







Independencia: Crisis De Un Concepto
Mucho más que la revisión de los aportes que los santandereanos hicimos al proceso de la independencia, o del carácter insurgente que plaga el espíritu rebelde —modelado por la agreste geomorfología y la impar biofísica de nuestros recursos naturales—, celebramos la capacidad de endemismos que nos particularizan. Por eso, es inaplazable reivindicar a Los Comuneros a partir de un nombre propio: José Antonio Galán. Su nombre nunca lo contiene todo, pero el sacrificio de su cuerpo desmembrado es un significante recurrente de nuestra nación.
Mucho más que la revisión de los aportes que los santandereanos hicimos al proceso de la independencia, o del carácter insurgente que plaga el espíritu rebelde —modelado por la agreste geomorfología y la impar biofísica de nuestros recursos naturales—, celebramos la capacidad de endemismos que nos particularizan. Por eso, es inaplazable reivindicar a Los Comuneros a partir de un nombre propio: José Antonio Galán. Su nombre nunca lo contiene todo, pero el sacrificio de su cuerpo desmembrado es un significante recurrente de nuestra nación.
Sin embargo, estas tierras lo han revalorizado con la creación del Estado Soberano de Santander; con las reivindicaciones que en el siglo XIX resonaron en la voz de los artesanos de “La culebra pico de oro”; y con las que en el siglo XX hicieron los obreros petroleros de Barrancabermeja por la defensa de los bienes comunes, gesta que concluyó con la nacionalización y creación de la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol). Así mismo, este espíritu emergió durante las marchas campesinas del Magdalena Medio y del movimiento Comuneros 2000 en los años 80, que levantó a las comunidades del sur del departamento.
Por eso, más allá de la epopeya, tenemos que advertir que esta genética de la libertad radical es un gesto de lealtad a su propia historia. En el eco del alma se sigue escuchando la voz del charaleño José Acevedo y Gómez, tribuno del pueblo y figura indiscutible del 20 de julio de 1810, quien con la vehemencia del santandereano manifestó:
"... Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan".
De tal manera, varios eventos de carácter histórico enmarcan la presencia de Santander dentro del contexto nacional. Así lo demuestran los hitos que atraviesan el proceso de consolidación social y el enraizado espíritu humanista que se gestó desde antes de que los españoles hicieran presencia en estas tierras y destruyeran gran parte de la cultura de nuestros ancestros; ellos, dueños de su territorio, eran conocedores del arte de hacer producir el tejido de sus sueños. Poseían la mejor riqueza: valles generosos y montañas bañadas por ríos y quebradas que fertilizaron bajo la luz de sus Dioses.
Quizás fueron los Agataes, Guanes, Opones, Carares, Laches, Chitareros y Yariguíes quienes abonaron el espíritu valiente y noble de la historia de Santander. Ese es el mismo ascendiente histórico que recorre América Latina mucho antes de la larga noche de horror que sembraron —bajo el Dios Sol y la Madre Luna— los extraños de a caballo, espadas y cruces; aquellos que, por el arte del azar, encallaron en estas tierras donde se copulaba por la noche bajo el manto de las estrellas y se parían los hijos para que caminaran libres sobre la hierba.
Tal vez por esa misma esencia de libertad, por esa genética cultural que llevan incrustada en el corazón y en la sangre los hombres y mujeres de la raza santandereana, la propuesta valerosa de Los Comuneros encontró resonancia en la región a mediados de 1781. Posteriormente, el 13 de mayo de 1857, se proclama el Estado Soberano de Santander y aparecen las constituciones provinciales. Es importante señalar que la imprenta del Socorro jugó un papel fundamental, un hecho que repercutiría significativamente en los librepensadores de la época que soñaban con la emancipación.
Esta es la genética de la libertad que hace parte de los santandereanos, la que recorre calles y senderos bajo la mirada noble de quienes siguen siendo protagonistas de su historia. A los Comuneros les recorría por la sangre este legado; en ellos, como en muchos de los hombres y mujeres anónimos de su época, habitaba el acumulado histórico. Este no es más que la esencia de la dignidad humana y, desde luego, como la mayoría de los que poblaron el país en el siglo XVIII, respondió al reto de la libertad.
Mirándolo desde el punto de vista histórico, Santander podrá decir que también es la cuna de la libertad si es capaz de seguirle aportando al país procesos sociales que permitan generar espacios para construirla. Y es que la libertad nace del reconocimiento del otro, del respeto y del ejercicio de un pacto civilista que imponga reglas claras para la convivencia y la cimentación de un Estado democrático.
Sólo así la libertad dejaría de ser una palabra para soñar. Sólo así sería una ética que haría posible la vida. Porque la ley se hace libertad cuando nace de un pacto desde la civilidad.
De ahí que el valor de lo que significa la independencia haga crisis en este territorio, donde sus palabras no sueñan, sino que propician realidades que nunca se construyeron. Hoy lloran a Llorente desde la misma latitud que hipoteca la in-dependencia en su nueva táctica de neocolonización; esa que nos cobra por lo que aún no sigue siendo nuestro: los recursos naturales estratégicos.
Hoy, una nueva colonización llega con el nombre de zoológico al país, mientras los medios de información sobrefacturan las noticias y nos extorsionan con mentiras para que las multinacionales extranjeras tomen nuevamente el control de los activos estratégicos de los colombianos y que, por cuenta de la Cooperación Internacional, se multipliquen las bases militares de EE:UU. en el territorio nacional.
Mientras tanto, se confirma que el fraude electoral es la norma y que la financiación de las campañas políticas viene de los sionistas y del narcotráfico. Además, pretenden hipotecar al país con la deuda externa a la vez que hacen ejercicios de contrición con la llamada Responsabilidad Social Empresarial (RSE), para que los grandes grupos económicos se adjudiquen exenciones de impuestos sobre la desesperanza de una nación. Por eso:
Érase una vez un florero, una fiesta y usted.
Érase una vez un país que no celebra sin usted.
Dadle, Señor, el descanso eterno…
Brilla para Colombia la luz incierta.
Fotografía: ©ArtistasZnoa, 2009, “Lloran a Llrente, 20 de Julio”