DIÁLOGO E INVESTIGACIÓN CULTURAL

martes, 11 de agosto de 2026

LEPIDÓPTERAS DE LATA: LA GRAN MIGRACIÓN QUE NO PUDO POLINIZAR EL PUERTO


Elogio de las mariposas oxidadas del Coliseo Castellanos


PRÓLOGO: La Gran Migración del Norte


Cuentan los mayores que no vinieron volando, sino ensambladas. Llegaron en una migración tardía del norte, empujadas por vientos que ya no reconocían los cielos, como las Monarcas en busca de refugio. Pero estas viajeras no encontraron bosques de oyamel; encontraron el asfalto, el concreto y el olor a fritanga del puerto petrolero. Atraídas por la tierra cálida y la luz vertical que promete desplegar sobre el metal todo el esplendor de sus colores y decidieron establecerse en el Coliseo Luis F. Castellanos.

Eran el adorno perfecto para el paisaje de la posnaturaleza: en una ciudad donde el petróleo ya se tragó el río, la solución del urbanista fue clavar mariposas de hojalata en el concreto. Llegaron como tótems contemporáneos, monumentos a una biodiversidad sustituida, prometiendo embellecer lo que el cemento y la refinería le arrebataron a la ciudad. 

Pero hubo un problema: no alcanzaron a polinizar. Ni las mentas, ni las mentes, ni las sensibilidades de los ciudadanos que se tropezaban con ellas. 


ACTO I: El Canario en la Mina Ecológica 


Hoy, estas mariposas descansan en un estado de ruina que debería avergonzarnos. Observemos su decadencia. Al mirarlas de cerca, el ojo descubre que el brillo inicial se ha convertido en una nueva pigmentación: la del olvido. La pintura original cede paso al desgaste, revelando la fragilidad de nuestro intento por reemplazar lo vivo con lo construido. 

En la era del cambio climático, estas mariposas se han transformado en el Canario en la Mina Ecológica. Nos demuestran lo frágiles que somos como sociedad y la terquedad con la que nos resistimos a entenderlo. Ante la imposibilidad de sostener la vida real, insistimos en crear nuestro propio universo de objetos sustitutos, convirtiendo el entorno en un desierto donde solo proliferan los paisajes construidos. Cuando un artista mira una mariposa, no habla de entomología; habla del tiempo que se nos escapa entre las manos y de la tensión eterna entre la belleza fabricada y su inevitable pudrición. 

Ningún otro ser vivo —real o de metal— ha soportado tanto peso simbólico sobre unas alas tan frágiles.

ACTO II: El Aleteo Frustrado (Teoría del Caos Criolla) 


En 1972, Edward Lorenz formuló la Teoría del Caos preguntándose si el aleteo de una mariposa en Brasil podía desencadenar un tornado en Texas. Las lepidópteras del Coliseo, sin embargo, jamás alcanzaron a generar su propio Efecto Mariposa. Ningún aleteo de estas estructuras rígidas logró sacudir la sensibilidad de los ciudadanos, y mucho menos la de la clase política. 

Atrapadas en la tradición colombiana del alcalde de turno —esa costumbre nefasta de dejar morir las obras del antecesor para que brillen las propias—, las mariposas cayeron en la trampa del abandono programado. Liberaron sus feromonas de óxido y pigmento rancio, pero no alcanzaron a seducir las miradas de quienes tropezaban diariamente con ellas. 

A un costado de estas mariposas oxidadas, la alcaldía acaba de inaugurar el flamante Parque Distrito Urbano. Un skatepark que atrae miradas y votos. Las mariposas, en cambio, se convirtieron en mobiliario fantasma. 

En Barrancabermeja no hubo tornado de conciencia. El Canario en la Mina Ecológica nos había demostrado lo frágiles que somos; las mariposas del coliseo confirman que nos resistimos a escuchar. 



EPÍLOGO: El Arte de Desaparecer 

Cuando el pintor —un Redon o una Kusama— mira a una mariposa, ve explosión: una explosión de color, de patrón, de infinito visual. El escritor, sin embargo, mira a la mariposa y ve desaparición. La literatura siempre se ha apoderado de la mariposa por dos razones: su capacidad de metamorfosis y la brevedad de su vida. 

 Hoy, estas mariposas del Coliseo ya no son un mero objeto decorativo ni una instalación funcional; se han convertido en el cuerpo mismo de la ruina. El arte ha dejado de representarlas para empezar a usar su propia decadencia como material. Son el testimonio silencioso de nuestra deriva: la confirmación de que, al extinguir el mundo natural, solo nos quedará habitar la nostalgia de nuestros propios paisajes artificiales. 

¿Cómo atrapas el aire? Ya no puedes. La prosa contemporánea usa a la mariposa como metáfora política, y qué mejor metáfora que estas alas oxidadas en el puerto: el vuelo truncado, la belleza que se pudre por decreto, y el paisaje artificial que, poco a poco, va reemplazando el alma de la ciudad. 

Esperando que el tiempo —o la desidia— termine de devorarlas. 

Nota: Este ensayo visual continúa la línea de reflexión sobre la memoria urbana y el entorno artificial en Barrancabermeja iniciada en «En Barrancabermeja: paisajes construidos»

Fotografía: ©ArtistasZona, Barrancabermeja, 2026.
¿Hay una "mariposa de lata" en tu barrio?

Esa obra pública que nadie mira, que el alcalde olvidó, que el tiempo oxida...

Muéstranos en los comentarios. La periferia se construye con esas miradas.

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