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sábado, 20 de septiembre de 2014

HOMENAJE A TODOS NUESTROS SEGUIDORES


Ver Arte
Por. Victor Hugo

Este es nuestro tributo a quienes les gusta el arte, lo critican y se atreven a pensar. A todos nuestro seguidores... Gracias.

Fotografía: ©Hugsh, 2014.

viernes, 12 de septiembre de 2014

III BIENAL DE ARTES PLÁSTICAS Y VISUALES DE BOGOTÁ, LO QUE ENCONTRAMOS




El arte que no conmueve
Por. Victor Hugo

En las elevadas esferas del arte contemporáneo vemos toda clase de brillantes debates que enceguecen la escena y encienden las luces para que sus verdaderas estrellas se establezcan sobre el proscenio: curadores y académicos se disputan su interminable cuarto de hora, donde nos indican a los prosaicos espectadores qué es y qué no es arte.

Es ahí donde, nosotros genuflexos obedecemos religiosamente los designios teóricos, sin importarnos la arterioescleróticas miradas que ahora pretende imponernos la información sobre el campo artístico con sus publireportajes, donde todo es bello y el mundo es ideal. En eso efectivamente dan cátedra y, por supuesto, le funciona al establishment.

Eso fue lo que al parecer ocurrió con la III Bienal de Artes Plásticas y Visuales Bogotá, organizada por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, que fue tan brillante como aburrida.

¿Y quién ha dicho que el arte contemporáneo debe ser aburrido? Porque la verdad se ha dicha lo que vimos sólo nos produjo un bostezo desaliñado del puro y más vivo desaliento.

La III Bienal

En evento bienal fue curado por el consultor de políticas culturales Víctor Manuel Rodríguez, la crítica de arte Carolina Ponce de León y la antropóloga e historiadora Natalia Echeverry, contó con la participación 26 propuestas de un destacado grupo de artistas colombianos y de las que se seleccionaron ocho proyectos.

El certamen proponía una reflexión in situ sobre el espacio arquitectónico de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, que se encuentra ubicada en el Centro Histórico de Bogotá, en el tradicional barrio La Candelaria; de otra parte, la III Bienal repartió $60 millones (US$30.000 aprox.) como estímulos a las obras ganadoras.

La propuesta curatorial, nada novedosa, intenta poner de relieve esas referencias de la arquitectura vista no solo como función y espacio, sino como elemento escultórico o etnográfico para ser leído, que ya había sido abordado en los años 70´s por teóricos como Charles Moore, Michael Graves, Roland Barthes, el historiador y semiólogo Robert Venturi, entre otros.

Los maestros William Bahos (“La caída del rey”), Natalia Granados ( Performance “Con el diablo adentro” / “Monólogo del culo”), David Lozano (“La cara enterrada”) y Eduard Moreno (“En la punta de la lengua”), fueron los artistas encargados de abrir el primer momento de la Bienal. Por su parte, Ana María Mejía Macmaster (“Simulacrum”), Ana Karina Moreno (“De gran altura”), Bernardo Montoya (“1789-2014”) y el ganador Mario Opazo (“Soporte”), cerraron la segunda exposición, que concluyó el pasado 5 de septiembre.

Como Fantasmas




La casa del brillante político conservador, Gilberto Alzate Avendaño, perteneció inicialmente al Virrey José Manuel Ezpeleta y Galdeano, en el periodo de la colonia; posteriormente terminó en las manos de los hermanos Cuervo, Rufino José y Ángel. En ella no sólo albergaba una imponente biblioteca sino los secretos de la agitada época de una república en la que tambaleó el Estado, se respiraba miedo y se luchaba a muerte por el poder. De esos tiempos, hasta hoy nada ha cambiado, solo unos nuevos nombres siniestros en la política, mientras otros delfines se perpetúan como los muertos en las estadísticas, en medio de un conflicto interno que aún no se ha superado.

Quizás, los historiadores sigan señalando las excelsas calidades, del ilustre y culto Alzate Avendaño, pero lo que si es cierto es su intervención directa en el único Golpe de Estado en Colombia, instigado desde el sector más ultra del partido conservador de los años 50 del siglo pasado.

Cuentan los testigos de excepción que el mismo Alzate Avendaño instruyo al General Gustavo Rojas Pinilla para que asestará el Golpe y con ello sacar del paso al no muy bien recordado conservador Laureano Gómez, de tendencia fascista. Así nos lo cuenta Eduardo Sáenz Rovne en su libro “Colombia años 50: industriales, política y diplomacia”, editado por la Universidad Nacional. En el texto, su autor señala el reconocimiento que el hecho recibió del gobierno norteamericano.

Este beneplácito argumentaba que: “tenía buena parte del partido conservador y que sería bien mirado por los liberales; además, señalaba que la nueva administración parecía estar dispuesta a regresar a Colombia a un sistema democrático” (1). Así mismo, afirma el incuestionable respaldo dado por la iglesia católica.
“Gilberto Alzate Avendaño dedico horas, semanas, y meses a adoctrinar a los oficiales que podían intervenir en el golpe, espacialmente al General Rojas Pinilla”. (2)
La casa, donde hoy se encuentra la Fundación que lleva el nombre del político Gilberto Alzate Avendaño, donde se guardan tantos secretos y pasean tantos fantasmas, fue la que invitó a intervenir el equipo curatorial de la III Bienal de Bogotá; en ella no sólo se encuentra una biblioteca especializada en la historia política de Colombia sino es un centro cultural que se ha arriesgado a proponer escenarios para el arte colombiano, pero su historia es su historia.

Un ordenado caos de vacío

Al recorrer la estrechas salas donde se exhibió la III Bienal de Bogotá, tuvimos la oportunidad de entrar a un ordenado caos de vació impertérrito e inamovible. “Y aún en ese estado [el arte] no ha replanteado sus recursos e insiste en los mismos ademanes de hace doscientos, cien, cincuenta y veinte años. Incluso, el llamado arte político que sabemos resulta el más absorbido y manipulado de todos y por todos” (3).

En primer lugar antes de ingresar a la sala encontramos la propuesta de Ana Karina Moreno, “De gran altura”, tres imágenes publicitarias que nos ofrecen un proyecto arquitectónico; estas son difícilmente visibles porque estaban ubicadas a contraluz y de espaldas a la arquitectura que pretendía intervenir y que no alcanzó a interpelar. Así la propuesta visual pierde su dimensión y aparece aislada la intención curatorial.


Seguidamente en la sala nos encontramos con más de lo mismo, lo repetitivo. La intervención de Bernardo Montoya, “1789-2014”, escarba en actitud arqueológica y nos propone dos espacios al dividir la sala con unas paredes falsas y presenta una serie de piezas armadas (assemblajes) a partir del reciclaje de maderas como objetos absortos por el tiempo.


Luego, encontramos la obra de Mario Opazo, “Soporte”; una especie de esqueleto de maloca que irrumpe en la sala y que bien parece ser el proyecto arquitectónico de un estudiante que intenta sostener su conocimiento de como se debe armar una estructura y que nos remite al hecho romántico sin plantearnos más allá las implicaciones históricas o antropológicas de su intervención. Esta propuesta nos remite inmediatamente a los trabajos realizados por el artista norteamericano de origen iraní, Siah Armajani: “el proceso de contener un edificio dentro de otro construido, cosa dentro de cosa, espacio dentro de espacios” (4).


“La sociedad contemporánea está apostando y se está acostumbrando a una visualidad que resulta difícil superar. Frente a esos eufemismos y retruécanos visuales, ¿dónde queda el arte?, ¿qué hace?, ¿qué puede hacer?” (5).

En la otra sala encontramos el vacío de Ana María Mejía Macmaster, “Simulacrum”, que se proyecta con unas sombras minimalistas dibujadas en la pared, como la vieja técnica de las marionetas chinas.


Elvia Rosa Castro señala que: “El arte no se ha declarado impotente y ello es una de las causas de que no excite. Continúa manso, ingenuo acaso pero pretencioso, y eso es imperdonable, pues no perturba la soberbia sino la humildad. No altera la arrogancia de la imagen artística, sino la autodeclaración de su desnudez, de su nadería” (6).

Después de este recorrido llegó la urgencia por salir no sin antes buscar en la casa de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño una imagen que nos remitiera a la génesis de la geometría y del plano desde donde se levanta toda arquitectura, como esa vieja noción infantil de nuestras clases de primaria: el punto y la linea. Y la encontramos.


Finalmente, genuflexos  religiosamente y en acto de contrición solo nos quedaba ante la blasfemia repetir: -Los curadores son los curadores.

Fotografías:

1. “Soporte”. Mario Opazo.
2. “1789-2014”. Bernardo Montoya.
3. “Simulacrum”. Ana María Mejía Macmaster.
4. 5 y 6. Los Fantamas. Intervención sobre la obra “Simulacrum”.
5. (Detalle) “De gran altura”. Ana Karina Moreno.
6. (Detalle) “1789-2014”. Bernardo Montoya .
7. (Detalle) “Soporte”. Mario Opazo.
8. “Punto y Línea”. Hugsh

Citas

(1). [On Lines] SÁENZ Rovne, Eduardo. “Colombia años 50: industriales, política y diplomacia”. Edit. Universidad Nacional.
(2). Ídem.
(3). [On Line] CASTRO, Elvia Rosa. ¿Conmueve el arte de nuestra época? Wokitoki. Publicado: 8 de diciembre de 2011.
(4). Siah Armajani: Red School House for Thomas Paine. Cat. Exp, págs, 6-7.
(5). [On Line] CASTRO, Elvira Rosa. ¿Conmueve el arte de nuestra época? Wokitoki. Publicado: 8 de diciembre de 2011.
(6). Ídem.

martes, 12 de agosto de 2014

EN BOGOTÁ, EXPOSICIÓN DE SADY GONZÁLEZ: “RECUERDOS DE LA REALIDAD”










A contra luz de su propia realidad
Por. Victor Hugo

Los recuerdos los construimos a partir de la experiencia que tenemos con el mundo y por lo que somos, al margen de la realidad; de tal manera, que la imagen fotográfica opera como un dispositivo de interconexión, en medio de una sociedad narcotizada por las imágenes.

Hoy, nos devoramos insaciablemente a nosotros mismo a través de la imágenes que los vigilantes medios de información nos obligan a consumir. Estas van modelando la identidad y editando nuestra memoria, que dicho se de paso cada vez es más efímera.

En oposición a estos rasgos inequívocos de nuestro tiempo, la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, nos propone un recorrido por los “Recuerdos de la Realidad”, de la mano de uno de los más importantes reporteros gráficos del siglo XX en Colombia, Sady González.

La Exposición

El evento expositivo se inauguró el pasado 4 de abril y se puede apreciar en la Sala de Exposiciones Bibliográficas; esta muestra fue curada por Guillermo González y Margarita Carrillo.

“Recuerdos de la realidad” presenta una selección de 100 fotografías entre 1913-1979 y esta dividida en ejes temáticos: el etnográfico, la calle y la violencia (El Bogotazo, 9 de abril de 1948); además, de presentar imágenes de carácter deportivo y social.

La obras expuestas de Sady González hacen parte de su archivo fotográfico, adquirido en el 2012 por el Banco de la República, compuesto por 9.000 imágenes, que hoy están dentro del catálogo de la Biblioteca Luis Ángel Arango y disponibles para ser consultadas en todo el país.

A contra Luz

Siempre nos han dicho que la puesta en escena de las obras en una exposición tienen una intención, que nos proponen una lectura y llevan el sello de intrínseco de la pretensión que busca o nos señala su curador(es). De tal manera, que no se trata simplemente en colgar, de forma cuidadosa y limpia una serie, en este caso de fotografías, agrupadas temática y cronológicamente, sino que ese más se siente y se expresa en la sala.

A pesar de ello, en la exposición de Sady González no se alcanza a respirar esa tensión que la define, aunque algunos dirán que el mismo nombre lo sugiere: “Recuerdos de la realidad”, pero la sala no lo refleja. De hecho su lúgubre y pobre ambiente, mortifica tanto como las fotografías sobre la violencia que se desató el 9 de abril en las calles del centro de Bogotá.

Así mismo, en el recinto se crean zonas visibles y otras se encuentran en las penumbras como los recuerdos de una realidad reciente que se nos escapa y a la que apelan sólo cuando sirve para realizar un “fastuoso” acto conmemorativo para generar coyunturas políticas, las infaltables cortinas de humos ó los gestos narcisos del poder y las consabidas e indigestas megalomanías de la clase política. Así la historia y sus recuerdos también tienen sus réditos.

Al recorrer la exposición y avanzar por su zona de sangre, El Bogotazo, encontramos unas fantasmagóricas urnas donde está lo obvio, crudas imágenes de violencia encriptadas que no desafían al espectador sino que lo distancian como lo vimos en reiteradas oportunidades. Eso es lo obvio, no lo pensado ni reflexionado. Eso es el gesto común que no sorprende ni provoca, eso es definitivamente una especie de tautología visual que no enriquece sino desalienta y no nos permite reflexionar sobre nuestra propia realidad y sus recuerdos.


Y es que lo predecible no permite el juego sino la condena del silencio; lo previsible no se deja interpelar porque nos conduce infaliblemente a la conclusión del esperado deseo rosa del melodrama: los finales felices, ese deseable canónico no nos posibilita pensar sino que inmoviliza y cristaliza la conciencia, como el apacible mundo que siempre sirve a la mesa la publicidad, esa es la suprema conquista del ser contemporáneo [el narciso espera frente al espejo lo demás de los demás].

Al menos, esta exposición dejó a la vista el sistema contra incendios de la Biblioteca, como elemento simbólico-preventivo creo y por si acaso los incendiarios recuerdos intentaban darnos algún sentido a la singular historia del país y, tal vez, para combatir cualquier síntoma de recuperación de esta enajenación esquizoide que ya hace mucho tiempo hizo metástasis en nuestra conciencia, por cuenta de los medios comerciales de información, las iglesias y el poder.



La exposición de Sady no es menos importante que la de Durero, quizás se merecía un mejor trato, una mejor sala, donde siquiera se pudiera respirar y mejores soportes museográficos; igualmente, jugársela más en su diseño y no ese pálido intento de homenaje a la obra de Beatriz González, (“Decoración de Interiores”, 1981), con la que se ocurrió colgar unas telas impresas a manera de irredenta escenografía para resolver el problemático espacio vacío con el que recibe la sala al público.

Por todas estas razones esta exposición, lamentablemente quedó a contra luz de nuestra propia realidad y del país.

Fotografía: ©Hugsh, Aspectos de la Exposición de Sady González, “Recuerdos de la realidad”, Biblioteca Luis Ángel Arango, Banco de la República, Sala de Exposiciones Bibliográficas.

miércoles, 23 de octubre de 2013

REALIDADES CULTURALES DE CÚCUTA: UNANIMISMO Y EXCLUSIÓN


Concertar y Diálogar
Por. José Ignacio Cáceres Serna, Artistas Visuales

Como cualquier creador que ha decidido comunicarse mediante la expresión artística, permítanmen expresar liberarme algunas reflexiones para criticarme por mis omisiones e impotencia al tratar de impedir tanta injusticia, mediocridad e indolencia; tanta necedad y necesidad que sufre el campo artístico del oriente colombiano.

Desde mi quehacer como creador he tenido la oportunidad de trabajar con diferentes sectores sociales del país y conocer de cerca sus necesidades, anhelos y problemáticas. Es ahí cuando la percepción sobre nuestra realidad cambia.

¿Cómo señore(a)s, consejero(a)s y funcionarios públicos del Municipio de Cúcuta, debemos solicitar ó exigir el cumplimiento de lo consagrado en la Constitución y la Ley de Cultura?

¿Cómo evitar consejeros y consejeras, que los Secretarios Técnicos de Cultura y su Turismo de la Alcaldía de Cúcuta, sigan haciendo lo que quieran con el sector artístico y se burlen del gremio?

¿De cuántos Alcaldes más y funcionarios seremos testigos impasibles frente a sus insípidas, repetitivas y gastadas fórmulas de gestión cultural y formatos de producción artisticas a las que se les invierten miles de millones, conviertiéndonos sólo en espectadores que asisten al espectáculo del despilfarro de los recursos públicos, sin que estos gastos respondan a las realidades culturales de la región?

¿Hasta cuándo, seguiremos siendo parte del burladero en el tendido de la eterna corrida que birla y desconoce el quehacer y los procesos culturales que se adelantan desde las comunidades cucuteñas?

¿Qué acción frontal ó vías de hecho tendrán que producirse en Cúcuta y Norte de Santander, para que los funcionarios públicos, pobres de corazón y espíritu, se informen o reconozcan al sector artistico, los procesos culturales de la región ó por lo menos tengan un concepto claro de lo que significa el arte y la cultura y de su importancia frente al desarrollo?

¿Qué tiene que acontecer para que los funcionarios cumplan con los preceptos constitucionales, según lo estipulado en el Código Único Disciplinario, Ley 734 de 2002, so pena que los entes de Control realmente investiguen y castiguen disciplinaria y penalmente a los servidores públicos que se extralimiten en el ejercicio de sus cargos, ya sea por acción u omisión?

¿Qué les tiene que suceder a sus inflamados egos de genios locales de los Consejeros o los funcionarios, para que de una vez por todas, entiendan el espiritu de la Ley y permitan dialogar, concertar, acordar, discutir, disentir sobre los procesos culturales y artísticos de Cúcuta y Norte de Santander?

Hasta cuándo… Hasta cuánto… Hasta cuándo tanto… Si sólo queremos concertar.. Ser escuchados, ser incluidos como creadores o como Consejero de Cultura… Ahora y no en la otra hora… Amén…Concertar y Dialogar.

Fotografía: ©Ignacio Cáceres, 2013. “Alcaldía de Cúcuta”

domingo, 6 de mayo de 2012

EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA DE YESSICA LANGE







“Secuencias de México” 
Por. Victor Hugo 

Es imposible olvidar el papel de Cora Smith y sus vicisitudes de esposa truculenta, en la película “El Cartero Llama Dos Veces” de 1981, basada en la novela de James M. Cain y dirigida por Bob Rafelson. Ni la jovencita atrapada por la bestia “King Kong de 1976; tampoco, la magistral “Frances ni la Carly Marshall en “Blue Sky, que a la postre le daría el Oscar a mejor actriz en 1994 a Jessica Phyllis Lange, hoy convertida en fotógrafa.

Su exposición “Secuencias de México”, que se exhibe en la Sala Frida Khalo de la Casa América, desde el pasado mes de marzo, estará abierta al público hasta el 20 de mayo en Madrid.

El evento, bajo la curaduría de Anne Morin, presenta “96 fotografías de las que 58 son totalmente inéditas y producidas por diChroma photography exclusivamente para esta exposición, entre ellas una secuencia de treinta imágenes que documentan un rito ancestral indio de la región de Chiapas”.

La Artista 

Y es que la actriz norteamericana, nacida en Cloquet, un 20 de abril de 1949, inició su carrera como artista en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Minnesota, la que abandonaría muy rápido para incursionar en el mundo del cine donde tiene hoy una amplia filmografía que alcanza las 30 películas en las que ha participado como actriz.

Fue su exesposo, el fotógrafo español Paco Grande, de quien recibiera sus primeras lecciones y, posteriormente, 12 años atrás el dramaturgo y ex conyugue Sam Sheppard, le regaló una Leica M6 con la que iniciará sus primeros trabajos fotográficos, en un país que la deslumbra: México.

La Exposición 

La exposición de Jessica Lange es un recorrido como espectadora extranjera del gesto cultura mexicano en el que no logra adentrarse ni presenta otras lecturas, simplemente se deja atrapar, sin profundizar en su contexto y le permite desarrollar cierta fascinación con una lente intimista que descubre a su paso otro mundo, en medio de una mirada desprevenida, un tanto etnográfica y discretamente maternal.

Mayores Informes: Exposición “Secuencias de México”, Casa América, Dirección: Casa de Plaza de la Cibeles, 2 28014 Madrid, España. Tel.: +34 91 595 48 00. De lunes a sábado de 11:00h a 20:00h. Domingos y festivos de 11:00h a 15:00h. Sala Frida Khalo. Entrada libre. 

Fotografías:  ©Jessica Lange / diChroma photography. 
-1, 2, y 3: México.
-4, 5 y 6: Tenejapa, Chiapas.

martes, 8 de febrero de 2011

42 SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS, EN LA RECTA FINAL






En el “Encuentro de Lugares”: el cartel y la calle
Por. Victor Hugo

Fotos: Hugsh, 2011©. 42 Independiente Salón Nacional de Artistas, Cartagena.

domingo, 21 de noviembre de 2010

42 SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS, OTRAS OBSERVACIONES


Por Fuera del Salón
Por. Victor Hugo

En las confabulaciones de lo que escuchamos a media voz, pero que se detienen frente a nuestros ojos, en ese incesante juego donde disfruta la conspiración de la luz y el reflejo de lo que construimos como noción de realidad, se desencadenan las historias que deambulan meditabundas, entre la perplejidad de las condenas a la que asiste la letra muerta donde no se exorciza el vocabulario, sino las conjugaciones que siempre habitan el precario tiempo de la vida, sin que acaso sea este signo que escribe, en su afán de quedar indeleble, como la marca de un universo que nos hemos inventado.

Es así como este fascismo farsante y fatuo del imperio nos obliga, por la gracia de la connotación del lenguaje, ha profesar lo que hemos amaestrado en el panegírico de las alabanzas de esta “puerta abierta”, para redimir la libertad en medio de los monstruos que no se resignan a partir de donde nunca tenemos la silla vacía.

Fotografía: Hugsh, 2010©. “La puerta abierta”. Edificio de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, Calle 68 No. 53-45, Barranquilla. Entrada gratuita.

jueves, 23 de septiembre de 2010

EN LAS GEOESTETICAS DEL 42 INDEPENDIENTE


Las re-invenciones o se acercan los fantasmas
Por. Victor Hugo
«Si el pigmento espeso es la piel en el que se rostrifica la natura naturada, entonces el croquis que delimita la noción es el borde continente, es decir, el cuerpo que habita sus espacios, que se expresa en un territorio orgánico y se mimetiza con esa geografía que construye su memoria dejando huellas y rastros en el continum del tiempo, donde no todos estamos.
Finalmente, lo propioceptivo e interoceptivo se conjugan en este entramado y determina el encantamiento mítico donde decidimos ser y se define todo origen, sin que suene a la nostalgia de la tierra húmeda del que llega a su casa después de un día de escuela y se detiene a ver correr el rió o la brisa de la montaña, mientras saboreamos los olores de nuestras historias».


El II Seminario de Geoestéticas del Caribe se constituyó en un momento de reflexión y construcción de lo que constituye la región y las diferentes lecturas que se hacen desde las distintas expresiones artísticas y paradigmas conceptuales de una realidad inmersa en lo que se ha denominado el “archipiélago” y los imaginarios que navegan en las diferentes miradas que focalizan sus aproximaciones a las extensiones de una territorialidad.

De tal manera, que a partir de varias disciplinas se produjeron acercamientos polisémicos y polifónicos que nos invitaron ha sumergirnos en la conciencia colectiva de lo que significa el Caribe, más haya de una retícula racionalista.

Sobre la Curaduría Nacional

Al concluir el evento uno de los escasos artistas del interior que participamos, manifestó con cierta certidumbre: “Los curadores sometieron al país a su concepto de Caribe y la región, como en el “41 Urgente” de Calí, volvió ha quedar mutilada y marginada”.

Inmediatamente, advertí que durante el II Seminario de Geoestéticas del Caribe se había retomado la postura que señaló: Colombia es Caribe, desde este punto de vista es perfectamente valida la propuesta del “42 Independiente”; no obstante, existe un grupo de creadores del país que insisten que la región seguirá ausente y que los esfuerzos realizados y los procesos generados durante los 13 Salones Regionales, quedaran eclipsados y casi que desestimado en esta nueva versión del Salón Nacional de Artistas, porque sólo será visible en un evento académico que se realizará en la segunda semana del mes de febrero en Cartagena.

Por otro lado, de manera un tanto ingenua y simplista, pero no por ello fútilmente deleznable, otro artista, que participó en el evento, preguntaba: ¿Y cuando se realice el Salón Nacional en el centrosur, hablaremos de las geoestéticas de los que se han apropiado del macizo colombiano y así sucesivamente hasta que agotemos el territorio colombiano?

Lo cierto, es que algunos artistas del interior del país, van más haya, al puntualizar que no sienten las diferentes regiones sino unas regiones que fueron incorporadas a la visión que el equipo nacional de curadores tiene sobre lo que significa el Caribe, por ello, las obras no solo cambiaron de lugar, sino que se resignificaran, a partir de las necesidades de lo territorial.

Finalmente, frente a las discusiones suscitadas y las posiciones encontradas, el “42 Independiente” sigue su curso y se inaugurara en Santa Marta, Barranquilla y Cartagena, durante el mes de noviembre de este año, aunque quedó planteada la discusión que nos permitirá enriquecer nuestras propias realidades. Al terminar el diálogo señalé que quizás las dudas se despejaran o tal vez se agudizaran las críticas con esta nueva puesta en escena del arte nacional.

(¿Algunos de los curadores de los proyectos de investigación que coordinaron los 13 Salones Regionales, se manifestaron con su ausencia durante el II Seminario de Geoesteticas del Caribe, gesto con el que deshabitaron sus propios territorios o quizás dejaron sentada su posición? No lo sabemos aún).

Fotografía: Hugsh, 2010©. Territorialización. Municipio de Ariguaní, El Difícil, Magdalena.

sábado, 10 de julio de 2010

BARRANCABERMEJA: HABEAS CORPUS




No traigo cuerpo [para exponer]
Por. Victor Hugo

Cualquiera pudiera decir que la naturaleza [el árbol] en sus formas aeróbicas se fagocita así misma, anticipándose a los paradigmas conceptuales, que se escribe sobre su panoplia, en estos tiempos de invernadero, huellas ecológicas y de tanta propaganda de responsabilidad social al amanecer de los impuestos, donde ellos ganan.

Quizás nuestra naturaleza, a partir de su visible consonante y de su animismo, evidencian en sus manifestaciones formales y objetivas, las mismas preguntas fundamentales en las que deambulaba la filosofía presocrática del siglo IV (antes de la era vulgar) o cualquier mesías: la de los canones, del eurocentrismo, las taxonomías, estos 200 años y alguna otra cosa más.

El eclecticismo formal e inesperado de la naturaleza en su cuerpo expuesto [el árbol] puede ser objeto de las interpretaciones sobre la representación, donde divagan los estetas en sus mazmorras teóricas y algún estudiosos que merodea, entre los manifiestos, tratados, arengas y proclamas, intentando escudriñar los principios universales que objetivizan las miradas con sus artificios discursivos; ientras nos hablan en su característico lenguaje metatextual e intertextual, es de donde saldrían despavoridos hasta el mismísimo Freud, Adorno o Lacan, por tanta erudición y doctoritis neurótica.

Además, dándole cabida a la extrapolación de tan significativos descubrimientos de mercado y del merchandising de los curadores y galeristas, con el que describen y exploran en su discursividad editorial el campo de la esfera publica del arte, sería probable la certidumbre.

Por otro lado, cualquier crítico pudiera atreverse advertir en la teoría del conjunto fractal de la presencia univoca de la superposición inalterable del caos que avizora el desmantelamiento impertérrito de la amalgama visual que permanece impávida ante el ojo sumiso o liberador de un curador avezado y audaz que se atreva a considerar la necesaria relación entre la naturaleza, lo natural y el señalamiento de una figuración o dispositivo preconcebido y puesto en escena: este brazo es de reina y mi borde es de verdad, porque es parte de mi cuerpo expuesto, deleitablemente desnudo frente a la mórbida mirada desde donde me catalogas, porque no soy la religión inventada de sus antepasados.

A esta altura tengo que confesarme y hacer un acto de contrición: no soy afecto ni pertenezco a la academia ni al “templo del saber” donde el sumo sacerdote se empeña en hacernos diestros de la concepción de la técnica y quizás, en el concepto.

Sólo soy un simple lungo del arte, como dicen en mi tierra bermeja; es más sólo me declaro diletante absorto y abyecto, para no entrar en controversia con la escuela y sus más distinguidos maestros y doctores, donde reina la bibliografía y la corte suprema que nos enseña desde occidente las verdades de la representación, la forma que vibra, la paleta de color que define, el ritmo decimonónico que se disputa su lugar entre el museo y la flecha, el silencio a la deriva y la métrica singular que nos asalta entre la onceava cuerda.

De ahí que, sólo soy esto y menos que una fabulación, como la de un “tigre de papel” o de los mismos que se presentaron con cajas de embolar y sus rollos de higiénico, intentando democratizar y erigiéndose en la quintaesencia inspirada de la humanidad, para declarar que la nada era algo que valía la pena considerar.

Sin embargo, de nada valió, porque terminaron como buenos arrieros, escribiendo los discursos del poder y siendo sobrevivientes del coletazo de su eclipsado cometa, el que aun hoy nos fabulan; además, insisten en la mérito de su transacción, así sean desde las latitudes donde suena el silencio mortífero de su mercado cuando el plu de caja se cierra.

Ahora, podríamos decir que todo comenzó con un rollo de papel blanco, blando y de buen olor, pero que terminó en el mismo cesto, donde se hace síntesis los restos que somos, estos mismo que inalterablemente depredamos en medio de esta escasa existencia.

Me refiero a la vida por fuera de los almidonados recovecos de las postulaciones escolásticas y de esta contemporaneidad; me refiro al cuerpo de nuestro árbol, ubicado en medio del Paseo de la Cultura de Barrancabermeja, expuesto sin las fabricaciones que las curadurías erigen sin la otredad ni los mutilados de los últimos 200 años.

Tal vez, no este a la sombra, porque este el y ella se hacen presente en este árbol sin los rencores del olvido;  aunque, es testigo de una historia que nos señala hasta donde están presente los excluidos, sin las grandilocuencias de los medios comerciales de información, los que termina por desdibujar y descomponer hasta el olor de los muertos que hoy siguen bajando por nuestro río Magdalena, mientras lo demás hacen silencio.

Fotografía: No traigo cuerpo [para exponer]. Barrancabermeja. Hugsh, 2010©.

viernes, 16 de abril de 2010

RÍO ABAJO: EL ARTE COMO “PRÓTESIS DE LA MEMORIA”


"Recopilación de historias silenciosas, que no se pueden contar y que ahogan a la gente de nuestro país". Entrevista con la Maestra.
Después de fotografiar 150 objetos con el último olor de los condenados sin sentencia, que hoy siguen sepultados por la vieja práctica política de aniquilamiento en nuestro país, la desaparición forzada se hizo presente en el Museo de Arte de la Universidad Nacional, en la obra de Erika Dietes, Rió Abajo.

Este testimonio visual es un abrazo de luz que alumbró la evidencia de los que aún hoy conviven en el oriente antioqueño, en medio de las empuñaduras de sus historias.

Las fotografías son un cuerpo presente, donde ni siquiera el último olvido es capaz de deambular en la penumbra con la que se viste el espejo cotidiano, el mismo que no se atreve a mirarnos a los ojos, por la sospecha o porque aún te cuido; por eso, reza por mí… que navego debajo de esta espesa masa de historia que me cuenta la agonía del Magdalena, mientras estas carnes se sirven en el plato gourmet que alimenta el bagre desde donde, quizás, algún día hablaré.

No importa, ojalá no tengas que acompañarme antes de que me sepulte por fuera del río, donde aún navego en tu piel… y una vela más… y tu llanto… sepulte este riego de pensarte.

La exposición ha itinerado por Nueva York, Houston, Buenos Aires, Bogotá y Cartagena.


Texto de la Exposición

Esta es una obra bastante compleja, pues se sitúa en el vértice de la obra de arte y la realidad social, entre la estética y la política, entre la fotografía como imagen artística y la fotografía como documento. En uno y otro caso, esta serie se inscribe dentro de un presente que intenta salvaguardar la memoria de los desaparecidos en el conflicto colombiano, venga de donde venga. La historia de los ríos en nuestro país no solamente nos habla del progreso y de los paseos de olla familiares, sino que también está unida al dolor y la muerte. Para desaparecer toda huella de masacres, los cuerpos son arrojados río abajo; así se sumerge en la impunidad y el olvido toda huella del crimen. Granada y La Unión, situadas en el oriente antioqueño, son poblaciones asoladas por la violencia, como buena parte del país, producto del conflicto armado de origen eminentemente político. Allí, la artista encuentra varias personas que le cuentan de sus seres queridos y le muestran una serie de prendas y objetos que hablan de la ausencia..

Curaduría: Alberto González. Museología: Ricardo Arcos Palma. Montaje: Wilson Javier Gómez y Héctor Roso.

Fotografía: ©ArtistasZona, 2010. Exposición Río Abajo, Universidad Nacional de Colombia.

jueves, 9 de julio de 2009

EN LA SALA DE EXPOSICIONES DE LA CÁMARA DE COMERCIO DE BUCARAMANGA



Arte y la banalidad del espacio
Por. Victor Hugo
«Y así, lo que yo llamaría el cuerpo -me alegro de hablar sobre el cuerpo desde este punto de vista- no es una presencia. El cuerpo es, cómo decirlo, una experiencia en el sentido de la palabra más móvil [voyageur]. Es una experiencia de contexto, de disociación, de dislocaciones». “Las artes del espacio”. Jacques Derrida.
Se soñaba así mismo el pasillo, después del trémulo cansancio que provoca la ocupación y unas copas de vino, ante el peso de su propio reflejo y la necedad que tiene el otro, cuando quiere conversar con un mundo mudamente ebrio, ese que señala la sombra de su propia historia, de escama pesada y resbaladiza que se nos escapa entre los dedos de la conciencia, para evitarnos desafueros y lagrimas a la hora de la contrición en medio del espeso ritual de cualquier templo.

Tenía que ser una simple pared para soportar tanto diálogo ignoto, porque el arte se enmudece ante la mesa opulenta del que simplemente pasa para su oficina, mientras tiende una radiante bóveda que alimenta vorazmente y reafirma el escrupuloso sentido del poder.

Tiene que ser eso, no una simple pared, sino la gárgola invisible que cuida de sí misma, de su propia ambición y haga llevadero el camino entre la escalera y el largo zaguán, que siempre desespera y nos enseña, que entre más distante es, se separa la puerta del aterrador síndrome del rey, ahora que no se tienden puentes ni existen torres, pero están las cámaras, las recepcionistas y los celadores, los que siempre han estado desde antes que estuviera en el Medioevo sentado el señor feudal; mientras, se apolillan los gestos y se pudre la argamasa con la que intentamos pegar los alientos.

Quizás, sea el arte, esa eterna disputa entre el artificio y la naturaleza, la simulación y la obscenidad del que se atreve a confabularse con los sentidos y sus significaciones, pero también, las proximidades de cuerpos que toman el riesgo de escucharse sin la banalidad ni la complejidad de la venganza efímera, cruel e insignificante de la ilusión. No.

Tal vez, sea el arte un cuerpo que se despelleja lentamente hasta sangrar prolíficamente en la metáfora del irremediable camino, donde nunca aparecen los atavíos, los aderezos ni los espectáculos sino la verdad desnuda que tienta a la realidad, pero que hace una fiesta de la vida, porque como lo dice mi buen amigo Oscar Salamanca, es una acto de amor, y no la vendimia decorativa del poder ni el gusto superfluo de lo que debe estar como obseso rehén de la desintegración del significante que se oculta, del que nunca será expuesto sino el acontecimiento que concibe al mundo como ejercicio de la avaricia y la exclusión del cuerpo, la subyugación enajenante del otro, su muerte.

Probablemente sea el arte, una postura del mecenas; afortunadamente nunca me han dejado entrar porque no estoy óptimamente vestido: -Mis harapos son mi mejor acto de simulación, sin que ello implique el olvido, mi enajenación; soy un escribano transeúnte de cuerpo prestado, desde donde simula mi cámara y se hechiza la mentira, la que nunca advierte esta realidad.

Aunque la pared se vista con su mejor muda, siempre jugará al fraude de la representación: ser una sala de exposiciones prodiga que respeta las obra y los artista; no obstante, sólo es la estratagema de lo que en este pueblo blancollaman Responsabilidad Social Empresarial.

Hoy, tendré el honor de ser este cuerpo: escenario de significaciones, urdimbre de palabra y un manojo de olvidos, porque como esa pared nunca espere ser lo que soy, soñaba el pasillo minutos antes de la inauguración de otra exposición.

Coda

-Álvaro, te deshaces como este fétido olvido… Álvaro, te visito por las tardes, detrás del vidrio furtivo, desde donde me protejo del creciente nazismo de una ciudad que lava su propia historia, como su riqueza.

Fotografías: ©Hugsh, 2009. ¿Ésta es la Sala de Exposiciones de la Cámara de Comercio de Bucaramanga?

viernes, 30 de enero de 2009

41 SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS, NUEVA CURADURÍA EN CALI


Artistas Antioqueños Frente al Salón Nacional

Como artistas de la Curaduría Confluencias. Arte-Ciudad, tuvimos la oportunidad de participar en el 41 Salón Nacional de Artistas en Cali, ante el cual nos permitimos expresar distintas opiniones, coincidiendo en muchas de nuestras apreciaciones individuales sobre ésta experiencia:

Una mirada general

El Salón Nacional de Artistas ha fundamentado a lo largo de varias décadas la posibilidad de dar cuenta de los procesos artísticos a nivel nacional, como parte de las políticas culturales del Estado. En sus últimas versiones ha sido necesario cuestionar los problemas que como institución ha enfrentado a través de su historia, por lo que la reinterpretación general que aporta ¡Urgente! en esta nueva versión del 2008, se hace en un primer momento interesante al posibilitar la apertura de nuevos horizontes que potencien este espacio, permitiendo la entrada de artistas, proyectos y procesos internacionales que enriquezcan los procesos desarrollados a nivel nacional, así como la difusión y promoción de los artistas locales que pueden ser vistos por curadores y artistas de otras esferas.

Pero, más allá de reconocer que la intencionalidad de la Nueva Curaduría está bien fundamentada, si a las Curadurías Regionales no se les da el mismo nivel y respeto, como sucedió en Cali, y si las condiciones de espacio, producción, promoción, recursos y montaje son totalmente diferentes para los unos y los otros, difícilmente se pueden realizar proyectos y presentar exposiciones que den cuenta a cabalidad del trabajo realizado en los Salones Regionales. Por ello, sin desconocer la trayectoria de los artistas nacionales e internacionales participantes en la Nueva Curaduría, no logramos, sin embargo, entender lo que pasó con las curadurías regionales, que quedaron totalmente minimizadas.

La estructura general del 41 Salón Nacional de Artistas en Cali presentó un carácter centralista, donde hubo un total y evidente desequilibrio entre el manejo y la disposición que se le dio a los Salones Regionales con respecto a la “Nueva Exposición” realizada por el Comité Curatorial de ¡Urgente!, que más que generar un diálogo horizontal entre la producción artística regional, nacional e internacional, presentó un “Gran Evento de Carácter Internacional” que excluía los diversos procesos de los Salones Regionales de Artistas iniciados durante el 2007. Podría pensarse que esta exclusión sería obvia, ya que difícilmente los Salones Regionales estarían a la “altura” de lo “mejor del arte contemporáneo” y “el arte más provocativo a nivel internacional”, como el texto curatorial de ¡Urgente! lo sugiere, llevándonos a preguntar: ¿Era el Salón Nacional el espacio indicado para excluir los Salones Regionales, base misma del evento que contaba con procesos investigativos iniciados por los menos 2 años antes?

Sólo observando el material impreso que produjo el Salón (las postales de invitación, el periódico ¡Urgente!, la Guía general, etc.), se hace evidente la invisibilización que sufrieron los Regionales, donde tan sólo los artistas de la Nueva Curaduría tuvieron la posibilidad de ser nombrados, mientras que, a manera de apéndice, se hizo referencia al título de cada Salón Regional y a su curador. Si a esto se suma la precariedad de los espacios asignados, la limitación presupuestal, el tardío inicio del montaje, la carencia de requerimientos mínimos para realizar un montaje sencillo (cintas doble faz, clavos, etc.), la situación se agrava, contrastando de forma radical con la Nueva Exposición que comenzó su producción y montaje por lo menos una semana antes, que contó con múltiples asistentes y disponibilidad de equipos; sin dejar de lado las bolsas de trabajo para los artistas invitados, la realización de algunas residencias artísticas y los generosos viáticos con que estos artistas contaron.

El caso concreto de la Curaduría Confluencias. Arte –Ciudad en ¡Urgente! Tanto la curaduría del Regional de Antioquia como los artistas hicieron un trabajo serio e intentaron presentar sus proyectos de la manera más apropiada, teniendo en cuenta el carácter del Salón Nacional de Artistas. En este sentido, a pesar de observar los primeros inconvenientes decidimos continuar, tratando de adaptarnos a las difíciles circunstancias, pero estas finalmente desbordaron las posibilidades de resolverlas:

El espacio asignado -el Museo de Arte Religioso-, no era un espacio adecuado para instalar las obras de 33 artistas, que finalmente se presentaron “hacinadas” (extraño señalar esto después de observar la infraestructura con la que contó el evento central, es decir, la Nueva Curaduría). Además el Museo en su condición de patrimonio histórico, no facilitaba el proceso de montaje (por los cuidados que había que tener con sus muros, techos y espacio en general que complicaba muchísimo el montaje de una muestra de arte contemporáneo), más aún cuando el tiempo que asignó la organización fue tan sólo de dos días para terminar de adecuar el espacio y realizar el trabajo museográfico.

La inmensa confusión en la producción, la logística y las comunicaciones del evento se reflejaron en los problemas que no se subsanaron para la apertura, en particular con equipos y plotters de presentación de cada sala -que aún no sabemos si se pusieron o no-. La ausencia de la persona encargada de la producción general del Salón Nacional, durante prácticamente todo el montaje de la Curaduría Confluencias. Arte-Ciudad, fue incomprensible, dado que su presencia en muchos momentos se hizo fundamental con miras a solucionar las dificultades que se presentaron. No obstante todas estas dificultades, resaltamos la labor de personas competentes y comprometidas como: Joao, Jonathan, Andrés, Daniela, Alexander y Giovanni, quienes con muy buena voluntad trataron de ayudarnos en todo lo que pudieron aunque los recursos y la cadena de las comunicaciones en todo el Salón Nacional fue muy complicada, y por lo tanto, llenar los huecos dejados por otras personas fue casi imposible. Asimismo, por la complejidad de todo el Salón, este equipo tenía que itinerar por muchas sedes.

Desde nuestra experiencia percibimos un escaso, por no decir nulo apoyo logístico para las intervenciones en espacio público, quedándonos sin saber si los encargados de coordinar esto en Cali informaron a las autoridades locales para la necesaria colaboración y seguridad de los artistas y de sus intervenciones, duda particularmente generada por lo ocurrido con la artista Laura Barrientos, quien tenía los permisos respectivos para la realización de su obra “Trapitos al sol” que fue tirada al Río Cali por la fuerza pública.

Por otro lado, el presupuesto al parecer no fue equitativamente invertido entre todas las curadurías y sus respectivos montajes, por lo cual sería muy importante, en aras de la transparencia, saber cómo se manejaron los recursos del evento que, creemos, evidenciaría el trasfondo real de todos los intereses que estuvieron en juego y a su vez demostraría la desorganización de este evento al cual se le quiso dar una gran envergadura internacional.

Los artistas participantes en la Curaduría Confluencias. Arte-Ciudad fuimos seleccionados con el riguroso criterio de la artista y curadora Gloria Posada, que obedeció a los lineamientos trazados en su investigación realizada desde años anteriores sobre las relaciones Arte-Ciudad. Consideramos que el Regional de Antioquia hizo una convocatoria amplia que incluyó artistas emergentes con obras y proyectos de factible realización, invitó artistas de trayectoria que han trabajado lo urbano desde hace 30 años, y asimismo, participaron universidades con curadurías autónomas, y todo se hizo con un sentido de respeto, equidad y diálogo, sin concesiones facilistas, generando un cruce y una confrontación real entre los artistas.

Respecto al debate generado sobre el Salón Nacional, nos unimos a lo dicho por Rafael Ortiz y preguntamos: ¿Fue acaso el 41 Salón Nacional de Artistas o la Primera Bienal de Cali? porque es aquí donde se evidencia el trasfondo político que tiene el evento, con miras a posicionar a Cali en el panorama internacional, interés válido para la ciudad, pero ¿de qué forma? El error de la Organización se manifiesta precisamente en la cuestión nominal, ya que no entendemos por qué continuó designándose como Salón Nacional de Artistas, si en realidad el único interés de su Comité Curatorial era el de promocionar de forma ambiciosa la Nueva Exposición, sin importar lo que sucediera con los Salones Regionales, que como ya lo hemos planteado era su base misma. Surgen nuevamente preguntas como ¿Tan sólo se conservó la denominación “Salón Nacional de Artistas” para acceder a unos dineros oficiales y a una plataforma institucional que permitiera difundir y gestionar el nuevo evento?

Creemos también que tanto los curadores como los artistas que participamos de los Salones Regionales cometimos un error: haber hecho parte de esa falacia denominada 41 Salón Nacional de Artistas, y validar su realización. Tal vez, nos dimos cuenta tarde porque ya nos encontrábamos en Cali y todo se nos presentó sobre la marcha, sin tiempo para detenernos a pensar y tomar otra decisión. No olvidemos también que a esa altura ya los curadores habían firmado contrato y de no haber participado estarían, con seguridad, enfrentando un problema legal.

En resumen, el 41 Salón Nacional de Artistas fue sumamente excluyente por parte de sus organizadores y directivos, donde vemos que este híbrido, Salón Nacional con invitados extranjeros, quedó sin digerir, se convirtió en un experimento fallido. Aunque es importante, como ya los hemos dicho, el diálogo con los artistas invitados, nacionales e internacionales, siempre y cuando exista una real confrontación e interlocución en igualdad de condiciones, que sea enriquecedora del proceso artístico tanto para Cali como para el resto del país, como estaba propuesto en las mesas redondas con los invitados, convocadas en el programa para el 20 y 21 de noviembre (“Mesas redondas con artistas invitados. Mayor información en http://www.urgentecali.org”), evento que nunca se realizó y que fue re-programado cuando los artistas y curadores ya habían viajado a sus respectivas ciudades. Finalmente, mesas redondas de las cuales se sigue excluyendo a los artistas y curadores de los Salones Regionales ¿O acaso se ha programado alguna mesa redonda con ellos?

Firman: Fernando Arroyave, Nadir Figueroa, Patricia Londoño, Albany Henao, John Mario Ortiz, Jonathan Carvajal, Luz María Piedrahita, Laura Barrientos, Mauricio Carmona, Lina Duque, Andrés Vélez, Sergio Giraldo.

Fotografías: ©Hugsh, 2009. 41 Salón Nacional de Artistas, Urgente Cali. Aspecto montaje Salón Regional, Zona Oriente, Curaduría Región Imaginada del Equipo Curatorial Coordillera.

Tomado de esferapublica: http://esferapublica.org/nfblog/?p=1508

lunes, 29 de diciembre de 2008

CALI ES CALI, 41 SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS





La Feria: Arte y Cultura, Definición o Simulación
Por Victor Hugo.

Frente al periodo que se avecina de ferias que se cruzan por las calles y los caminos del país, nos preguntamos: ¿Qué hay detrás de las ferias? Pan y circo para el pueblo, señalaba el emperador romano.

Nuevamente, es la presencia de las fuerzas del mercado, la tendencia global que intenta acelerar el consumo en medio de la actual recesión económica por la que atraviesa el mundo, y en especial, el país, que sigue inmerso en la exclusión paulatina de amplios sectores de la población y el marginamiento en el que diariamente crece la pobreza extrema, los altos niveles de necesidades básicas insatisfechas y un grupo humano flotante que habita en las calles, donde hace tránsito la desesperanza y la violencia.

Por otro lado, está la influencia del mercado sobre la cultura, a la hora de pensar en la Feria, no debería crear asombro alguno. Y es que, desde hace más de una década y bajo lo que llaman hoy, con mucha resonancia y soportado en los conceptos de la escuela del neoliberalismo económico: Responsabilidad Social Empresarial, intentan quedar en tablas, mientras esclavizan nos dan analgésicos para el dolor y emergen entre nuestras cenizas como los altruistas de buen corazón, emulando ejemplos como el de Teresa de Calcuta, que no hubiese sido posible sin la pobreza a la que condenan hasta los libros sagrados, porque resulta que hoy los pobres son necesarios, para el premio Nobel, las condecoraciones de la ONU y del Congreso de la República.

Pero esta concepción de la Responsabilidad Social Empresarial no es más que otro mecanismo comercial de las corporatoracia y conglomerados económicos, quienes recorren el país disputándose el territorio colombiano para ofrecerse como patrocinadores de las festividades populares, festivales, bienales y concursos, etc. De esta forma, estos emporios han sido los responsables de generar valores artísticos amarrados a la elasticidad de la oferta y la demanda; además, han impuesto los patrones de diversión y entretenimiento, y han creado estéticas que están definiendo, de alguna forma, la producción artística colombiana.

El Vallenato

Con sólo observar la industria fonográfica del país, podemos avizorar cómo se ha montado todo un sistema de explotación de ritmos musicales autóctonos, que, como el vallenato, creó una subcultura que, en la actualidad, está asociada a una estética que promueve una cosmovisión del mundo conformista y, en momentos, medio agónica de lo que significa el amor desde la perspectiva del hombre, que intenta vender sus afectos a partir de pobres y primarias metáforas.

Vallenato, que dicho sea de paso, ni siquiera alcanza a ser folclor, porque, según el Patronato de Artes y Ciencias del país, se define como folclórico cualquier manifestación cultural que se mantiene en el tiempo por un periodo de 100 años, y esta aún no los tiene.

De otro lado, el vallenato que se escucha en las ferias del país defiende una postura ideológica desde el establecimiento, su statu quo; pero también hay que recordar que hizo parte de las primeras bonanzas económicas del país: la marimbera, de la que gozó el Mandato Claro de Alfonso López Michelsen. El vallenato pasó de la vereda a los salones del jet-set criollo y alcanzó escenarios tan significativos como los de la Casa Blanca, la de Clinton y la de Bush, en el peor de los tiempos que ha vivido el mundo.

Sin embargo, en la actualidad, el vallenato se vende en las estaciones radiales asociado a la ranchera y los corridos mexicanos: “ranchenato” lo llaman, y esta tendencia musical expresa en toda su magnitud la barbarie que se pasea desde el Congreso de la República, la Casa de Nariño y por cuanto camino de vereda hay en el país, y que no es más que la manifestación de las historias de horror en las que estamos sumidos los colombianos por efectos del narcoparamilitarismo y el juego del poder.

Feria y Simulación

Frente a estas realidades, es claro que a los diferentes sectores económicos les interesa mantener dentro de su plut de caja un rubro específico para el apoyo, promoción y publicidad de las ferias del país, que por partida doble, les genera exención de impuestos, mercados y posicionamiento de marca, lo que se convierte en un negocio con mínimo riesgo y una tasa de retorno que multiplica exponencialmente cualquier inversión, en medio de una economía, que en los últimos siete años, creció sin generar un solo empleo estable, como lo muestran claramente las cifras macroeconómicas.

Por eso, la feria no es más que un mercado para el posicionamiento, la distribución y un mecanismo de marketing que está guiando los intereses de las grandes empresas, los medios de información privados, sectores privilegiados e institucionales, quienes se lucran de la alta rentabilidad, presentando los productos artísticos como un sello de marca, mientras que los mass media continúan leyendo el guion que desde las oficinas de prensa les diseñan las multinacionales y la Casa de Nariño.

Desde esta perspectiva, es fundamental abordar la realidad para explorar y reflexionar sobre cómo el mercado estructura, organiza y dirige la producción y el consumo de la cultura y el arte. De tal forma, que para ninguno es un secreto la influencia creciente de las nuevas tecnologías de la imagen y, por otro lado, del valor agregado de amplio margen de ganancia que deja el ejercicio creador y su producción cuando está inmersa en los mercados.

"Cali es Cali", la obra

Hoy prefiero a la Cali que es Cali, la de la salsa multitonal, bellamente soñadora, absolutamente propositiva a los cuatro vientos, donde se corean las ganas y no se disimula el sudor que provoca el aliento, donde se expresa la libertad de un baile que se despliega armónicamente en las figuras que intentan atrapar la sensualidad del espacio y jugar sin la simulación del que espera.

Por eso, prefiero a la Cali que es Cali, la de la salsa multitonal, y no a la Cali que amalgaman con el vallenato sinuoso, de pasos que se esconden detrás del cuerpo, que disimulan la cadencia y buscan la sensualidad de una música pobre en expresiones y sin diversidad alguna. Qué lástima que hasta en eso hayamos perdido la identidad, porque Cali era expresión de salsa, del Pacífico, y no el eclecticismo sonoro del vallenato comercial, que nada tiene que ver con nuestro folclor, sino que se propone como un mecanismo más de adiestramiento y una estética para el control social.

Prefiero a la Cali de Aguaelulo, de champús y pan de bono; la de Juanchito y sus casetas de guadua de los años 70, donde los niños iban a observar por las rendijas a los salsómanos para aprender nuevos pasos; la de Macumba, Padilla y Chango. Pero, también, la de Monca Monca, El Infierno y El Escondite. Esa que esperaba la rumba de los domingos en Agapito, El Pailón, Don José, Monterrey, Tropicana, La Playa y La Cita, esa que se reunía en la complicidad de la tarde en el Parque de La Caña. La Cali que enamora y donde las mujeres no son como las flores, sino que son las flores. Prefiero la ciudad a la que le canta Teo Ramos en sus calles, la que se resiste, la que no miente como El Occidente, la que no es conservadora ni esclavista, donde el Pacífico recuerda a sus ancestros porque en esa Cali es donde: “¡Que Viva la Música!”, la de las andanzas de Clarisolcita, la bella. No la del falso eclecticismo impuesto por los medios de información para garantizar su rating y los contratos de publicidad.

De ahí que, pan y circo para los colombianos en estas ferias, donde no es extraño encontrar a un apasionado del vallenato escuchando su música y echando tiros al aire, al tiempo que suenan sus corridos mexicanos. Esta cotidianidad habla mucho de la estética que le fabricaron a los colombianos las multinacionales de la cultura y la diversión, que hace eco en las emisoras del país.

Mientras que la obra "Cali es Cali" es la vigencia de una bella historia, la de la Familia Angulo. La instalación, que se exhibe en el 41 Salón “Nacional” de Artistas, es de la maestra Liliana Angulo, pero en el video son protagonistas los de la vieja guardia, nuestro último bastión que defiende la identidad: Leonor Moreno, madre de la artista, y Jhon Humberto Angulo, su hermano, quienes nos muestran la posibilidad no de recordar el pasado, sino de reivindicar este presente de que Cali es Cali.

A Ezequiel Romero (Cheque)
con quien disfruté escuchar salsa en Barrancabermeja, 
nuestro eterno bibliotecario y contador de historias, 
uno de los pocos que dejaron morir de viejo.

Liliana Angulo. Obra: Cali es Cali, 2008. Instalación, video, sonido y fotografía (Colegio la Sagrada Familia, calle 3 oeste No. 3-21, Cali). 

Fotografía: ©ArtistasZona, 2008, 41 Salón Nacional de Artistas.