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jueves, 19 de febrero de 2009

EL ARTE Y LA HISTORIA




Fundadores de Bucaramanga: bronce, espada y el tinto que nadie les ofreció
Por Victor Hugo.

El bronce pesa tres toneladas y huele a nada. Los fundadores de Bucaramanga —conquistador, fraile, indígena con cuchillo de madera— vigilan la entrada de la Alcaldía desde hace años sin que nadie les haya ofrecido un tinto. Ni siquiera en el Bicentenario, cuando la ciudad se vistió de papel crepé y discurso para celebrar lo que ellos supuestamente iniciaron. A tres metros, una señora vende arepas de huevo a mil quinientos pesos. Los fundadores no compran. No comen. No fundaron nada: solo ocupan el espacio donde podría haber una sombra útil. 

La pregunta no es quién los hizo. La pregunta es quién los pidió. 

Frente a la Alcaldía, bajo el sol que quema el cemento, la estatua funciona como decoración de oficina gigante. No es monumento; es mueble. Los turistas le toman foto porque está ahí, no porque sepan los nombres. Los funcionarios pasan de largo. Los perros, en cambio, sí se detienen. 

Barthes decía que lo obvio es lo más peligroso. Esta estatua lo demuestra: nadie cuestiona por qué un conquistador con espada sigue de pie frente a la casa del alcalde en pleno siglo XXI. Lo obvio es que el bronce no discute. No pide presupuesto, no vota, no reclama cuando la lluvia le oxida la nariz. Es el empleado público ideal: presente, inmóvil, eternamente de guardia. 

Canclini nos enseñó que consumir no es pasivo. Pero aquí nadie consume: solo soporta. La estatua no se vende, no se mira, no se discute. Es el único producto del bicentenario que no devuelven porque no tienen a quién reclamar. El fraile lleva años en guardia sin que nadie le confiese. El conquistador blande una espada que nunca conquistó nada: ni una sombra, ni una mirada, ni un tinto. El indígena alza el cuchillo de madera contra un enemigo que ya ganó hace quinientos años y sigue ganando cada vez que un concejal aprueba otra estatua sin preguntarle al barrio. 

¿A quién le sirven los creadores? En esta esquina, sirven a quien paga el bronce. Y el que paga el bronce no es el de la arepa de huevo. Es el que nunca come en la calle. Ticio Escobar escribió del arte de los no-lugares. Esta estatua vive ahí: en el no-lugar donde el arte público se convierte en mobiliario urbano que nadie pidió pero todos pagan con el impuesto y el silencio. 

La pregunta seguía en el aire. Nueve meses después, en la plaza Galán, encontraría respuesta en otra cabeza de bronce que tampoco nadie pidió.

El sol baja. La señora recoge la arepa que sobró. Los fundadores se quedan, verdes, firmes, inmóviles, mientras la Alcaldía apaga las luces y el bicentenario sigue en otra parte. Nadie les dejó la llave. Nadie les pidió que se quedaran.

¿Hay unos fundadores de bronce en tu plaza? Esa estatua que nadie pidió, que el alcalde inauguró con cinta y que ahora solo sirve de referencia para dar direcciones... "dobla donde están los conquistadores". Muéstranos en los comentarios. La periferia se construye con esas direcciones.

Fotografía: ©ArtistasZona, 2009. Alcaldía de Bucaramanga. Estatua de los fundadores de la ciudad. Espacio público.