viernes, 12 de septiembre de 2014

III BIENAL DE ARTES PLÁSTICAS Y VISUALES DE BOGOTÁ, LO QUE ENCONTRAMOS




El arte que no conmueve
Por. Victor Hugo

En las elevadas esferas del arte contemporáneo vemos toda clase de brillantes debates que enceguecen la escena y encienden las luces para que sus verdaderas estrellas se establezcan sobre el proscenio: curadores y académicos se disputan su interminable cuarto de hora, donde nos indican a los prosaicos espectadores qué es y qué no es arte.

Es ahí donde, nosotros genuflexos obedecemos religiosamente los designios teóricos, sin importarnos la arterioescleróticas miradas que ahora pretende imponernos la información sobre el campo artístico con sus publireportajes, donde todo es bello y el mundo es ideal. En eso efectivamente dan cátedra y, por supuesto, le funciona al establishment.

Eso fue lo que al parecer ocurrió con la III Bienal de Artes Plásticas y Visuales Bogotá, organizada por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, que fue tan brillante como aburrida.

¿Y quién ha dicho que el arte contemporáneo debe ser aburrido? Porque la verdad se ha dicha lo que vimos sólo nos produjo un bostezo desaliñado del puro y más vivo desaliento.

La III Bienal

En evento bienal fue curado por el consultor de políticas culturales Víctor Manuel Rodríguez, la crítica de arte Carolina Ponce de León y la antropóloga e historiadora Natalia Echeverry, contó con la participación 26 propuestas de un destacado grupo de artistas colombianos y de las que se seleccionaron ocho proyectos.

El certamen proponía una reflexión in situ sobre el espacio arquitectónico de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, que se encuentra ubicada en el Centro Histórico de Bogotá, en el tradicional barrio La Candelaria; de otra parte, la III Bienal repartió $60 millones (US$30.000 aprox.) como estímulos a las obras ganadoras.

La propuesta curatorial, nada novedosa, intenta poner de relieve esas referencias de la arquitectura vista no solo como función y espacio, sino como elemento escultórico o etnográfico para ser leído, que ya había sido abordado en los años 70´s por teóricos como Charles Moore, Michael Graves, Roland Barthes, el historiador y semiólogo Robert Venturi, entre otros.

Los maestros William Bahos (“La caída del rey”), Natalia Granados ( Performance “Con el diablo adentro” / “Monólogo del culo”), David Lozano (“La cara enterrada”) y Eduard Moreno (“En la punta de la lengua”), fueron los artistas encargados de abrir el primer momento de la Bienal. Por su parte, Ana María Mejía Macmaster (“Simulacrum”), Ana Karina Moreno (“De gran altura”), Bernardo Montoya (“1789-2014”) y el ganador Mario Opazo (“Soporte”), cerraron la segunda exposición, que concluyó el pasado 5 de septiembre.

Como Fantasmas




La casa del brillante político conservador, Gilberto Alzate Avendaño, perteneció inicialmente al Virrey José Manuel Ezpeleta y Galdeano, en el periodo de la colonia; posteriormente terminó en las manos de los hermanos Cuervo, Rufino José y Ángel. En ella no sólo albergaba una imponente biblioteca sino los secretos de la agitada época de una república en la que tambaleó el Estado, se respiraba miedo y se luchaba a muerte por el poder. De esos tiempos, hasta hoy nada ha cambiado, solo unos nuevos nombres siniestros en la política, mientras otros delfines se perpetúan como los muertos en las estadísticas, en medio de un conflicto interno que aún no se ha superado.

Quizás, los historiadores sigan señalando las excelsas calidades, del ilustre y culto Alzate Avendaño, pero lo que si es cierto es su intervención directa en el único Golpe de Estado en Colombia, instigado desde el sector más ultra del partido conservador de los años 50 del siglo pasado.

Cuentan los testigos de excepción que el mismo Alzate Avendaño instruyo al General Gustavo Rojas Pinilla para que asestará el Golpe y con ello sacar del paso al no muy bien recordado conservador Laureano Gómez, de tendencia fascista. Así nos lo cuenta Eduardo Sáenz Rovne en su libro “Colombia años 50: industriales, política y diplomacia”, editado por la Universidad Nacional. En el texto, su autor señala el reconocimiento que el hecho recibió del gobierno norteamericano.

Este beneplácito argumentaba que: “tenía buena parte del partido conservador y que sería bien mirado por los liberales; además, señalaba que la nueva administración parecía estar dispuesta a regresar a Colombia a un sistema democrático” (1). Así mismo, afirma el incuestionable respaldo dado por la iglesia católica.
“Gilberto Alzate Avendaño dedico horas, semanas, y meses a adoctrinar a los oficiales que podían intervenir en el golpe, espacialmente al General Rojas Pinilla”. (2)
La casa, donde hoy se encuentra la Fundación que lleva el nombre del político Gilberto Alzate Avendaño, donde se guardan tantos secretos y pasean tantos fantasmas, fue la que invitó a intervenir el equipo curatorial de la III Bienal de Bogotá; en ella no sólo se encuentra una biblioteca especializada en la historia política de Colombia sino es un centro cultural que se ha arriesgado a proponer escenarios para el arte colombiano, pero su historia es su historia.

Un ordenado caos de vacío

Al recorrer la estrechas salas donde se exhibió la III Bienal de Bogotá, tuvimos la oportunidad de entrar a un ordenado caos de vació impertérrito e inamovible. “Y aún en ese estado [el arte] no ha replanteado sus recursos e insiste en los mismos ademanes de hace doscientos, cien, cincuenta y veinte años. Incluso, el llamado arte político que sabemos resulta el más absorbido y manipulado de todos y por todos” (3).

En primer lugar antes de ingresar a la sala encontramos la propuesta de Ana Karina Moreno, “De gran altura”, tres imágenes publicitarias que nos ofrecen un proyecto arquitectónico; estas son difícilmente visibles porque estaban ubicadas a contraluz y de espaldas a la arquitectura que pretendía intervenir y que no alcanzó a interpelar. Así la propuesta visual pierde su dimensión y aparece aislada la intención curatorial.


Seguidamente en la sala nos encontramos con más de lo mismo, lo repetitivo. La intervención de Bernardo Montoya, “1789-2014”, escarba en actitud arqueológica y nos propone dos espacios al dividir la sala con unas paredes falsas y presenta una serie de piezas armadas (assemblajes) a partir del reciclaje de maderas como objetos absortos por el tiempo.


Luego, encontramos la obra de Mario Opazo, “Soporte”; una especie de esqueleto de maloca que irrumpe en la sala y que bien parece ser el proyecto arquitectónico de un estudiante que intenta sostener su conocimiento de como se debe armar una estructura y que nos remite al hecho romántico sin plantearnos más allá las implicaciones históricas o antropológicas de su intervención. Esta propuesta nos remite inmediatamente a los trabajos realizados por el artista norteamericano de origen iraní, Siah Armajani: “el proceso de contener un edificio dentro de otro construido, cosa dentro de cosa, espacio dentro de espacios” (4).


“La sociedad contemporánea está apostando y se está acostumbrando a una visualidad que resulta difícil superar. Frente a esos eufemismos y retruécanos visuales, ¿dónde queda el arte?, ¿qué hace?, ¿qué puede hacer?” (5).

En la otra sala encontramos el vacío de Ana María Mejía Macmaster, “Simulacrum”, que se proyecta con unas sombras minimalistas dibujadas en la pared, como la vieja técnica de las marionetas chinas.


Elvia Rosa Castro señala que: “El arte no se ha declarado impotente y ello es una de las causas de que no excite. Continúa manso, ingenuo acaso pero pretencioso, y eso es imperdonable, pues no perturba la soberbia sino la humildad. No altera la arrogancia de la imagen artística, sino la autodeclaración de su desnudez, de su nadería” (6).

Después de este recorrido llegó la urgencia por salir no sin antes buscar en la casa de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño una imagen que nos remitiera a la génesis de la geometría y del plano desde donde se levanta toda arquitectura, como esa vieja noción infantil de nuestras clases de primaria: el punto y la linea. Y la encontramos.


Finalmente, genuflexos  religiosamente y en acto de contrición solo nos quedaba ante la blasfemia repetir: -Los curadores son los curadores.

Fotografías:

1. “Soporte”. Mario Opazo.
2. “1789-2014”. Bernardo Montoya.
3. “Simulacrum”. Ana María Mejía Macmaster.
4. 5 y 6. Los Fantamas. Intervención sobre la obra “Simulacrum”.
5. (Detalle) “De gran altura”. Ana Karina Moreno.
6. (Detalle) “1789-2014”. Bernardo Montoya .
7. (Detalle) “Soporte”. Mario Opazo.
8. “Punto y Línea”. Hugsh

Citas

(1). [On Lines] SÁENZ Rovne, Eduardo. “Colombia años 50: industriales, política y diplomacia”. Edit. Universidad Nacional.
(2). Ídem.
(3). [On Line] CASTRO, Elvia Rosa. ¿Conmueve el arte de nuestra época? Wokitoki. Publicado: 8 de diciembre de 2011.
(4). Siah Armajani: Red School House for Thomas Paine. Cat. Exp, págs, 6-7.
(5). [On Line] CASTRO, Elvira Rosa. ¿Conmueve el arte de nuestra época? Wokitoki. Publicado: 8 de diciembre de 2011.
(6). Ídem.

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