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viernes, 24 de julio de 2026

EL OJO DE LA RUINA: ¿QUÉ SOSTIENE NUESTRA REALIDAD?


Sí, en el primer plano, solo la columna destrozada. Pero el verdadero impacto no está en la piedra fracturada, sino en el fondo. Entre las sombras y los trazos de la pared, una forma emerge: un ojo. La ruina, que creíamos muerta, nos estaba observando. 

Una columna es la promesa de la arquitectura; es la respuesta física a la gravedad, el soporte de la estructura. Al ver esta columna destrozada, la imagen me devolvió una pregunta: ¿Qué sostiene a la realidad? Y más aún, en un contexto como el nuestro, ¿qué es exactamente lo que nos sostiene como sociedad, como país? 

Hace un tiempo reflexionaba sobre las ruinas en Barrancabermeja. Esas ruinas no son casuales, son el resultado de un modelo de "civilización" y "progreso" que se ha venido abajo. Cuando preguntamos qué nos sostiene como país, la fotografía nos responde con silencio y escombros. El mito del desarrollo se ha agrietado. 

En medio de esta crisis climática y de sentido, Heráclito dice que "la naturaleza ama esconderse". Quizás ese ojo en la pared es precisamente eso: la naturaleza, la realidad distópica que intentamos ocultar detrás de los muros, mirándonos de frente. Como señaló la antropóloga Anna Tsing: "Las ruinas son hoy nuestros jardines". Ya no miramos las ruinas con nostalgia del pasado, sino como el único paisaje que nos queda. Un jardín donde florece la pregunta sobre nuestra fragilidad. 

Esta fotografía no pretende dar respuestas arquitectónicas ni políticas. Es, más bien, un dispositivo visual para incomodar. Mientras ese ojo de sombra siga mirándonos desde la pared, la pregunta persistirá, ineludible: si las columnas están rotas, ¿sobre qué estamos parados? 

Lo que esconde la pared 

Es de público conocimiento que mi equipo fotográfico fue destruido por el Departamento de Policía del Magdalena Medio en un despliegue de heroísmo sin precedentes en la historia del arte contemporáneo. En su máxima y valiente expresión de silencio administrativo, el señor Coronel John Jairo Roa Buitrago decidió ignorar el derecho de petición que le formulé. Queremos pensar que no es desacato, sino que el cuerpo policial prefirió actuar como co-curador involuntario de la muestra, ayudándonos a registrar "presentes puros" mediante el método radical de eliminarnos la cámara. Sin cámara, no hay nostalgia. 

Agradecidos con las instituciones por forzarnos a afinar la mirada, nos aproximamos a las ruinas no como meros residuos físicos, sino al más puro estilo romántico: como un vanitas contemporáneo. La ruina es el testamento material del tiempo o el colapso del imperio.

Hoy se trata de ir mucho más allá del "ruin porn" (esa fascinación casi erótica y superficial por los edificios abandonados que inunda Instagram). No estamos para lamentos decimonónicos. Nos interesa una estética de la ruina estrictamente contemporánea: una que se atreva a mirar detrás de los muros de nuestra distopía para encontrar aquello que la civilización se empeñan con tanto esmero en ocultar.

Fotografía: ©ArtistasZona, 2026.

jueves, 18 de junio de 2026

EL MONUMENTO INVISIBLE: EL SILENCIO DE LUMUMBA EN EL COLISEO DEL CAPITALISMO

El diente de oro de Lumumba volvió a brillar el miércoles, no en un museo, sino en la mirada imperturbable de un artista que se negó a ser parte de la sociedad del espectáculo. Como el papel de la crítica es amplificar la potencia del concepto sin que se pierda la voz ni la urgencia desde el territorio, en esta obra se evidencia como nunca ese pulso entre la memoria histórica y la resistencia estética. 

El miércoles 17 de junio, mientras el Houston Stadium de Texas rugía ante el empate 1-1 entre la República Democrática del Congo y Portugal en la Copa Mundial de la FIFA 2026, ocurrió el verdadero acontecimiento de la jornada. No estuvo en los pies de los futbolistas, sino en la inmovilidad absoluta de un artista congoleño. 

Durante los 90 minutos del encuentro, rodeado por una masa eufórica, el creador permaneció petrificado en un acto de presencia radical, de contra-monumentalidad viva. No era una estatua de un 'sapeurs' viviente de calle de fines turísticos; era un contramonumento erigido a la memoria de Patrice Lumumba, el héroe nacional y primer ministro de la naciente República del Congo, asesinado en 1961 bajo el auspicio de las potencias occidentales. 

De la Elegancia Subversiva al Exotismo Consumido 

Un elemento crucial de la acción radica en la vestimenta del artista: iba ataviado como un sapeur, miembro de la mítica La Sape (Société des Ambianceurs et des Personnes Élégantes). Para las audiencias occidentales, atrapadas en el consumo del exotismo cultural, la presencia del sapeur suele interpretarse como una pintoresca extravagancia del África profunda. Sin embargo, el artista activa aquí la verdadera raíz de este movimiento nacido en la época colonial: una sofisticada estrategia de resistencia política. 

El sapeur se apropia de los códigos de la alta costura del colonizador para disputarle el estatus y subvertir su narrativa de superioridad. Al plantarse con esa elegancia impecable y desafiante en medio del coliseo tejano, el artista mofaba la mirada folclórica del primer mundo. Su ropa no era un disfraz para el entretenimiento masivo; era la armadura estética de un “dandi” revolucionario que reclamaba dignidad e historia. 
La Estética del Silencio vs. El Espectáculo Sadomasoquista 

La genialidad de este performance radica en su radical economía de medios. En el arte contemporáneo reciente —pensemos en la controvertida participación de Florentina Holzinger en la Bienal de Venecia 2026—, la denuncia política parece atrapada en la necesidad del shock: la agresión al propio cuerpo, el desnudo explícito y el espectáculo sadomasoquista. Pareciera que para conmover al espectador hoy en día se necesita derramar sangre real sobre el escenario.

No se necesita desnudarse ni autolesionarse para encarnar el dolor. Al permanecer inmóvil durante 90 minutos en el Houston Stadium, se convierte en un cuerpo-testigo que desafía la arquitectura del olvido. Su silencio testimonial es más ensordecedor que cualquier grito porque logra un acto de resistencia infinitamente más perturbador: es la materialización de la ausencia de Lumumba, cuyo cuerpo fue borrado por el ácido, pero cuya presencia política persiste. 

Al elegir la inmovilidad en medio del movimiento frenético del fútbol, el artista desacelera el tiempo y obliga al espectador a confrontar una historia que el Occidente deportivo prefiere ignorar. No hay catarsis fácil; hay una pregunta incómoda: ¿qué significa celebrar la “libertad” en el país que orquestó el asesinato de un líder independentista?

El Cuerpo como Archivo Histórico 

Recordar a Lumumba en Texas no es una coincidencia folclórica. Es un acto de restitución histórica. A Lumumba lo asesinaron a los 35 años; su cuerpo fue disuelto en ácido para borrar su rastro del mapa, dejando como única reliquia un diente de oro que tardó décadas en regresar a su tierra. Al plantar su cuerpo inmóvil en el estadio, el artista congoleño realiza una transustanciación: el cuerpo del artista se vuelve el cuerpo de Lumumba, y su inmovilidad denuncia el intento fallido del imperialismo por disolver su memoria. Hoy, ese espíritu no solo acompaña el ímpetu de Los Leopardos en la cancha; habita el espacio público global. 

La escala de su memoria es planetaria: desde la lucha en el corazón de África hasta la academia internacional, como lo demuestra la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos (históricamente conocida como la Universidad Patricio Lumumba), que ha albergado a estudiantes de más de 150 países bajo el ideal de la descolonización. 

Otra mirada 

Mientras el mundo miraba el balón, el arte miraba a la historia. Este performance desplaza el foco de la distracción masiva para confrontarnos con el trauma histórico no resuelto. Es la demostración de que el arte no necesita de la pirotecnia del horror para ser subversivo. A veces, en la era del Hipermodernidad, hiper-ruidosa e hiper-violenta, quedarse completamente inmóvil y en silencio en el corazón del imperio es el mayor acto de rebelión posible. 

Aquí hay una inteligencia conceptual que supera el gesto fácil. El performance evita caer en dos trampas: la del martirio estetizado (no hay sufrimiento exhibido) y la del activismo panfletario (no hay consignas). En cambio, opera por desplazamiento contextual: lleva la memoria de Lumumba al corazón del imperio, al estadio texano donde se decide quién gana en la cancha, mientras se silencia quién perdió en la historia. Además, la referencia a la Universidad Patricio Lumumba en Rusia añade una capa geopolítica: el legado del líder congoleño sigue vivo en espacios alternativos al bloque occidental. 

Sin embargo, debo señalar un riesgo: la inmovilidad total en un estadio masivo puede ser leída como pasividad o incluso como espectáculo de la derrota. ¿El público lo interpretó como homenaje o como rareza exótica? El éxito de la pieza depende de si logró activar una grieta en la conciencia del espectador o si fue simplemente consumida como una curiosidad más del medio tiempo. Compararlo con la obra de Holzinger en Venecia es acertado: mientras ella usa el dolor explícito como provocación, este artista congoleño opta por la contención estoica. Ambos son válidos, pero el gesto de Houston es más sutil y políticamente situado: no denuncia desde la distancia del museo, sino desde el mismo terreno donde el imperio celebra su poder blando. 

Estamos ante un performance necesario que reivindica la potencia del silencio como lenguaje político. No es un homenaje pasivo: es una ocupación simbólica del espacio enemigo. El artista no pide permiso, no explica, no se disculpa. Solo está. Y en ese estar, el fantasma de Lumumba recorre el estadio. La pregunta que queda es si ese fantasma será recordado hoy, cuando las gradas se vacíen y el marcador del 1-1 sea lo único que los titulares recojan. Ahí reside la verdadera batalla del arte: no en el gesto en sí, sino en su capacidad de perdurar en la memoria colectiva más allá del evento. 

Imagen: La Nación.

jueves, 9 de abril de 2026

9 DE ABRIL, LOS INNOMBRABLES: DESPLAZAMIENTO Y VIOLACIÓN DE DERECHOS HUMANOS

Mientras usted lee estas líneas desde la comodidad de su hogar o frente a una pantalla, la realidad afuera es devastadora: hoy, el mundo enfrenta la mayor crisis de desplazamiento de la que se tenga registro. Según los informes más recientes de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la cifra de personas forzadas a huir ha superado la barrera de los 117 millones.

Este dato más que una estadística es una bofetada a la conciencia global. En una década, el número de personas desplazadas se ha duplicado, impulsado por nuevos conflictos, la agudización de guerras prolongadas y el impacto del cambio climático. Para dimensionar la tragedia: hoy, una (1) de cada 70 personas en el planeta ha sido obligada a dejar su hogar

El "momento de la verdad" es hoy 

El panorama global ha cambiado drásticamente. Conflictos como los de Sudán, Ucrania, Gaza y todo el Asia Occidental(Medio Oriente) han sumado millones de rostros a la lista del desarraigo. Sudán se ha convertido en la mayor crisis de desplazamiento del mundo, con más de 13 millones de personas huyendo de una violencia feroz. 

Del total de personas forzadas a huir, cerca de 42 millones son refugiados y, lo más doloroso, más de la mitad son niños y adolescentes que crecen sin raíces, viendo su futuro hipotecado por la guerra. 

Colombia: El epicentro del desplazamiento interno 

En el contexto de 2026, Colombia continúa en el epicentro de esta crisis. Aunque el panorama global ha variado, nuestro país sigue ocupando uno de los primeros lugares en desplazamiento interno, con cifras que superan los 6.9 millones de personas afectadas históricamente. A pesar de los esfuerzos de paz, las disputas territoriales en regiones como el Catatumbo, el Pacífico y el Nordeste Antioqueño mantienen activo el motor del desplazamiento forzado por cuenta del narcoparamilitarismo. 

El negacionismo y el botín burocrático de las víctimas 

Para completar el panorama, y como respuesta a la movilización nacional de las víctimas, Álvaro Uribe Vélez, el Centro Democrático y Cambio Radical promovieron la desmemoria a través de políticas negacionistas. Durante lo que se ha descrito como más de 20 años de hegemonía uribista y narcoparamilitar, se intentó borrar la realidad del conflicto armado interno, prohibiendo incluso que los funcionarios del Estado lo reconocieran oficialmente. 

En medio de esta pugna por la verdad, se logró que el Congreso de la República aprobara la Ley 1448, la cual creó la Unidad para las Víctimas. Sin embargo, la entidad terminó convertida en un monstruo burocrático, donde las altas direcciones suelen ser ocupadas por exparlamentarios o recomendados políticos del uribismo. Este hecho pone en riesgo la integridad y el proceso de reparación de quienes han padecido la guerra en el país. 

El caso de la burocracia 

Un ejemplo claro de este engranaje es el político bumangués René Rodrigo Garzón Martínez, quien hoy se desempeña como Director Técnico de Gestión Social y Humanitaria de la Unidad para las Víctimas. Garzón Martínez fue representante a la Cámara por Santander, integrando comisiones clave como la Tercera de Asuntos Económicos y la de Acusaciones, tras obtener más de 24.000 votos bajo la bandera de Cambio Radical —partido cuestionado por el historial judicial de varios de sus líderes—.

Pero la trayectoria de Garzón Martínez inició a la sombra del liberal Norberto Morales Ballesteros (QDEP) en el Directorio Liberal Popular de Santander. Asimismo, se le recuerda por su relación con el polémico Centro de Estudios de Santander (CEDES), cuyo edificio en la carrera 27 de Bucaramanga ha sido objeto de cuestionamientos públicos por el presunto uso de recursos irregulares en su construcción. 

En febrero de 2010, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia condenó a Morales Ballesteros a 6 años y 3 meses de prisión (75 meses). La sentencia se fundamentó en el delito de concierto para delinquir agravado, específicamente por su responsabilidad en la promoción y fomento de grupos paramilitares y sus vínculos con el Bloque Central Bolívar y Ramón Isaza y Henry Pérez en el Magdalena Medio.

Esta configuración burocrática genera una profunda desconfianza en las víctimas, quienes ven en riesgo la imparcialidad de su reparación. El reciclaje de estas figuras en entidades sensibles para la paz no solo es una contradicción ética; es una afrenta a la memoria que el arte y el periodismo independiente están llamados a cuestionar.

Mapa global

En el actual mapa global del desplazamiento, las naciones con mayor número de población afectada son: 

1. Palestina (Gaza). 
2. Sudán: La crisis más aguda con 13.4 millones. 
3. Siria: Cerca de 12 millones entre refugiados y desplazados internos. 
4. Colombia: Líder en desplazamiento interno en el hemisferio occidental). 
5. Ucrania. 
6. Afganistán.

El arte como trinchera contra el simulacro 

Ante este panorama de cifras y realidades desgarradoras, el arte surge no solo como un medio de denuncia, sino como el último refugio de la identidad frente a la “arquitectura de la simulación de la realidad”. Para una persona desplazada, pintar, cantar o escribir representa una forma de recuperar el territorio perdido y de recordarle al mundo que, detrás de cada estadística, palpita una historia, una familia y un nombre que se resiste al olvido. 

En Artistas Zona Oriente, creemos que la creación es el puente necesario frente a la anomia y la herramienta para la construcción simbólica de nuevos imaginarios colectivos y subjetividades. Solo a través de la expresión artística lograremos generar rupturas en el simulacro, convirtiéndola en la fórmula definitiva contra nuestra propia desaparición como sujetos históricos. 

Fotografía: ©ArtistasZona, De la serie Ella tocó a la puerta".

lunes, 12 de octubre de 2009

517 AÑOS DESPUÉS


Duerme...
Mucho podríamos decir sobre esta incertidumbre que nos rodea. Esta tierra se nos cae a pedazos y todavía nos quedamos inmóviles ante nuestra propia muerte

Fue eso, un día antes de que el mundo se quedara sin voz sólo se escuchó el grito ensordecedor del insomnio que nos costó la vida.

Fue eso, demasiado tiempo que nos restamos a nosotros mismos. Mientras los ojos se nos caían de tanto mirar al revés. Tal vez, nunca lo entendimos ni nos detuvimos ante la mano extendida.

Fue eso y mucho más. Hoy nos están agarrando los recuerdos nuevamente, parece tarde. ¡Mira…! La noche nos encontró repitiendo la misma historia que tus sueños me contaron hace montones de años, cuando aún podía andar de tu mano y esconderme bajo tu piel.

Mejor duerme... Duerme... Que las estrellas se han ido, que la noche se esconde de nuevo y que ahora, como siempre, llega puntual el hambre a la puerta de mi casa... Duerme...

Fotos: ©ArtistasZona. 2009.