



El Cabezón: Crónica de un busto sin firma Por. Victor Hugo
Nuestros gobernantes suelen brillar, ante todo, por sus debilidades. Una de las más recurrentes es la obsesiva necesidad de dejar una marca —supuestamente indeleble— de su paso por la administración pública.
No falta nunca la placa de bronce, o de cualquier otro material, que pretenda erigirse como testimonio indisoluble del mandatario de turno. Sin embargo, el verdadero sello del "Yo Supremo" se manifiesta en el ritual de inauguración: ese acto de populismo hierático y pintoresco donde el político toma posesión de lo público como si fuera propio. Son gestos que definen a nuestra singular clase dirigente y caracterizan su patético comportamiento dandy.
El escenario del absurdo
Un ejemplo magistral de esto es la Plaza Cívica Luis Carlos Galán, en el corazón administrativo de Bucaramanga. Nacida a finales de los ochenta como una "renovadora" idea de la élite local, surgió más de la necesidad de tener un foro para medir fuerzas con el adversario que de un interés urbanístico real.
Flanqueada por el Palacio de Justicia, la Iglesia de San Laureano y los edificios de la Alcaldía y la Gobernación, la plaza ostenta una distinción ridícula: es quizás la única en el mundo que termina abruptamente en una pared. Este muro no solo fractura el espacio, sino que anula el significado mismo de su propuesta arquitectónica original.
Memoria y sangre: Como si no fuera ayer
El nombre de la plaza es el homenaje del entonces gobernador Horacio Serpa a Luis Carlos Galán Sarmiento, el caudillo liberal del Nuevo Liberalismo asesinado aquel fatídico 18 de agosto de 1989 en Soacha. Aquel magnicidio, ejecutado por el cartel de Medellín en oscura connivencia con sectores estatales, sacudió los cimientos de la nación.
Eran tiempos de ceniza. La izquierda colombiana sufría un genocidio sistemático a manos de grupos narcoparamilitares entrenados por mercenarios extranjeros. Antes y después de Galán, cayeron Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongómez. En la misma Bucaramanga, el médico y exmiembro del M-19, Carlos Toledo Plata, era acribillado en 1984. La historia de la plaza está, pues, cimentada sobre esta tragedia colectiva.
El asalto a la estética
Años después de la inauguración de la plaza, el alcalde Jaime Rodríguez Ballesteros decidió instalar una escultura del maestro Edgar Negret. Fue entonces cuando a la "creatividad" política se le ocurrió levantar esa pared: un soporte para la obra que terminó convertido en el orinal público más caro del centro.
Pero el clímax estético llegó con el vigésimo aniversario del asesinato de Galán. El Gobernador de turno inauguró la escultura de la cabeza de Galán… perdón, el busto. El impacto visual fue tal que la ciudadanía, con su infalible instinto para el bautizo popular, redefinió el referente: —Nos vemos en "El Cabezón", dicen ahora los bumangueses.
Este gesto escultórico es hoy la hipérbole de nuestra desvencijada realidad. Aunque el Gobernador crea que su "noble intención" será motivo de orgullo para los siglos venideros, lo más probable es que a esta obra le espere el destino de tantas otras en Bucaramanga: convertirse en un transeúnte incómodo que deambula de plaza en plaza hasta terminar arrinconado en alguna esquina olvidada.
Conclusión
Pobre servicio le hizo el Gobernador al mobiliario urbano y a la plástica santandereana con este afán de inmortalidad. Quizás su prisa fue para ocultar su pésimo gusto o la funesta asesoría cultural que padece el departamento. El busto ni siquiera ostenta la firma de su autor. No sabemos si es por vergüenza ante semejante "cabezazo" o por estricto protocolo, para que el único nombre que resalte sea el de Horacio Serpa Uribe.
Coda: Actualmente, "El Cabezón" cumple una función social más pragmática que artística: sirve de refugio contra el sol inclemente para una vendedora de minutos de celular. Al final, el pueblo siempre encuentra la manera de darle un uso digno a la desmesura del poder.
Fotografías: ©ArtistasZona, 2009.
1 y 2. El Cabezón.
3. Panorámica de la Plaza Luis Carlos Galán.
4. La Pared: Escultura-orinal.
5. Nuevos usos sociales: Cabeza es cabeza, una sombra bajo el sol.
5 comentarios:
...Que Joda tan arrecha, la de algunos paisanos, si asi le metieran mente para hacer, hacer cosas realmente productivas y agradables para nuestro terruño querido, y con esto, no me refiero a la escultura, a la que alguien le puso empeño, me refiero a los criticones que ni en plastilina bolitas hacen...
solo me imagino como les quedaria la cabeza de grande jalandose tal texto...
Buen punto. Muchas gracias por su valioso aporte. Aunque, sigo pensando en la hipérbole, la misma que no se puede esconder porque esta frente a todos.
la cabeza no está del todo mal....lo que si es terrible, es el cuello...quedó reducido a un simple alfiler...para pinchar....el cubo que tiene de base...un verdadero escultor podría opinar mejor que yo....en realidad, este debe ser "el mejor cabezazo" de Horacio en mucho tiempo! (cabezazo contra el mundo!...se fue de jeta....o de cabeza...como quieran...que escultura tan fea!)
LA ESCULTURA ESTA BIEN LOGRADA,LO QUE PASA ES QUE LA VISION QUE SE DA ACA MUESTRA SOLAMENTE ENVIDIA, SARCASMO,TODO ESTO FRUTO DE LA IGNORANCIA LA VERDADERA ESCULTURA NO ES PARA SER BONITA EN EL ARTE LO QUE IMPORTA ES EL LENGUAJE.eN SU ARTICULO USTED DEBERIA DECIR YO CREO, YO OPINO.........PUES SU CONCEPTO ES SUBJETIVO Y PUEDE ESTAR CARGADO DE UN ERROR MAS GRANDE QUE EL CABEZON
Querido amigo anónimo le agradezco su participación en el foro.
Con respeto, le sugiero, aprender a escribir para internet, dado que es un acto de mala educación usar sólo mayúsculas; además, algunos pueden interpretarlo como ignorancia, incapacidad léxica y estrecha capacidad de abstracción.
En cuanto a la escultura de “El Cabezón”, como se nota que en su paso por la academia o la universidad no le enseñaron anatomía. Si revisa con detenimiento el busto tiene protuberantes e innegables problemas, por si no se ha dado cuenta. De tal manera, que lo invito a que aprenda a observar. Espero que no haya sido uno de los maestro contratados por Germán Toloza, en el programa de artes de la UIS.
En cuanto a mi ignorancia frente al lenguaje del arte, tengo que confesarle ante vuestra merced, que adolezco de la última palabra, ni Pico della Mirandola que fuera, y me excuso por mi ignorancia ante el monumental y elevadísimo corpus conceptual con el que se expresa, dejando ver hasta ahora una reduccionista visión, pero si un apasionamiento político con la ideología del tradicional partido Liberal de Horacio Serpa Uribe y Galán; no obstante, eso no es lo que estamos discutiendo aquí, no porque el arte ni los artistas estén ausente de estos terrenos, todo lo contrario, aunque parece que los creadores santandereanos sólo se escudan en términos como “placer estético” ante su exigua lectura de lo político y el abandono frente a la realidad que nos cuestiona, lo que se nota en sus propuestas plásticas. Frente a estos temas, como usted sabe, jamás se dirá la última palabra.
Por eso, si lee detenidamente, notará que yo no abordo el tema de la belleza formal de la obra. Hecho que omití por lo gravísimos problema de anatomía que tiene y que claro salta a la vista de cualquiera, aunque algunos se resistan a verlo.
Finalmente, querido artista, tengo que confesarle que prefiero estar cargado de errores que del silencio cómplice con el que los artistas santandereanos abordan sus realidades.
Con respeto,
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