Sí, en el primer plano, solo la columna destrozada. Pero el verdadero impacto no está en la piedra fracturada, sino en el fondo. Entre las sombras y los trazos de la pared, una forma emerge: un ojo. La ruina, que creíamos muerta, nos estaba observando.
Una columna es la promesa de la arquitectura; es la respuesta física a la gravedad, el soporte de la estructura. Al ver esta columna destrozada, la imagen me devolvió una pregunta: ¿Qué sostiene a la realidad? Y más aún, en un contexto como el nuestro, ¿qué es exactamente lo que nos sostiene como sociedad, como país?
Hace un tiempo reflexionaba sobre las ruinas en Barrancabermeja. Esas ruinas no son casuales, son el resultado de un modelo de "civilización" y "progreso" que se ha venido abajo. Cuando preguntamos qué nos sostiene como país, la fotografía nos responde con silencio y escombros. El mito del desarrollo se ha agrietado.
En medio de esta crisis climática y de sentido, Heráclito dice que "la naturaleza ama esconderse". Quizás ese ojo en la pared es precisamente eso: la naturaleza, la realidad distópica que intentamos ocultar detrás de los muros, mirándonos de frente. Como señaló la antropóloga Anna Tsing: "Las ruinas son hoy nuestros jardines". Ya no miramos las ruinas con nostalgia del pasado, sino como el único paisaje que nos queda. Un jardín donde florece la pregunta sobre nuestra fragilidad.
Esta fotografía no pretende dar respuestas arquitectónicas ni políticas. Es, más bien, un dispositivo visual para incomodar. Mientras ese ojo de sombra siga mirándonos desde la pared, la pregunta persistirá, ineludible: si las columnas están rotas, ¿sobre qué estamos parados?
Lo que esconde la pared
Es de público conocimiento que mi equipo fotográfico fue destruido por el Departamento de Policía del Magdalena Medio en un despliegue de heroísmo sin precedentes en la historia del arte contemporáneo. En su máxima y valiente expresión de silencio administrativo, el señor Coronel John Jairo Roa Buitrago decidió ignorar el derecho de petición que le formulé. Queremos pensar que no es desacato, sino que el cuerpo policial prefirió actuar como co-curador involuntario de la muestra, ayudándonos a registrar "presentes puros" mediante el método radical de eliminarnos la cámara. Sin cámara, no hay nostalgia.
Agradecidos con las instituciones por forzarnos a afinar la mirada, nos aproximamos a las ruinas no como meros residuos físicos, sino al más puro estilo romántico: como un vanitas contemporáneo. La ruina es el testamento material del tiempo o el colapso del imperio.
Hoy se trata de ir mucho más allá del "ruin porn" (esa fascinación casi erótica y superficial por los edificios abandonados que inunda Instagram). No estamos para lamentos decimonónicos. Nos interesa una estética de la ruina estrictamente contemporánea: una que se atreva a mirar detrás de los muros de nuestra distopía para encontrar aquello que la civilización se empeñan con tanto esmero en ocultar.
Fotografía: ©ArtistasZona, 2026.



