visión unívoca de ciudad.
Así ocurrió con el Consejo Menor Comunitario de las Comunidades Negras, Afrodescendientes, Raizales y Palenqueras (NARP), quienes, tras haber conquistado mediante una acción de tutela el derecho a la Consulta Previa sobre el Plan de Desarrollo, vieron cómo la administración dilató el proceso mientras negociaba proyectos y vínculos burocráticos con algunos de sus voceros. Varios de estos líderes terminaron por ceder la dignidad del movimiento social a cambio de prebendas; pues, como señalan sus propios críticos, su postura ideológica llega hasta donde empieza la chequera. Así lo confirmaron tras una reunión con el secretario de Cultura, Alexis Sánchez Guerrero:
«Le cuento que esta reunión es para tomar los ofrecimientos que plantee la Alcaldía… El líder dice que hay que tomar lo que ofrezcan, peor es nada.»
«Le cuento que esta reunión es para tomar los ofrecimientos que plantee la Alcaldía… El líder dice que hay que tomar lo que ofrezcan, peor es nada.»

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