martes, 18 de febrero de 2025

¿PATRIMONIO CULTURAL? CUANDO LOS ÁRBOLES VOLARON EN BARRANCABERMEJA

 

—¿Cómo se subió ese árbol ahí? La sorpresiva pregunta nos puso a pensar a los dos. A lo mejor nos tienen tanto miedo que ahora trepan las paredes porque tienen ganas de volar, respondió con la convicción que deambula en los ojos cuando el atardecer se esconde detrás del río. 

Ya eran las 5:30 de la tarde y comenzaban a bajar los pescadores, buscando la noche para comenzar la faena que los traerá de vuelta a tierra firme con los primeros vientos de la madrugada. De camino a las ruinas de lo que fuera el puerto, se detuvo don Jesús frente a nosotros, mientras seguíamos con Gabriel sentados frente al árbol. Él sonrió y, con la misma mirada de desconcierto que teníamos, se acercó a nosotros y nos dijo: —Procuren no molestarlo, solo quiere volar, o es que acaso no sabían que todas las noches, cuando hay luna llena, dicen que sacude las hojas tan fuerte que alcanza a volar. 

Todos los que vivimos en la Campana lo sabemos, pero nunca lo hemos visto, aunque sí escuchamos que sobre las tres de la mañana, con la fuerza de la brisa del Magdalena, comienza a elevarse, pero nunca lo hace delante de nadie; además, a esa hora ninguno sale porque hace mucho frío y porque nos puede caer la maldición del olvido y jamás podríamos volver a casa, nos decía mientras se hacia la señal de la cruz afanosamente en latín y en voz baja, in nomine patris, et filii, et spiritus sancti. Amen.

Don Jesús es un hombre solo que lleva en la piel negra las marcas del sol y la dulzura del agua; hoy, a sus 71 años, sigue pescando de madrugada. Todos lo conocemos en la carrera tercera y lo respetamos, no por sus años, sino por la luz de camino que mantiene en su mirada. Cuando pasa por la calle, hay quienes le ofrecen el primer tinto de la mañana, mientras su vecina María José le frita el bocachico que él mismo arrastró con su atarraya. Luego, se sienta en un viejo taburete en la puerta de su rancho de tabla, uno de los primeros que se construyeron en el caserío donde arrancó Barrancabermeja por allá en 1900. 

Y con la certeza del sempiterno tiempo, comienzan a llegar sus amigos a jugar siglo y a tomarse el pocillo de café que les sirve; dicen que es el único que recuerda a todos los que vivían cerca de la San Luis Beltrán, donde fue acólito; por eso, llega mucha gente a preguntarle cosas, secretos y a escuchar sus historias. 

Mientras nos hablaba don Jesús, comenzó a correr la brisa fresca del atardecer y sorpresivamente escuchamos el fuerte movimiento de las hojas del árbol, que siempre parece aferrarse a la pared como si estuviera escalando la historia ignorada por los hombres. 

Recuerden lo que les dije, sentenció don Jesús con su mirada puesta en Gabriel, al tiempo que le decía: —Ahora le tocará ir a contar esta leyenda, que no son las mentiras del político de la vuelta que vino de otro lado de la montaña, compró la tierra de enfrente porque nos iba a traer prosperidad y se quedó con todo, como queriéndonos despojar hasta de la memoria. Recuerden que aquí hasta los árboles vuelan.

Fotografía: ©ArtistasZona. Febrero, 2025. (Foto No. 1: 11 de noviembre 2024; No. 2: 14 de febrero de 2025). Capilla San Luis Beltrán, ubicada en la calle 48 con carrera tercera, fue la primera iglesia construida en Barrancabermeja (1904).

sábado, 15 de febrero de 2025

EN BARRANCABERMEJA, “EPPUR SI MUOVE”, GRACIAS A ECOPETROL


Cuanto más se desvíe una sociedad de la verdad, más odiará a aquellos que la proclaman. 
Lo importante no es mantenerse vivo sino mantenerse humano. 
Georges Orwell 

“Eppur si muove” (“Y sin embargo, se mueve”) al parecer dijo de cara a la muerte ante la Inquisición romana al conocer su condena por herejía y momentos antes de su ejecución, luego de publicar sus diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo (Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo Tolemaico, e Coperniciano), el inventor del telescopio, astrónomo y físico Galileo Galilei, quien hasta su último aliento defendió la evidencia fáctica después de concluir que la Tierra giraba alrededor del Sol. Hoy el mundo celebra los 461 años del natalicio (15 de febrero de 1564, Pisa, Italia) de quien es considerado el padre de la astronomía moderna. 

Por otro lado, una fecha que al parecer pasó inadvertida en Barrancabermeja fue el Día Mundial de los Humedales, que se celebró el pasado 2 de febrero, con el propósito de promover la conciencia colectiva sobre su papel como ecosistemas estratégicos para la conservación, el mantenimiento de la vida y la biodiversidad, así como de los recursos naturales del planeta. Esta fecha conmemora la Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional y la adopción del marco regulatorio mundial para su protección; evento que se llevó a cabo el 2 de febrero de 1971 en Ramsar, Irán. 

Importancia 

Estos espejos de agua son reservorios para resguardar la vida y mantener el perfecto equilibrio en los ecosistemas. Según los biólogos, su funcionamiento contribuye a que el 40% de la fauna y la flora del planeta sigan con vida; así mismo, en la actualidad, alrededor de mil millones de personas viven de los bienes y servicios ambientales que producen estos complejos híbridos. Por otra parte, las investigaciones demostraron que en las turberas (tipo de humedal) se condensa el 30% del carbono de la tierra y estos sistemas son los encargados de eliminar los agentes contaminantes de las fuentes de agua. 

De otro lado, los manglares y arrecifes de los humedales nos protegen contra las inundaciones y sequías, al tiempo que fijan la línea de costa y contienen la erosión; finalmente, estos reservorios posibilitan la recreación y el turismo. 

 ¿Ciudad de anfibios? 

A pesar de que en Barrancabermeja está rodeada de ciénagas, como la Miramar, San Silvestre, El Llanito, Brava, Zarzal, Zapatero, Salado, Guadalito, Tierradentro, Sábalo, El Tigre, El Castillo, La Cira, Chucurí y Del Guamo, las instituciones, como la ciudad, durante mucho tiempo han vivido de espaldas a sus complejos hídricos y solo son visibles para sus funcionarios cuando anuncian millonarias inversiones para “recuperarlas”, que nunca han dado los resultados esperados para las comunidades.

Son 50 años que los barranqueños llevamos escuchando lo mismo; en los años 70 y 80 nos bañábamos en las contaminadas aguas de la Ciénaga San Silvestre, sobre las que generalmente veíamos navegar las manchas del aceite derramado por la actividad de la petroquímica, y éramos testigos de muerte masiva de las especies de la ciénaga, hechos que se presentaban regularmente dos veces al año. Así, como nunca pudimos ver los colores de la ciénaga Miramar, la que Ecopetrol convirtió en su cloaca privada.

De otro lado, para nadie es un secreto que la presión antrópica sobre estos ecosistemas por parte de la industria extractiva del petróleo genera todo tipo de desastres ambientales, que hoy seguimos sufriendo en la ciudad. 

Para completar el oscuro panorama, hay que sumarle que durante la presidencia del imputado expresidente Álvaro Uribe Vélez, Ecopetrol quedó en manos de los piasas y a Barrancabermeja llegó una nueva casta de funcionarios públicos y con ellos los emprendedores empresarios que se posesionaron sobre la ciudad, convirtiéndola en una extensión de Medellín y en su “hueco” para los negocios ilegales, al tiempo que los ecosistemas estratégicos de la ciudad se deterioraban. 

Igualmente, el conflicto armado interno y la infinidad de derrames que produjo debido al robo sistemático de hidrocarburos por parte de los narcoparamilitares y de la delincuencia organizada, con la presunta complicidad de altos funcionarios de Ecopetrol, las autoridades locales y de algunas de las familias más poderosas del país, como lo señalan diferentes investigaciones periodísticas que conoce el país. 

Pero también, los emprendedores paisas, al estilo de lo que hizo el narcotraficante antioqueño Pablo Escobar Gaviria con los hipopótamos, trajeron sus grandes negocios, entre ellos la cría de búfalos, y convencieron a los barranqueños que su producto era mejor que la carne de res y promovieron su consumo; de esta forma, y literalmente, los porteños están acabando con ellos mismos, dado que esta especie no es endémica e impacta negativamente sobre los humedales de la ciudad y los está destruyendo; además, deteriora el recambio biótico del Parque Nacional Natural Serranía de los Yariguíes, debido a que somos parte de su zona de amortiguamiento.

A pesar de esto, las comunidades prefieren guardar silencio porque presuntamente el negocio es de la mafia, señalan algunos; mientras las autoridades, la institucionalidad como la universidad (la academia y sus doctores) miran para otro lado como parte de la profundidad de la estupidez estratégica de la ciudad, que ellos representan y de paso los convierte cómplices. 

Pero hablar de esto es una herejía en la ciudad donde, a pesar de todo, la vida se mueve, “eppur si muove”, como claramente aparece en la fotografía. 

Fotografía: @ArtistasZona. Febrero, 2025. Ciénaga Miramar.

martes, 11 de febrero de 2025

CUANDO EL RÍO SUENA, LAS VOCES DE LAS CANTAORAS DE BARRANCABERMEJA: LA AMARIS


Cuando era niña, le insistía a mi abuelo Licinio Rafael Amaris que me llevara a la faena de pesca; no era nada fácil convencerlo. Al final, le decía que, si iba, le preparaba la aguadepanela. Así me iba toda la noche a pescar con ellos, recuerda la cantaora Angie Katherine Ortiz Amaris. 

Él había llegado de Guataca, un corregimiento de Mompox, y resultó conociendo a mi abuela Praxédes Monsalve. Finalmente, juntos llegaron al territorio y arribaron a la vereda La Felicidad, que se encuentra río abajo de camino a Wilches y pertenece a Barrancabermeja. Pero mi abuelo, aparte de ser un gran pescador, había nacido de una familia musical y siempre estaba componiendo algo; por eso, en honor a ellos, los que me criaron y de los que aprendí, mi nombre artístico es “La Amaris”, porque toda esta tradición cultural y el talento logró transmitirlo a las nuevas generaciones, primero a sus hijos y ahora a sus nietos. 

Sin embargo, hoy un grupo importante al interior del sector cultural de la ciudad decidió crear tendencias alrededor de los estereotipos y son quienes creen que si no estás dentro del movimiento no puedes cantar; tampoco puedes ser cantante de bullerengue o de tambora porque tú no naciste ahí o no naciste allá, indica Ortiz Amaris. 

Frente a estas realidades y discusiones que transitan entre las clásicas y rigurosas ortodoxias de los que a motu proprio definen quiénes son los herederos y protagonistas de la cultura desde sus escritorios o bibliotecas y que luego son legitimadas por la institucionalidad en sus eventos; es ahí cuando surge la pregunta: ¿Qué nos identifica en la juntanza para la preservación del folclor, con el fin de asegurarnos un horizonte futuro como sociedad y la protección de esa singularidad que nos fija y nos explica como grupo social desde el territorio?

En últimas, somos lo que queremos ser y en gran medida eso depende de nosotros, de la simbiogénesis cultural, de cómo nos dejemos permear por el intercambio simbólico-afectivo que se produce en el territorio, que son fruto de la construcción de sus imaginarios, pero también de sus historias, realidades y el ensombrecido presente tecnofeudalista en el que sobrevivimos dando saltos al vació de la hipermodernidad que nos ha tocado vivir.

Por eso, como señala tajantemente Ortiz Amaris: "lo que tú quieras, lo puedes hacer". Así es, somos más que los estereotipos del folclor, como observó el filósofo griego Heráclito de Éfeso: nadie se puede bañar dos veces en el mismo río, porque jamás se cristaliza, como tampoco lo hace la realidad. 

A pesar de que Barrancabermeja hoy, el gran ausente es el río y el Distrito nos prohíbe el puerto, que busca transformar dentro del Proyecto Diamante, el cual se propone realizar grandes inversiones para modernizar la infraestructura portuaria sobre el Magdalena y transformarla en turística. Por eso, ya algunos inversionistas compraron parte de los predios en el sector del puerto de Barrancabermeja.

Quizás la idea sea la misma de Barranquilla: privatizar el acceso al paisaje. Para eso, el Clan Char le colocó peajes a la ciudad, la más endeudada del país; pero por ahora todo se les vino abajo. Ni siquiera los actuales concejales fueron diligentes ni estudiosos durante el fracasado proceso de aprobación de la actualización del Plan de Ordenamiento Territorial, que fue derogado al interponérsele una demanda, porque solo fue pensado y aprobado para permitirle al alcalde adelantar sus proyectos y al mismo tiempo darles la espalda a los ecosistemas estratégicos de la ciudad. 

Parafraseando al poeta Khalil Gibran, que en El Profeta señaló que el trabajo es amor hecho visible, quizás podríamos decir lo mismo cuando el arte se da a la tarea de preservar el patrimonio inmaterial a través de las expresiones artísticas, lo que se constituye en la materialización del amor por el territorio y nuestra identidad; hecho que nos permite el reconocimiento de la otredad y apropiarnos de la dignidad como colectividad social. Que tanto nos hace falta como nación. 

El proceso 

Mi proceso como cantante profesional arrancó cuando entré a estudiar Licenciatura en Educación Artística en la Universidad y me enamoré de todo aquello que constituye la construcción de identidad y el fortalecimiento del patrimonio inmaterial de quienes vivimos en la ribera del río Yuma, como lo llamaron nuestros pueblos originarios. 

Aunque desde niña cantaba, cosa que aprendí escuchando a mi abuela, solo inicié un proceso consciente de que era lo que quería ser cuando ingresé a la educación superior y el aporte de la academia consiste en tener un grupo de pares para discutir y dialogar sobre nuestras experiencias vitales y lo que estas nos han enseñado dentro del campo cultural, porque los métodos y técnicas se aprenden como todo en la vida, pero a repensar lo que hacemos y crear, no; a eso solo llegamos cada uno a partir de esa relación sensible con nuestro entorno, con la permanente lectura sobre nuestra realidad y a partir de nuestras investigaciones, así que adelante una investigación sobre el folclor. Para eso me sirvió el aula universitaria. 

Primero empecé bailando como todas, luego llegué a los instrumentos y por último me dediqué a cantar y organizamos el grupo Bogas del Magdalena, que actualmente se llama Bogas de la Rivera y también a componer. 

Como ya lo había dicho, mi abuelo y mi tío fueron mis figuras paternas; mi mamá y mi papá trabajaban muchísimo desde que tengo uso de razón para mantenerme. En ese momento, todos eran muy jóvenes, de escasos recursos y, para completar, les tocó salir huyendo, dejar todo tirado de un momento a otro y desplazarse forzosamente de la vereda La Felicidad por el conflicto armado interno. 

Por esa época, mi tío, Yairciño Amaris, se recorría Barrancabermeja vendiendo chance y lotería, y con eso no nos acostábamos sin comer. Él fue la persona responsable de que pudiera ir a educarme a la universidad y también componía, así que cantaba sus canciones; ya hemos grabado por ahí algunas, pero ahora queremos grabar un álbum completo, aunque es un poco difícil por los recursos para hacerlo.

Por otro lado, hoy puedo decir que Sabana de Torres ha sido una tierra que me ha dado muchas alegrías, paz y tranquilidad. Aparte de un proceso que inicié y del que ya comienza a dar frutos, es la segunda ciudad donde vivi porque residí un tiempo en Bucaramanga en el 2021, pero no fue lo que esperaba. 

De tal manera, que este año la idea es montar la canción para Sabana de Torres, donde me desempeño como educadora del Instituto Municipal de Cultura, y hacerle un video. También, el año pasado hicimos la primera rueda de tamboras en Sabana y en este 2025 queremos hacer dos ruedas en el año, con el propósito de realizar talleres con diferentes percusionistas y cantadoras. De esta manera, trabajo en la construcción de identidad y la preservación de nuestro patrimonio inmaterial. 

Pero también producirla aquí, una para Barrancabermeja, ya que el año pasado grabamos en abril un videoclip dedicado al puerto petrolero, que fue un regalo para la ciudad en homenaje a su aniversario como ente territorial, y sorpresivamente la canción “El sol celebra” tuvo más de 21.000 visitas entre los barranqueños. 


De viaje 

Mi primer acercamiento con la tambora fue en el año 2017, cuando estuve en San Martín de Loba, donde fui a concursar e investigar; el proyecto se llamó “Entre los Árboles y lo Profano en la región del Matagalpa”, sobre el tema religioso y sus fiestas patronales que se realizan en esos pueblos. Ese año, concursamos como Pareja Bailadora Nacional en la categoría que se le llamaba Colombia le baila San Martín y, por decisión del jurado, nosotros quedamos en segundo lugar esa vez. 

En 2018, viajamos por toda la bioregión y el país, pero en 2019 fue mi mejor año como bailadora tradicional de tambora, junto con mi parejo Dani Alfonso Sayas. Con él me presento desde que comencé a bailar danza folclórica; prácticamente él ha estado conmigo y hasta hoy bailamos juntos tambora. 

Llegamos en el año 2019 a participar en el concurso de Cantagallo y obtuvimos nuestro primer puesto como pareja bailadora en la categoría de sub-veteranos. Después ganamos en San Martín, otro primer lugar; en Tamalameque (Cesar) nos ganamos otro primer lugar. Todo eso fue ese mismo año, prácticamente nos catapultamos como una pareja muy fuerte en esa categoría. Y siempre llevando el canto de la mano. 

Finalmente, me gradué en 2022 con un proyecto de investigación- creación sobre las cantadoras, el río y la tambora. Hoy, soy artista integral en todos los sentidos: soy buena para el dibujo, la danza, el canto, el teatro y la pintura; es decir, el arte es mi pasión, gracias a Dios que me dio el talento, a mis abuelos que me enseñaron lo que soy, a mi tío que siempre me apoyó y a mis padres que se sacrificaron por mí. 

Yo amo cantar, amo expresarme a través de lo que siento. Entonces, aparte de que es una herramienta que te ayuda a sacar todo eso que tenemos adentro a través del canto, honro a Dios con el talento que me encomendó. 

Festivales o encuentros

Luego de haber vivido y viajado por la bioregión a los diferentes festivales y viendo las inconformidades expresadas por algunos de los participantes, tanto por la organización, la logística, la premiación y otros casos frente al jurado de estos eventos, muchos de los artistas que somos invitados nos toca quedarnos en las escuelas o colegios de los pueblos. Todas no cuentan con las condiciones adecuadas para alojarlos: baños, privacidad, ventilación, agua, alimentación, etc. Este maltrato deja entrever que hay un proceso de dignificación, y no solo del actor social, sino del oficio mismo del artista, y es necesario que planteemos esto abierta y públicamente. 

Por otro lado, está el tema de los jurados; muchos sienten que les hace falta la preparación necesaria para hacerlo, y se presentan algunos hechos que generan controversia, y siempre se van inconformes para sus municipios. 

De ahí que estamos planteando mejor el encuentro que el festival, porque, a decir de muchos, el tema de un encuentro permite que el grupo o la cantadora y los que vayan a participar o sean invitados lo hagan porque les gusta hacerlo. Incluso la gente que va a festivales a concursar realmente también lo hace porque les gusta. No cualquiera se va y se aguanta una estadía en un colegio durmiendo mal, con el tema del agua en los pueblos; es decir, son diferentes factores los que se cruzan, y los artistas, como la gente, están cansados de eso. 

El tema de los encuentros podría ser algo muy interesante que serviría para fortalecer el proceso de preservación de nuestro patrimonio inmaterial. Se trata de que los creadores no vayan con esa expectativa de que tengo que ganar y no a la juntanza. En este sentido, a través de los encuentros, también podemos mantener la tradición. Desde mi perspectiva, el tema de las ruedas en Sabana de Torres es que se llegue a hacer un encuentro. 

Entonces, le ponemos rueda de tambora; es para que todo el que esté alrededor de la zona donde se realiza el evento llegue, pero al final se convierta en un encuentro, en algo más estructurado en donde se puedan invitar grupos completos y así construyamos con participación comunitaria la identidad. No solo para decir que en algo nos parecemos como grupo social que comparte un territorio y adquiere una genética que lo define, sino que estamos juntos diseñando un verdadero proyecto de futuro entre todos como una nación soberana que fortalece su identidad como parte de su riqueza, porque todos la llevamos en la sangre y el alma, puntualiza Angie Katherine Ortiz Amaris. 

Fotografía: ©ArtistasZona. Febrero, 2025.