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viernes, 6 de agosto de 2010

AQUÍ VIVE LA DEMOCRACIA: EL PENDÓN QUE MIENTE FRENTE AL CONGRESO



Por. Victor Hugo

El tinto cuesta mil pesos en la esquina de la Plaza de Bolívar. A cincuenta metros, el Congreso cuelga un letrero que dice: "Aquí vive la Democracia". El vendedor de café lo lee cada mañana mientras calienta el agua. No ríe. Ya se le acabó el chiste hace años, cuando los primeros congresistas de la parapolítica pasaron frente a su puesto sin pedirle nada, ni siquiera azúcar. 

El letrero que no respira 

El pendón blanco cuelga del balcón principal como quien cuelga la ropa limpia para que el vecino no vea la suciedad de la casa. Es grande, visible, bien planchado. Desde la Plaza de Bolívar se lee perfecto: letras negras sobre fondo blanco, el contraste de quien no tiene nada que esconder. Las palomas se posan en el borde inferior, indiferentes. No leen. Solo cagan. 

Debord decía que el espectáculo convierte la vida en imagen. Aquí, la imagen es un letrero que cuelga de un balcón mientras abajo se vende café a mil pesos y se negocian votos en los pasillos. La democracia, según el cartel, vive arriba. Abajo solo vive el vendedor, el guardia con el correaje brillante, y el olor a mojarra frita que llega desde la esquina. 

Lo que el cemento sabe 

Lo cierto es que en estos doscientos años, lo que menos ha representado el Congreso colombiano es la democracia. Los últimos ocho años de legislatura bastan. Parapolítica, paramilitares, congresistas procesados por la Corte Suprema, y Álvaro Uribe Vélez empeñado en distraer con pronunciamientos incendiarios que alimentan el odio y eclipsan la verdad. 

El Congreso que se posesionó el 20 de julio ya venía cuestionado desde marzo. Algunos de sus nuevos integrantes llegaron con el mismo polvo de los paramilitares en los zapatos. Zizek decía que hoy todos sabemos que mienten, y aplaudimos igual. Aquí no aplauden: pasan de largo, compran tinto, levantan la cabeza para leer el letrero, y siguen caminando. El cinismo no necesita ovación; solo necesita que el letrero siga limpio. 

La fachada que se lava 

El edificio no solo se lava por fuera. Se lava la conciencia a punta de discursos. Mientras tanto, las leyes que salen de ahí favorecen a quienes nunca compran tinto en la plaza: los que sacan oro y petróleo sin preguntar, los que hablan de inversión desde oficinas con aire acondicionado. El 60% del país vive en la pobreza, pero el letrero sigue blanco. 

En Bucaramanga, la misma pregunta se hacía frente a un busto sin firma que daba sombra a una vendedora de minutos. El poder, en todas partes, tiene la misma costumbre: poner letreros donde debería haber sombra. 

El sol se va. El vendedor recoge su termo. Las palomas se quedan en el letrero, blancas, quietas, cagando sobre la democracia. Abajo, el Congreso apaga las luces. El letrero sigue prendido. Nadie sabe quién paga la electricidad.
 
Foto: Hugsh. 2010©. Aquí Vive...